Un elefante blanco en el fregadero del PSOE y de Podemos. Endosan a otros el franquismo heredado pero disfrutaron como privilegiados de todas sus ventajas

 

Cojamos un ejemplo, casi al azar. Aunque esta historia no es nueva y la lista es infinita, el caso de Griñán, hoy condenado por delitos muy graves, puede ilustrar muy bien que todo este guerracivilismo traído por los pelos (o por la coleta de un desalmado) y esta confrontación de la impostura izquierdista es una trampa pergeñada con mala fe y falsificación de la verdad para consumo casi exclusivo de una juventud desconocedora de la realidad y a la que por tanto cabe atufar con mentiras o para un pueblo en general olvidadizo que prefiere atender a sus prejuicios ideológicos y que concede verosimilitud a cualquier patraña que se ajuste al cliché preconcebido.

El caso conocido del ex secretario regional y ex presidente del PSOE, José Antonio Griñán, no es único y lo mismo servirían los antecedentes en la familia de Carmen Calvo, de Rodríguez Zapatero, de Sánchez Castejón, de Manuel Chaves, de Gaspar Zarrías y de una lista infinita que incluye, por supuesto, a los dirigentes actuales de IU y de Podemos, empezando por Pablo Iglesias y terminando por casi cualquiera de ellos.

El caso es que repetir todo esto nunca estará de más mientras en el Congreso y el Senado continúan interpretando esa escenificación ridícula y absurda en la que la izquierda atribuye a la oposición una herencia que a la Calvo, en su delirio, le traía a la mente los campos de concentración nazis, al irredento coletas le hace invocar de manera perenne el anti fascismo y al muy falsario Sánchez siempre se le descuelgan acusaciones hacia una presunta ultraderecha.

El resumen de toda esa impostura quedó recogido aquel día que José Antonio Griñán, presidente del Gobierno andaluz y luego presidente del PSOE expelió: “Nosotros, los socialistas, los que hemos sufrido la represión de la dictadura, no podemos permitir que la derecha gobierne en Andalucía”.

Y no había pasado mucho tiempo cuando su antecesor en ambos cargos, Manuel Chaves, eructó: “Tenemos que ganar, porque se lo debemos a nuestros padres y a nuestros abuelos, que lo pasaron muy mal durante el franquismo”. El padre de Chaves se llamaba Antonio Chaves Plá y era coronel de Artillería. Tenía la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco que le impuso el dictador en la Pascua Militar de 1973. No parece que ni él ni su familia estuvieran entre los que lo pasarían “muy mal durante el franquismo”.

De la exageración pasaron a la mentira y de la mentira hemos entrado directamente en el maremagnum de la falsificación masiva, no ya de la Historia anónima, genérica e innominada, sino de la simple realidad cotidiana y del presente mismo que cobrará cuerpo en la Ley de Memoria Democrática que se ha inventado la propia ministra Calvo Poyato.

Les parecerá mentira, pero no hace mucho tiempo, con Alfredo Pérez Rubalcaba aún de secretario general de los socialistas, formaba parte de la ejecutiva federal del PSOE Maru Menéndez, hija de Camilo Menéndez Vives, el capitán de navío que al tener noticia del golpe de Estado de Tejero el 23-F de 1981, se presentó en el Congreso perfectamente uniformado para ponerse a las órdenes de… lo que hiciera falta.

Y mejor no les detallo la dedicación perenne de toda la familia Griñán, incluido el padre, a narrar las carreras de caballos, el turf de jockeys y de hípica, en periódicos, revistas y hasta cadenas de TV, pues se pensarán ustedes que son una familia de pijos y cayetanos rodeados de exclusivas instalaciones para sibaritas ociosos.

En alguna ocasión, José Antonio Griñán habrá tenido noticias, por ejemplo, de un episodio que se conoció en su día como “fuga de Transmisiones”, que tuvo lugar el 21 de julio de 1936. Su tío abuelo, el comandante de Ingenieros del Regimiento de Transmisiones, Rafael Martínez Maldonado, hermano de su abuelo materno, José Francisco Martínez Maldonado, sobrevivió a aquel insólito episodio de la Guerra Civil española. Dicho regimiento abandonó el acuartelamiento de El Pardo ante el asedio de los republicanos y consiguió unirse a las tropas de Franco en las proximidades de La Granja, en Segovia.

Y también en la familia de su madre, Griñán a buen seguro conocía de la singladura de su tío, José Martínez Emperador, quien se decantó por la política y desempeñó importantes cargos durante la dictadura. Martínez Emperador, abogado de profesión, fue consejero nacional del Movimiento por Madrid y procurador en Cortes. Nombrado delegado nacional de Acción Docente del Movimiento en el tardofranquismo, también ejerció como vicesecretario general del Banco de Crédito Agrícola y jefe del servicio de Operaciones, además de ser consejero de la mutualidad de funcionarios del Ministerio de Agricultura.

¿Es delito, acaso, hurgar en las hemerotecas? Pronto lo será. Aunque nadie hace ni caso de la fantasmagórica advertencia orwelliana…

Tampoco nadie atiende cuando alguien señala que es urgente releer (o leer) la novela “1984”, de George Orwell, porque… ¿alguien recuerda cuál era uno de los principales trabajos en esa sociedad bajo la vigilancia del “Big Brother”, quien, por cierto, hablaba a sus súbditos a través de una pantalla?

No creerán en la capacidad profética de Orwell, pero la tarea constante y más inmensa de aquel personal lavado de cerebro consistía en gigantescos cuerpos de funcionarios dedicados a… ¿reescribir la Historia? ¡Nooooo! ¡¡Dedicados a reescribir lo consignado en las hemerotecas!! Simplemente.

En un mundo donde nadie piensa (bien sea por decreto, bajo coacciones, amenazas o campañitas mediáticas de desprestigio) no hace falta reescribir la Historia (que va a ser rasurada y pretende ser quemada como rastrojos), sino que basta con modificar lo que quedaba escrito en los periódicos.

Cuenta Orwell que si el Big Brother anunciaba un año que el objetivo de la producción nacional de cualquier cosa era alcanzar un millón de toneladas y luego fracasaban y sólo se llegaba a las cien toneladas, gabinetes enteros de escrupulosos funcionarios dedicarían su tiempo a revisar y reeditar los viejos periódicos corrigiendo ese dato, de manera que no quedaran dudas de que el Big Brother lo que dijo fue que se alcanzarían las cien toneladas y repetirían ahora la mentira hasta el infinito.

Y algo parecido será lo que ocurra con los planes de recuperación, resiliencia y no sé cuántas otras palabras volcadas sobre las ayudas de la UE para la catástrofe que han engendrado, que no permitirán que la realidad les desmienta y asistiremos a un enjuague, borrado o aclarado de las hemerotecas al modo en que Griñán o Chaves enunciaban sus embustes culpables y hoy repiten Sánchez, Ábalos, Lastra, Iglesias, Errejón o Monedero.

Algunos creen que Internet es un seguro de vida contra todo esto, pero se equivocan: es un elemento que ayuda aún más a la confusión, pues mucha gente instalada en sus ideas preconcebidas, en la corrección política o en el miedo al qué dirán, tenderán a considerar ‘leyendas urbanas’ o meras jugarretas anti sistema a quienes opinen en contrario de la idea dominante.

La soberbia humana les impedirá creer a nada ni a nadie que vaya en contra de lo que tenían instalado en su disco duro y nos costará demasiado esfuerzo desbrozar una pequeña verdad entre el follaje, tan difícil como encontrar la aguja en el pajar.

En su novela, relata Orwell que hurgar en las hemerotecas con otra intención que no fuese lograr silenciosamente que las promesas del Big Brother se convirtiesen en profecías autocumplidas, significaba un delito de alta traición y sus autores serían acosados, difamados, encerrados o desparecidos en algún lugar inerte del que jamás nadie guardaría memoria, otra vez bajo chantaje y extorsión… La nueva ley de Carmen Calvo pretende conseguir lo mismo con amenazas de multa y penas de cárcel.

La Historia no es ni buena ni mala, sino la que es. Y puede servirnos, a quien lo quiera, para estudiarla o, a lo máximo, para aprender de ella y evitar los mismos errores. Sin embargo, al Big Brother, sea del color político que sea (¿tienen color las tiranías, salvo el de la oscuridad más absoluta?), sólo le interesa la Historia para autojustificar su arbitrariedad y sus mentiras, de forma que le permita convertir la desmemoria colectiva en “Memoria Histórica” y transformar la desigualdad galopante de un Código Penal para los hombres y otro diferente para las mujeres en un llamado Ministerio de la Igualdad.

Orwell nos recuerda que en la sociedad del Big Brother, el Ministerio de la Guerra se llamaba Ministerio de la Paz y el Ministerio de Propaganda se denominaba ahora Ministerio de la Verdad… Y así todo. ¿No les suena acaso al Ministerio de la Igualdad que promueve la desigualdad ante la ley de hombres y mujeres con un Código Penal de autor, a la medida de cada sexo?

A lo menos que podemos aspirar es a que no nos mientan, al menos no de la forma tan descarada e inconsecuente en que lo hacen y es necesario juzgar los hechos de la Historia, pero sí mostrar las falsedades con la que algunos pretenden construir nuestro futuro.

No se trata de retocar los hechos, pero no puede ser que quienes dedican su vida a engañarnos puedan quedar impunes y cabe exigirles responsabilidad ante sus propias mentiras. Para no dejar que nos reescriban los periódicos y para no permitir que utilicen la Historia como arma arrojadiza contra quienes discrepan.

Hartos de estar hartos de tanta falsedad, resulta oportuno contrastar las continuas declaraciones y atribuciones de los dirigentes de la izquierda atribuyéndose una herencia que no les corresponde y endosándoles a otros lo que no les gusta, así que vale la pena recordar, aunque sólo sea como ejemplo, las palabras mencionadas de Chaves o de Griñán, aunque también de Iglesias o de Sánchez, para ponerlas justo en frente de la realidad de la Historia o al menos de las hemerotecas antes de que sean borradas del mapa de Internet por la ley mencionada de estos mentirosos y sectarios.

Valga esta nota de sociedad, publicada en el Diario ABC el 25 de marzo de 1944 (durante la fase más dura de la represión franquista y en plena era del hambre, piojos verdes y posguerra) sobre la boda de un (supongo) respetabilísimo señor llamado D. Octaviano Griñán, oficial de la Guardia personal de Franco, antes de concebir a un hijo tramposo y mentiroso que, andando el tiempo, llegaría a presidir el Gobierno de Andalucía, primero por designación ‘digital’ y luego, tras resultar derrotado en las urnas, sucedido por Susana Díaz, quien es capaz también de atisbar ultraderechistas debajo de las piedras sin ser capaz de ver un elefante blanco dentro de su propio fregadero.

Dos presidentes del PSOE. Dos mastodónticos falsarios… Big Brother… Puro Orwell.




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