Inés Arrimadas hunde los últimos restos del naufragio de Ciudadanos

Ha sido, por ahora, la última máscara de la política arrancada de un tirón por los acontecimientos, sobre todo desde los resultados electorales de Cataluña, donde a Ciudadanos apenas le ha quedado un mínimo resquicio en la política marginal de tercera o cuarta fila. Inés Arrimadas ya no es nadie  -es evidente-  ante el electorado de ninguna parte, ha cometido durante la pandemia demasiados errores dejando al descubierto una desmedida ambición personal. La moción de censura ahora en Murcia y sus besuqueos políticos con los socialistas son repugnantes para la ciudadanía. Le queda un partido descuartizado en la casa de los horrores en que ha convertido a Ciudadanos. 

Hasta Juan Marín, vicepresidente en la Junta de Andalucía, ha salido presto a colocarse junto al presidente Moreno, del PP, para blindar a su comunidad del alcance de las repeticiones en este seísmo de las mociones de censura.  

En Ciudadanos, salvo cuatro gatos ambiciosos como Inés Arrimadas (eso que llaman el núcleo duro, pero sin consistencia para nada) están que trinan con su presidenta, esa que ha perdido hace mucho el norte, desde los apoyos a Sánchez  -su homólogo en vanidades-  de las prórrogas del confinamiento domiciliario que ha dado como resultado  -más que un virus-  una cifra escalofriante de parados, redondeada en cuatro millones que en realidad son muchos más si se calcula con ERTES y ayudas para autónomos. 

La semana va a cerrarse (si eso es posible con salideros de una detestable política por todas partes), va a cerrarse decimos con el cortafuegos de García Egea en Murcia, dinamitando el triunfo de la moción de censura contra el PP y su hegemonía allí de 26 años. 

Arrimadas está ya como si fuera un verso suelto de Manuel Alejandro, “cuando supe toda la verdad, señora…”. Cuando se supo esta semana toda la verdad  de una líder que no lidera, desesperada por agarrarse al filo de una cornisa que sabe que la va a precipitar al vacío, con encuestas sobre la Comunidad de Madrid donde en los presumibles repartos del poder ya no figura  -por culpa de la figurona-  el color naranja de Ciudadanos. Arrimadas ha dado su último y definitivo cante, el que se oye por todas partes, por toda la España que ella no ha parado de traicionar: “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo…”. 




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