El comunismo aplasta al PSOE en Madrid, que no reacciona ante la derrota histórica sufrida
Como un boxeador sonado, arremete y expulsa a dos históricos dirigentes, Leguina y Nicolás Redondo

Los españoles debieran estar muy preocupados con los resultados obtenidos en las elecciones del pasado 4-M, pero más aún en el PSOE, ya que, por primera vez que se recuerde en la Historia, el comunismo ha batido al Partido Socialista y lo ha hecho con amplio margen, casi 300.000 votos más que ellos sólo sumando los votos de Más Madrid (614.660 votos) y de Unidas Podemos (261.010 votos), lo que arroja una cifra total de 875.670 votos frente a los 610.190 votos del PSOE de Ángel Gabilondo.

Más Madrid, con Mónica García de cartel pero con Íñigo Errejón en la sala de máquinas, y Unidas Podemos, con el falso mascarón de proa de Pablo Iglesias, un solo perro con dos collares, han obtenido casi un 50% más de votos que el PSOE sanchista y 10 diputados más que los socialistas, lo que supone una hecatombe histórica para el partido de Pedro Sánchez.

Incluso por separado, los comunistas de Más Madrid han vencido en número de votos a la candidatura socialista (4.500 votos más) y ha igualado su número de escaños, alcanzado así lo que en la terminología política se denomina el “sorpasso”.

Nadie duda que en tiempos de Rubalcaba o de Felipe González y Alfonso Guerra, tan contundente derrota del PSOE habría supuesto una hecatombe dentro del partido y no pocas voces habrían exigido la dimisión de la ejecutiva federal al completo con su secretario general a la cabeza, no sólo a los responsables madrileños. Tanto más en este caso cuanto que el propio Sánchez asumió estas elecciones a modo de un plebiscito y puso al frente de la maquinaria de campaña de Gabilondo a su mago Tralará, el célebre Iván Redondo.

Hasta la fecha, una victoria tan aplastante de dos fuerzas comunistas sobre el PSOE habría parecido impensable y desde el inicio de la transición democrática los socialistas siempre mantuvieron el recelo extremo hacia los partidos comunistas, a los que consideraron siempre su principal y más peligroso adversario político, porque sus líderes fueron conscientes desde los acontecimiento de la II República de que en esa deriva de la demagogia populista, el comunismo no tenía rival y los líderes del PSOE siempre terminarían fagocitados, como ya les ocurriera a dirigentes tan significados como Francisco Largo Caballero, Juan Negrín e Indalecio Prieto, pues los tres acabaron implicados y enredados en distinto grado en aquella vorágine de excesos reivindicativos, revolucionarios y amenazadores que condujeron a la guerra civil.

Es tanto el desbordamiento y el alivio que muchos han sentido con la victoria de Isabel Díaz Ayuso, que parecen haber pasado por alto la grave derrota sufrida en las filas del PSOE, pero no tanto a manos de la candidata del PP o de la suma de las dos fuerzas de centro y derecha, que estaba amortizada desde antes del comienzo de la campaña y desde hace más de 20 años (los que hace que no gobierna en la Comunidad de Madrid), sino, sobre todo, a manos del comunismo, su verdadero demonio durante los primeros 40 años de democracia.

Nada, en cambio, parece haber hecho reaccionar a nadie en el PSOE, como si en lugar de sangre corriera en estos momentos horchata por sus venas.

Que nadie en el PSOE haya alzado todavía la voz ante tan flagrante destrozo como consecuencia del blanqueamiento desnortado que en este año y medio de gobierno ha realizado Pedro Sánchez de las fuerzas comunistas, a las que ha necesitado hasta ahora para sostenerse en el poder, sólo infunde aún mayor temor sobre el futuro que se le avecina al PSOE y también a España. Algunos piensan dentro del partido que si en sólo año y medio los comunistas les han pasado por encima, en otro tiempo equivalente y con la grave crisis que la sociedad tiene que afrontar, podrían verse reducidos a la categoría de comparsas.

Lejos de advertir el peligro incandescente que en otro tiempo habría supuesto para los dirigentes socialistas un resultado como este, el entorno de la burbuja de Pedro Sánchez parece haberse despeñado en la retórica guerracivilista y anti sistema de personajes como Pablo Iglesias abusando de toda la palabrería inflacionaria e hiperbólica sobre presuntas “amenazas fascistas” o “nazis” y claudicando ante las veleidades anti monárquicas y otras excentricidades más propias del comunismo.

Lejos de reaccionar ante esta debacle del PSOE frente al comunismo, la dirección actual, actuando como un boxeador sonado, ha decidido esta misma tarde abrir expediente de expulsión de dos socialistas históricos, Joaquín Leguina, ex secretario del Psoe madrileño y ex presidente de la Comunidad de Madrid entre 1983 y 1995, y contra el ex secretario de los socialistas vascos e hijo del histórico dirigente de la UGT del mismo nombre, Nicolás Redondo. El primero de ellos defendió que otorgar su apoyo a la candidatura de Díaz Ayuso era la opción menos mala y el segundo ha defendido que el psoe debe recuperar con urgencia un espacio de centro izquierda.




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3 Comments

  1. Victor Fernandez dice:

    ¡Excelente artículo!

  2. Pepe Fuertes dice:

    Arenzana mira donde nadie, ni el PSOE, mira. Es un inteligente observador con una admirable visión histórica.

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