Unión y coraje de España en la multitudinaria manifestación de Vox en Sevilla

Un impresionante paisaje de banderas nacionales ha sacudido Sevilla cuando más de 6.000 vehículos cruzaban el eje central de la manifestación convocada por el partido demócrata Vox contra el Gobierno, pidiendo su dimisión en pleno y demandando al presidente Sánchez que se vaya. Desde la altura del estadio bético Benito Villamarín hasta el Puente de la Barqueta, todo ha sido un incesante “clamor” de bocinas de los coches, vitoreados y aplaudidos a su paso por cientos de personas que a pie y desde las aceras de las avenidas se sentían unidos y partícipes de la convocatoria.

 El largo trayecto de la caravana en coches apenas si podía contener el tránsito de más de 6.000 vehículos cuyos ocupantes ondeaban por las ventanillas las banderas de España, cubrían incluso con extensas enseñas nacionales las cubiertas de sus vehículos, y gritaban vivas a la nación y a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

A partir de las doce el extenso itinerario se iba convirtiendo al largo reguero interminable del patriotismo. Eran ya cerca de las dos de la tarde y aún estaban saliendo coches de los alrededores del campo del Betis para incorporarse a la caravana, que seguía el trayecto marcado por la organización: la Avenida de la Palmera, los paseos de las Delicias y el de Colón, y las calles Arjona y Torneo, a cuyo fin se sitúa el puente de la Barqueta, en la embocadura que da a la Glorieta de la Duquesa de Alba. Además de coches, también han formado parte de la caravana cientos de motos, contabilizadas en más de quinientas.

Ha sido una especie de gran espectáculo de la indignación de miles de sevillanos pidiendo la dimisión de un Gobierno responsable de haber mentido al país hasta la saciedad en unas circunstancias gravísimas, ajeno a su propia responsabilidad de haber ocasionado cerca de treinta muertos, por haber ocultado los informes y las serias advertencias que poseía sobre la pandemia con tal de favorecer ideológicamente las manifestaciones feministas del 8 de marzo, en las que participaron por toda España, codo con codo, cientos de miles de personas mientras se estaban produciendo los primeros contagios.

Pero también  se ha incluido en el contenido de las protestas en Sevilla y por todas las grandes capitales españolas  -hoy desbordadas por esta gigantesca reivindicación patriótica-, el alargamiento innecesario del estado de alarma, puesto en duda sobre su constitucionalidad por muchos y relevantes juristas, que lo han calificado de un estado de excepción encubierto. Un estado de alarma que ha servido de cobertura y caballo de Troya para que el Gobierno comunista aprovechase su suerte de cara destruyendo miles de empleos y la economía nacional, secuestrando a la democracia española por la vía dictatorial del confinamiento, persiguiendo situarla en paupérrimos parámetros venezolanos.

La vicepresidenta de Vox y diputada nacional por Sevilla, Reyes Romero, ha declarado que la caravana ha sido un “éxito rotundo” en Sevilla, sin tener que lamentar incidentes, desarrollándose con absoluta normalidad y un ambiente bien trabado de repulsa al Gobierno comunista y festividad del más profundo sentimiento de lo español. Ha destacado que la marcha ha sido todo un “ejemplo de civismo” de los miles de sevillanos que han participado en la caravana o sumándose al paso de la misma desde las aceras. Lejos de haberse tenido problemas con la Policía Nacional y demás Fuerzas de Seguridad, que en todo momento han observado el cumplimiento de los manifestantes respecto de las medidas sanitarias, recibían constante aplauso, el homenaje y los vítores de miles de personas que les reconocían su valioso papel en la defensa del orden en España.

 

 

 

 

 




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