Una arquitecto bilbaína descubre en un precioso hilo de Twitter la vinculación de Sevilla con el Dogma de la Inmaculada (Nerealiza1)

“Nacida en Bilbao, vivo en Sevilla. Arquitecto. Vive y deja vivir. Anarquista y todo lo que signifique LIBERTAD”… Con este perfil y el sobrenombre (nick) de Nerealiza1 se presenta a sí misma en Twitter y a menudo reconstruye mediante “hilos” en esa red social temas de interés histórico muy atractivos y bien documentados.

A veces, como en esta ocasión, son hilos densos, largos, pero bien sintetizados, que condensan hermosas historias vinculadas a menudo con nuestra ciudad.

Confiesa que antes de venir a vivir a Sevilla no conocía nada de la vinculación de la ciudad con el Dogma de la Inmaculada Concepción de María, así que a su sorpresa, tan virginal como una Inmaculada de Murillo, añade su particular asombro por los muchos secretos históricos y culturales que encierra nuestra ciudad. Así de bien lo ha comprimido en meros trazos, tuit a tuit…

“Llegando al puente de la Inmaculada ¿Desde cuándo sabéis q durante siglos, pero especialmente en el XVI, se debatió con vehemencia en todo el orbe católico y, especialmente, en las calles de Sevilla sobre si la Virgen María fue concebida CON o SIN pecado original?

Pues sí, queridos: hubo una época (o más de una) en la que estos elevados temas teológicos estaban a pie de calle, y la gente los discutía con pasión, y defendía una u otra postura como ahora defendemos el liberalismo o el socialismo, el Sevilla o el Betis.

La controversia inmaculista vivió en el siglo XVII su momento de máximo fervor. Contrarreforma y Barroco, favorecen el desarrollo de la ciencia eclesiástica española de este periodo Se multiplican las cátedras universitarias y conventuales

El aspecto religioso y teológico asoma en la inmensa producción literaria y artística de esa etapa, que impregna la vida entera de la sociedad como ahora lo hace la política. No sólo participan adiestrados teólogos: se extiende a todas las capas de la sociedad.

España fue la encargada de promover el dogma. A la cabeza Felipe III y Felipe IV, que ponen en marcha varias embajadas extraordinarias ante el Santo Padre con el fin de obtener la definición dogmática del misterio. Sin éxito hasta 150 años después.

Aunque los inicios de la controversia debemos buscarlos en los albores del siglo XII en la discusión iniciada por S Anselmo, que defiende la Concepción Inmaculada de la Virgen frente al cisterciense S Bernardo, que comparte la opinión contraria según los postulados de S Agustín

 

 

… y los seguidores de ambos, lo cierto es que la controversia se mantuvo durante siglos en las altas esferas de las cátedras de teología

Hasta que la Reforma y la Contrarreforma hacen que la teología entre en la vida cotidiana de la gente. Igual que ahora, que todos sabemos de epidemias. Pongámonos en esa Sevilla del siglo XVII, con esa misa mayor abarrotada

Al contrario de los franciscanos y jesuitas, acérrimos defensores del dogma concepcionista, los dominicos, la Orden de los Frailes Predicadores, se opusieron rotundamente a la concepción inmaculada de María….

Pero, antes que nada, voy a explicar en qué consiste el dogma: Los defensores de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, sostienen que ella fue la única persona de toda la Humanidad que quedó libre del Pecado Original desde el mismo momento de su concepción.

¿Por qué lo defienden? Porque sostienen que hubiera sido intolerable que el Hijo de Dios permaneciera nueve meses en un vientre manchado de pecado. Por lo tanto Dios hizo el milagro de que su madre se viera libre de él. Por eso, en las representaciones se la ve pisando al diablo

 

 

Así, en la Sevilla de 1613, cuando la Iglesia y el mundo debatían si se debía proclamar el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, en Sevilla la fiesta llevaba ya siglos celebrándose desde 1369, incluso puede que con anterioridad a esta fecha.

En Santiago de Compostela se celebraba desde 1273, en Córdoba desde 1350 Pero los dominicos del convento de Regina Angelorum de Sevilla mantenían la postura contraria a la proclamación del dogma.

Durante el sermón de la fiesta de la Natividad de la Virgen, el 8-sep-1613, el prior se atrevió a afirmar que la Virgen María no había sido concebida sin pecado original, sino que “había sido concebida como vvmm y como yo, y como el mismísimo Martín Lutero

Y el pueblo sencillo se amotinó. En pocos días estalló una revuelta popular. Los sevillanos sintieron como suya aquella cuestión teológica y dejaron clara su postura echándose a la calle…

Por toda Sevilla se organizaban jornadas de desbordante fervor mariano, se veían procesiones de desagravio, largos cortejos de fieles precedidos por un estandarte con la efigie de María Virgen (los “Simpecados”), aparecieron numerosas pintadas alusivas en las paredes.

Se hicieron populares unas coplas tales como ésta: “Aunque no quiera Molina, ni los frailes de Regina, ni su padre provincial… Todo el mundo en general diga que sois concebida sin pecado original”.

Entre 1615 y 1622, la ciudad se convirtió en el escenario privilegiado de un fenómeno singular, como fue el de la transformación de una cuestión teológica limitada en principio a las disputas de escuela en un problema social y político

Un movimiento de masas provocado por el triunfo de una estrategia que logró identificar la devoción con una creencia compartida que superaba las barreras sociales y se elevaba a la categoría de sentimiento de pertenencia comunitaria, según profesor de la Hispalense JA Ollero

la pugna religiosa llegó a registrar en Sevilla episodios de violencia entre los partidarios de la doctrina -franciscanos y jesuitas, principalmente- y sus detractores, los dominicos del convento de Regina Angelorum.

Los frailes fueron acusados de insultar y agredir a todos aquellos que celebraban la Concepción, de quemar grabados e imágenes de la Inmaculada y hasta de ordenar que se pintara una contraimagen del misterio, una Virgen Maculada.

En esta iconografía, que lógicamente no prosperó, la Madre de Dios aparecía rodeada por la cadena del pecado original. El choque fue sabiamente instrumentalizado por el arzobispo Pedro de Castro y sus partidarios, que consiguieron encender el fervor en Sevilla.

Mientras los dominicos atacaban a María, las fiestas en favor del misterio se multiplicaron y los panfletos y los grabados inundaron las calles.

Miguel Cid ideó entonces la famosa copla Todo el mundo en general, que se convertiría en el himno cantado por toda la ciudad como muestra de apoyo a la causa de la Virgen.

Cofradías, corporaciones y conventos encargaron cuadros y esculturas de María Inmaculada y, por primera vez, se expuso públicamente una imagen de la Concepción. El lugar elegido: la fachada de la Catedral.

Debido a los tumultos callejeros, el arzobispo de Sevilla reclamó a Felipe III una toma de posición sobre la polémica. Además, le envío un formidable cuadro de Juan de Roelas que mostraba las bases teológicas de la Concepción Inmaculada.

 

 

La devoción popular llegó a gestos archiconocidos en la ciudad como el de Fernando de Molina, Hermano Mayor y Pedro Francisco Moreno, Alcalde, siendo negros libres, se vendieron como esclavos para sufragar los gastos de culto a la Virgen en 1615 en desagravio.

Recibieron para la Virgen 80 pesos de limosna más 120 que prestó Gerónimo Rodríguez de Morales sobre sus cartas de libertad. Hoy figuran en la nomina de hermanos como los números uno y dos respectivamente, ocupando el número tres el hermano vivo más antiguo.

Una de las claves de la inmensa popularidad de esta devoción fue, sin duda, la iconografía. Francisco Pacheco la definió a principios del XVI, pero fue Murillo con su descomunal genio, quien la fijó definitivamente como hoy la conocemos, con La Colosal.

 

 

Con ella, Murillo establece un nuevo prototipo iconográfico y viste a María con túnica blanca y manto azul, en composiciones de gran dinamismo, caracterizadas por un resplandeciente fondo dorado y el acompañamiento de una gloria de ángeles revoloteando.

 

 

Recibe el nombre de la Colosal por sus enormes proporciones ya que se pintó para ser colocada sobre el arco de la capilla mayor, a gran altura y distancia del espectador.

Con las manos unidas la Virgen dirige la mirada hacia abajo acentuando la sensación de profundidad de quien la contempla. La movilidad espacial de carácter barroco se consigue a través de 2 diagonales: la luna con la nube y los ángeles y la que forma el vuelo del manto.

 

 

Murillo pintó esta obra por encargo de los franciscanos, grandes defensores de la devoción a la Inmaculada Concepción de María desde la Edad Media, realmente barata y de estas características tan marcadas para hacerse un hueco en el disputado mercado de arte de la ciudad.

Después, recibió innumerables encargos en los que fue perfeccionando y dulcificando la representación”.

 

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