Toros en Sevilla: El Domingo de Resurrección también es Semana Santa…
Orejitas para Castella y Roca Rey en una tarde más de perros que de toros. Morante, silenciado, ofreció uno de sus detalles eternos.

El estreno del abono taurino de 2024 en Sevilla, el Domingo de Resurrección, fue a tono con lo vivido en los días de la Semana Santa que ya se acaba. Lluvia, petición de demora en el inicio (para recomponer el ruedo, fueron al final 40 minutos) y valentía para salir (que no, en este taurino caso, imprudencia) en una tarde fría, desapacible y en la que sería difícil que los cuerpos entrasen en caja lo suficiente como para disfrutar plenamente de la fiesta.
Pero si está Morante en el cartel siempre hay que ir. Porque es el único capaz de cambiar las tornas y que el goce del personal supere lo a disgusto que se estaba en la plaza.
Pero para eso, claro, hacen falta toros. Y la corrida que mandó Matilla (vulgo “Hnos García Jiménez-Olga Jiménez”) a la Maestranza no dieron la talla, haciendo que la tarde se volviera aún más desapacible entre desrazados, descastados, mansos, sin fuerza y no diremos “desalmados” porque podría ser un piropo, mejor “sin alma”.

Imponente primer toro para Morante. Al final, sólo fachada.

Y Morante se llevó lo peor. El primero era de imponente estampa. Sardo, parecía que le había caído la lluvia de barro del Domingo de Ramos. Dos lances y se fue a la puerta uniendo su mansedumbre a la falta de fuerzas mostrada no más salir. Embestía poco y cuando lo hacía, de forma desigual. Recibió un pinchazo y un bajonazo antes del arrastre.
El cuarto, también manso, dejó que el de la Puebla diera algún muletazo -excesivamente jaleado- y cuando parecía que podría pasar algo, se cayó. Fin.
Lo único que tuvieron en común las dos orejas es que fueron facilonas.
Castella aprovechó el buen pitón izquierdo del segundo -el toro más feo de todos- para dar buenas tandas. Su disposición y, sobre todo, su depurada técnica, crearon una faena agradable pero pifiada al final, cuando quiso abrocharla con unos naturales de frente, pero el toro necesitaba un espacio que ya no era capaz de recorrer y acabó ahogándolo. Buena estocada y primer trofeo de la temporada.
La tarde estaba tan mal que hasta este cronista estaba deseando que saliera Roca Rey. Y no estuvo mal, pero cometió un gran fallo: apretar tanto a un toro necesitado de cuidados que llegó al final reventado. El animal, sobrero de Olga Jiménez, se colaba por el lado derecho y tenía poca fuerza, pero cierta clase y condición: pronto, buena embestida, movilidad… Dio tres buenas series por la derecha, la última citando de lejos y con un bonito remate zurdo con dos trincherillas, una de ellas casi circular. Ahí acabó de destrozar al animal, así que poco se pudo ver por la izquierda y menos aún tras cambiar la espada, cuando trasteó sin que el toro pudiera ya responder. Quiso seguir, pero no había guita que estirar.
Un detalle en este toro, tal vez el mejor de la tarde: No había forma de pararlo tras el tercio de banderillas y Morante lo hizo rematando con una larga mientras se metía en el burladero, todo naturalidad, improvisación y sapiencia. Fue como un quite de regalo en el que se acabó de ver cómo era este tercero de la tarde.
Hubo un quinto que no aportó nada y un sexto, sobrero del segundo sobrero, que menos aún. El personal estaba deseando irse a casa a poner el brasero y sentirse a gusto por primera vez en una tarde más larga que demasido larga.
Un cosita más: los soberbios pares de banderillas de Curro Javier al primero y de Joao Ferreira al cuarto, este último en su estreno en Sevilla con Morante de la Puebla.
El domingo que viene, más toros en la Plaza de la Real Maestranza de Sevilla.




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