Todos sin coches, excepto los vehículos oficiales

Tras la celebración del día sin coches, salta a la vista y ante los edificios públicos que a nuestros políticos les va la demagogia. En claro contraste con la criminalización que desde el Estado y los ayuntamientos se viene haciendo del uso de los automóviles privados, la clase política sin embargo no renuncia a su privilegio de desplazarse en coche, además de asegurarse con placas bien visibles y de prohibición para el resto de los ciudadanos aquellos lugares en los que ellos gozan de la ventaja de aparcar sin problemas. Por Sevilla en concreto, se extienden por toda la ciudad las señales de la excepción para los vehículos oficiales.

Lo de los inconvenientes de usar el coche parece no ir con los políticos ni los representantes de entidades públicas. Lo del día sin coches y la criminalización del uso de los vehículos privados es por lo visto para los demás, para el resto de los sufridos ciudadanos que quedan fuera del privilegiado status de la clase política. Lo demuestran las placas que por toda la ciudad señalizan la excepción de los vehículos oficiales para poder aparcar sin problemas, impidiendo que con tal privilegio lo puedan hacer los demás, aquellos que buscan, a veces desesperadamente y durante horas, un sitio donde poder estacionar. En muchas ocasiones, es un sitio de imperiosa necesidad por motivos de trabajo. Que se lo cuenten a las empresas de mensajerías y a los mensajeros, siempre al borde del infarto.

En el caso de Sevilla, Juan Espadas, el alcalde, está llevando a la ciudad a unos extremos que circular por ella se está volviendo insoportable. Su obsesión constante por ampliar las peatonalizaciones  -falsas por otra parte según los sevillanos, que lo tienen por el alcalde de las ficciones-  alcanza grados de auténtica lesión del derecho a conducir. No parece concebir que en democracia debe entenderse como  fundamental la capacidad de todo el mundo para elegir alternativas. Da la impresión de que se ha propuesto crear la dictadura del transporte público y la de las bicicletas. Y por supuesto también parece olvidar que se paga anualmente el impuesto de circulación, bastante cuantioso por cierto. La ciudadanía empieza ya a preguntarse ¿para qué sirve ese impuesto, además de satisfacer a la voracidad recaudatoria del Ayuntamiento de Sevilla?

Mientras tanto, Espadas, muy en consonancia con Pedro Sánchez  -que hasta en la ONU proclamará hoy lunes soflamas sobre el cambio climático-, se apunta y apresura con las firmas que hagan falta para detener un presumible y urgente calentamiento global con el que tantos expertos no están de acuerdo en su inminencia. Algunos de ellos advierten de una emboscada internacional que está inventando el negocio político del siglo, para acabar gravando a los ciudadanos sobre una posibilidad incierta y manipulada.

Espadas, como su clase política más afín, estará muy preocupada con el cambio climático y el medio ambiente, pero esa preocupación resulta del todo incongruente que no se deje sentir por el borde de las aceras de Sevilla en el uso de los vehículos oficiales, incapaces de dar ejemplo renunciando si no a su circulación, sí al menos al privilegio de reservarse hasta los aparcamientos… por supuesto que gratis y sin zona azul.

 

Imágenes de Sevilla.




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