SOS de la hostelería sevillana ahogada por las restricciones de los políticos 

A las 11 de esta mañana la hostelería de Sevilla se ha concentrado en la Plaza Nueva para que llegue hasta las administraciones su grito de socorro. Quieren hacerse oír a la desesperada. Ya no pueden más. Las restricciones soportadas por las normas restrictivas que les obligan a enormes limitaciones en el desempeño de su trabajo, condenan al fracaso comercial a un sector amplísimo y muy importante, de una decisiva influencia en la respiración normal de la economía. No cabe duda de que toda la ciudadanía, desde cualquiera de sus posiciones, no traga ya con la idea de que las graves lesiones del tejido social estén causadas exclusivamente por una pandemia, sino por la alocada, improvisada y torpe gestión de unos políticos lamentables e inútiles: los peores para las peores circunstancias. 

La Asociación de Hosteleros de Sevilla se ha concentrado en la Plaza Nueva bajo el lema #SalvemosLaHostelería. Miles de personas han acudido a la llamada central de sus representantes para demandar a las administraciones públicas la ayuda de carácter urgente que necesitan.  Con mascarillas en las que habían estampado la inscripción de esta convocatoria, con enormes pancartas reivindicativas y testimoniales de su delicada situación, e incluso con mesas evocadoras de los ágapes de sus maltrechas e inexistentes celebraciones de eventos o bodas, los participantes han hecho saber  -una vez más y al filo del precipicio económico- que con las medidas sanitarias incidentes en su sector, no hay quien salga adelante. 

Los políticos los han empujado a la asfixia, con unas impresentables normas que no pueden conducir más que al fracaso. Es como si al abrir un negocio hostelero, forzosamente no pudiera tener éxito entre el público. Las medidas de los ineptos políticos del momento están pensadas  -si es que eso es pensar-  para que un local pueda mantenerse entrando “cuatro gatos”. 

El presidente de la Asociación de Hosteleros de Sevilla, Antonio Luque, intenta defender al amplio sector de las celebraciones, el ocio nocturno y el catering, con veintidós peticiones que recogen las necesidades de extrema urgencia que deben atenderse ya, sin demora.

El choque frontal entre sanidad y economía no puede solucionarse con más prohibiciones de actividades, con cierre de terrazas, limitaciones horarias y de aforo, etc.  Si no se asumen riesgos, sólo les espera la ruina y los cierres definitivos. 

Los hosteleros han dejado muy claro en la concentración que más que ayudas, lo que exigen es que les dejen hacer su trabajo, que los políticos no les recorten más derechos fundamentales, por otra parte reconocidos constitucionalmente. El Gobierno central, la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Sevilla, según la opinión pública más extendida, no cesan de cometer abusos que a diario se elevan a consideración de los tribunales de Justicia. 

Los frentes de sus reclamaciones son principalmente tres: 

Al Ayuntamiento de Sevilla le piden la exención de pagar las tasas por veladores y por basuras durante el tiempo que abarque la pandemia.

A la Junta de Andalucía,  que se haga cargo del coste que corresponde a los empresarios, la parte proporcional, de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que van a renovarse en empresas del sector para mantenerse hasta final de año.

Y al Gobierno central también esta petición, además de ayudas directas y rebajas fiscales para los negocios de la zona monumental de Sevilla, caída en picado por la falta de turismo.

De los participantes en la concentración salió la voz de uno de ellos (de quien nadie entendía por qué portaba en tal ocasión una bandera gay), clamando para que se hablara de los trabajadores, no sólo de los empresarios, a los que calificó poco menos que de cómplices con las administraciones. Pero de inmediato fue respondido por quien el representante que en esos momentos se dirigía a todos desde la escalinata de la estatua de San Fernando. Le dijo que para los empresarios los trabajadores eran sentidos como su segunda familia, que no lo olvidara, tanto que muchos empresarios les están pagando los sueldos porque los ERTE no llegan de verdad. Se produjo entonces una gran ovación de los concentrados.

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