Sin salir la Virgen de los Reyes, Ramitos hará posible que vuelva a ser la mañana de los nardos 

Hoy la mañana es un fajo de viejas imágenes apretadas por un tiempo ido. Se agolpan los recuerdos. En una mano cabe la vida y la otra la va recordando. José Ramos ha sacado de un menudo cajón el puñado de fotos de los recuerdos que alcanzan hasta los días de su abuelo, Manuel Ramos, el que empezó a perfumar con nardos la hora temprana de cada 15 de agosto en Sevilla.  

Sobre la misma mesa donde a diario se posan las flores, donde se les corta el tallo que mide el largo de las sorpresas, allí donde se las adorna con el lazo que envuelve amores,  su nieto José ha dejado en descanso el taco abultado de las añoranzas de este raro 15 de agosto en el que la Virgen no sale, pero en el que no van a faltarle los nardos de Ramitos. 

Hoy el tiempo huele y duele. Huele a más de ochenta años y también duele en más de ochenta. Hoy es, más que nunca, el duradero y penetrante perfume de una hermosa historia de floristas de Sevilla, los que mejor escribieron siempre la fragancia de la Salve, Madre, en la tierra de mis amores… Es ese perfume de los nardos que Ramitos hace alzar para los cantos que la saludan.

La vida está hoy sobre la mesa de una tienda, como un museo, en el número 2 de la calle José Gestoso. La vida está hoy a punto de cortarse por cualquier parte de esa baraja laminada de nostalgias, en las antiguas fotos con dientes que parecen cartas marcadas de emociones. ¿Es que sería posible vivir sin sentirlas en Sevilla, la ciudad de la emoción? Aquí nacemos con un pañuelo entre pañales, para tantas veces que a lo largo y ancho de ser sevillanos nos va a hacer falta para sujetar lágrimas.

José y Manuel recuerdan:  

“Empezó a trabajar con mi padre mi hermano Manuel, que lo acompañaba a ver cómo era su trabajo. La idea de que trabajásemos con mi padre la tuvo él mismo”.  

“Con ocho años  -rememora Manuel- ya me llevaba mi padre a La Macarena todos los sábados, a la Sabatina, donde se le ponían a la Virgen los ramos en jarrones de cristal. Eran los años del inolvidable capiller Abelardo Barranco. Y a los diez años ya me llevaba mi padre a la Virgen de los Reyes. Primero le sacaba puntita al verde y adornaba los frisos, y poco a poco se iba uno animando, fijándome mucho en lo que hacían los demás. Nunca tuve un conflicto con los estudios. Yo estaba estudiando administrativo y como estaba viniendo aquí constantemente (porque desde los 12 años yo venía siempre en Semana Santa), cuando terminé administrativo ya me vine a trabajar con él. Desde los 14 años ya iba a todos los pasos por las noches. Me gustaba y me quedé”.

Dicen que “un florista aprende todos los días. Por más que creas que ya lo sabes todo, siempre sigues aprendiendo algo nuevo, lo cual también sucede al relacionarte con otros floristas. Yo con 18 años  -afirma Manuel-  fui a Madrid a la Escuela de Arte de Floristería para realizar unos cursos. Era otra cosa en comparación a lo que se hace aquí en Sevilla, pero también me gustaba. Además lo asociaba a nuestro estilo, lo aprendido en Madrid lo fui transformando a lo sevillano. Lo asimilé a nuestra forma de hacer”. 

Se encargan de las flores de muchos de los pasos más clásicos de la Semana Santa sevillana y aclaran que “sentimos la responsabilidad sin distinciones, siempre y en todo momento, sea cual sea el paso de Sevilla al que se pongan las flores. Pero sí sabemos que cada paso es diferente. Gracias a las técnicas actuales se puede adelantar el trabajo, no se hace con la presión de antes, que se trabajaba con agujas, que había que limitarse a la ejecución en el mismo día. Hoy el trabajo aguanta perfectamente. Por ejemplo, el de la Virgen de los Reyes requiere un gran esfuerzo empleándote en la monotonía, porque consiste en colocar nardos y más nardos incesantemente, hasta un total de 1100 nardos aproximadamente. Exige mantener el entusiasmo, no decaer en la profesionalidad, apurar hasta el máximo la idea de lo que va a trascender tu trabajo ante miles de personas, que se llevan en otras miles de fotografías lo que has hecho. Te pones a mirar el cubo y parece que los nardos no se acaban nunca, pero ahí está la razón de tu oficio, el prestigio adquirido durante décadas para seguir desempeñándolo. Son tres horas poniendo nardos”. 

Y explican: “Los nardos se traen de un sitio u otro dependiendo de cómo se encuentren mejor cada año. En los últimos años casi siempre vienen de Cabra, en Córdoba. Otros años han venido de Chipiona y de Granada. Antiguamente venían de Motril. Y aparte de los nardos, también se han llevado tradicionalmente claveles”. 

Respecto de la elección de las flores en los pasos, dicen que “el florista aconseja al prioste. Si entendemos que la propuesta de un prioste no nos parece la más adecuada estéticamente, le damos a conocer nuestra opinión. El bordado de los mantos, por ejemplo, también determina en cierto modo nuestras preferencias florales. Aunque desde luego la responsabilidad es siempre del prioste, la mayoría de las veces nosotros ejecutamos lo que nos piden los priostes”. 

El prestigio de Ramitos es máximo, por eso se encargan ni más ni menos que del palio de La Macarena y el paso de misterio del Señor de la Sentencia. Cuando hablan del peso de su responsabilidad, uno diría que son “costaleros de flores” que atienden también a la voz de “¡Al Cielo con Ella!”: “La Macarena no es que pese sólo en responsabilidad, es que es una tradición familiar, además de que somos hermanos de La Macarena desde que nacimos. Por eso nos provoca muchos recuerdos de personas que conocimos cuando empezamos y ya no están, entre ellas por supuesto nuestro padre”.  

José Ramos fue un genial florista, pero porque también fue un artista, un creador, capaz de innovaciones como la de escalonar con claveles el altar del Quinario del Señor de la Sentencia. En cierta ocasión excepcional llevó esa técnica al camarín de la Virgen Inmaculada del Colegio de las Esclavas y nadie que lo vio ha sido capaz de olvidarlo. Trasplantó  -nunca mejor dicho-  hasta la alta Inmaculada en su hornacina gótica, el diseño estético floral con el que rodeaba el filo sobre los pies de la túnica del Señor de la Sentencia. Un artista, eso sólo sabe hacerlo un artista.

“Mi padre fue tan responsable que todos los años por Semana Santa se le abría una úlcera de estómago. Se le cerraba  cuando salía de ponerle las flores a La Macarena, entonces le cambiaba el carácter, se relajaba, pasaba de presionarte (porque buscaba la perfección) a ser él mismo otra vez, volvía a sentirse tranquilo y feliz”. 

En Ramitos se ha confiado y se confía tanto en Sevilla que hasta el historiador de las cofradías, Juan Carrero Rodríguez, el inolvidable autor de los Anales y el Diccionario Cofrade, fue diseñando el paso de la Virgen de los Dolores, de la Hermandad de Las Penas de San Vicente,  poco a poco; y cada vez que tenía un proyecto venía a ver a mi padre y le consultaba su parecer sobre una jarra, le preguntaba hasta el diámetro del palo que fuera a meter dentro de la jarra. El paso de la Virgen de los Dolores se fue ejecutando siguiendo las orientaciones de mi padre como florista. Carrero le traía hasta el dibujo de lo que se iba a realizar”. Conociendo este dato, se comprende que todo esté perfectamente encajado en uno de los palios más elegantes de Sevilla, donde se diría que hasta la flor suena en su magistral y señera marcha “Tus Dolores son mis Penas”, de Pantión. 

Para concluir, en Ramitos se encargan del exorno floral de las siguientes hermandades: de penitencia son Las Penas de San Vicente, el Dulce Nombre, Los Javieres, El Cerro, La Lanzada, Las Siete Palabras, Montesión, La Macarena y la Sagrada Mortaja. Y de Gloria, la Virgen del Pilar (de la Parroquia de San Pedro), la Virgen del Rosario (de la Hermandad de La Macarena), la Del Rosario de Burguillos (más de 60 años), la Esperanza Divina Enfermera (de San Martín), y la Virgen de Valdezorras. Y en el Corpus, el paso de San Leandro, que corre a cargo de la Hermandad de La Macarena, y el Niño Jesús del Sagrario. 

Hoy, 15 de agosto de 2020,  es día extraño sin la Patrona de Sevilla en la calle, pero de emocionantes recuerdos para una familia que durante más de ochenta años ha tenido encomendado el aroma más sevillano de la pureza mariana: José Ramos Armengual, José Ramos García, Manuel Ramos Perea, José Ramos Perea y María Ramos Fernández, hija de Manuel Ramos Perea.  

En esta Sevilla de tantas casualidades en las que la fe no deja creer, en esta Sevilla que pareció surgir de un Génesis especial y providencial, se diría que resultó toda una premonición que una familia apellidada Ramos estaba esperada por el destino para poner, entre otras, las flores de la Virgen de los Reyes y de La Macarena. Porque hay mucha gente que piensa que lo de “Ramitos” es un apodo, sin relación alguna con el apellido de una excepcional familia de floristas. Sin embargo, Ramitos es un diminutivo deducido de los ramitos de flores. Sevilla está hecha de claves misteriosas. 

Fotografías de Beatriz Galiano

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