Sevilla y sus tres palmeras: resumen de un Ayuntamiento de vivero 

Juan Espadas y su equipo de gobierno municipal  -por llamarlo así con oficialidad, pero no con realidad- sigue en boca de los sevillanos como un alcalde incapaz de abordar una ciudad de la categoría de Sevilla. Dedicado al marketing, si llega a haberse encargado de la carrera de Julio Iglesias, este no gana ni Benidorm. Eso sí, hubiera compuesto “Sevilla sigue igual”: sin avances, sin progreso, sin arreglos notables, sin reparaciones de importancia y vitales para la ciudadanía (como los desdibujados y casi invisibles pasos de cebra por todas partes, muy propio de un alcalde que salta ya a la vista de todos que no tiene los pies en el suelo). Espadas se autofelicita ya por cualquier cosa en el arte del disimulo, ha llegado a concebir que, en una ciudad arruinada por el socialcomunismo y sin atisbo de recuperación de su esplendor, sea una noticia municipal digna de mención que plante tres palmeras en la Plaza de Pilatos, algo de los más normal y corriente en otros tiempos de verdaderos alcaldes de altura. 

Juan Espadas ha convertido a Sevilla en la ciudad-sin: sin esto y sin lo otro y sin lo de más alláTres palmeras le bastan para proclamar, en medio de un desierto urbano de carencias, una gestión municipal que apenas llega a las tareas más propias de un vivero que del Ayuntamiento nada menos que de Sevilla. 

Es una política de remiendos, de tres operarios aquí o allá para plantar arbolitos o parchear cuatro adoquines de una calle.

Usa pantallas publicitarias como la de rehabilitar Mateos Gago, en plena zona monumental, justo ahora que es prioritaria la recuperación del turismo. Pero, ¿y el resto de una Sevilla que se le cae a pedazos por tantos lugares, sobre todo del centro? 

Bueno, el centro, su tema estrella ahora mismo, seguramente para que no se vea el truco de los millones legítimos de la caja de ahorros de Sevilla,  que se lleva Sánchez, con la de necesidades que tiene Sevilla.

Espadas está ahora en lo de planificar el tráfico del centro, como si al centro  –bien observado, lo que no hace el Ayuntamiento–  le pasara algo gravísimo y urgente en el discurrir diario del tráfico. ¿Qué le pasa al centro con los coches aparte de que quiera manipularlo y contarlo a su antojo un populismo al que los votos se le van en toda España como si fuera una diarrea imparable? Entre una cosa y otra  -investigaciones judiciales aparte y esa residencia de 600.000 euros muy de comunistas-, el populismo se pasa la vida y las Elecciones de todo tipo, corriendo con premura al aseo.

Según la ciudadanía, Espadas no hace más que complicar la vida ya de por sí difícil de los sevillanos. Según el boca a boca (la mejor publicidad que debería atender un aficionado al marketing como Espadas), el alcalde tiene que hacer pocos planes sobre su futuro político, sobre presentarse o no como alcalde la próxima vez. Su salida parece estar más que decidida por los sevillanos. Podría buscarse un sello de esos de la seguridad, como hizo con Sevilla para pintarle a los turistas una fantasía de las que Espadas es experto. Quizás también haya comité de expertos para las quimeras políticas. 




 

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