Sevilla se echa a la calle ante la amenaza  de un nuevo confinamiento domiciliario   

En la tarde y noche de ayer, antes del toque de queda, Sevilla llenó las calles hasta el punto de animarlas por todas partes: Sierpes, Tetuán, La Campana, la zona monumental en torno a la Giralda, además de bares con sus veladores, centros comerciales y tiendas, presentaban un animado aspecto de miles de personas que aprovechaban la vida al aire libre mientras temen que se cumplan las amenazas del presidente de la Junta con someter a la ciudadanía a un nuevo confinamiento en sus casas.

 

 

El centro sobre todo fue ayer en Sevilla un hervidero de adultos y niños, ávidos por disfrutar de la libertad de moverse, de ir y venir por donde querían. El cierre perimetral de la provincia ordenado por la Junta de Andalucía, como una extensión por delegación del estado de alarma decretado  -nada menos que hasta mayo-  por el Gobierno socialcomunista (que ya tiñe de totalitarismo a toda la clase política), no fue obstáculo para que la ciudadanía se privara del disfrute de sus calles, plazas, bares y comercios.

La gente está que trina con los políticos y, en el caso particular de Sevilla, con los de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento. No hay más que escuchar sus manifestaciones, irritadas, hartas de aguantar unas imposiciones “que sólo están demostrando que no saben cómo combatir los contagios, todos los días dando palos de ciego y nosotros aguantando su incompetencia.  No está probado que esto haga disminuir la extensión de la pandemia, pero sí la ruina de un país entero. Ya lo han dicho científicos y epidemiólogos a cara descubierta, ante las cámaras, con nombres y apellidos; no como los de la Junta, que no sabemos quiénes son, ni sus historiales académicos, sin demostrarse su autoridad en la materia”.

La clase política ya no parece ofrecer diferencias a los ciudadanos: “Son todos iguales, con la pandemia se ha demostrado, por si cabía duda, que son todos iguales, que no tienen idea de gobernar y que cada uno va a lo suyo, a llevárselo calentito a costa de nuestras espaldas”.

Las opiniones sólo se pueden obtener a cambio y condición previa de mantener el anonimato más absoluto: “Si no pone mi nombre no me importa hablar, porque vivimos en una dictadura, nos han dejado sin libertades. Primero acusaron a Sánchez de dictador, pero ahora se ve que todos le han cogido gusto a las amenazas y a seguir el estilo de sumisión impuesto por Sánchez”.

El desahogo de los transeúntes es tan incesante como sus paseos por el centro de la capital: “Ahora habrá que andarse con cuidado con eso de una ley de delitos de odio o algo así. A cualquier cosa le van llamar odio. Lo que buscan es que no opinemos, que no se pueda hablar. Es una nueva ley mordaza”.

Una señora de edad, en torno a los 70 años, no se callaba el enfado con el presidente de la Junta: “Yo me voy todos los días a la calle o me van a amargar. O Salgo o terminaré con una depresión y con las piernas inútiles. Esto es una vergüenza, otra vez amenazados de quedarnos encerrados en casa, y todo porque son unos ineptos y unos impresentables que nos van a arruinar la vida. Siempre fui de derechas, pero después de esto y de lo que estoy viendo, deseando estoy de votar y decirle al Juanma ese cuatro cosas”.

Los hosteleros, completamente decepcionados con Juan Manuel Moreno Bonilla, que ha incumplido sus compromisos para establecer la hora de cierre a las doce de la noche, aprovechan todo lo que pueden en estos días, previendo que por este camino acabarán en un estado económico lamentable y gravísimo, de un imposible resarcimiento: “El presidente nos ha dejado en la estacada. Mucho hablar, muy buenas palabras poniendo cara de santón, pero cuando ha llegado el momento de obligar a sus normas en Andalucía, ha pasado de nosotrosEntiende muy poco o nada de hostelería quien se ha creído que con media horita más podemos salvar esta situación. Claro que a los políticos todo esto no les duele, con esos sueldazos que tienen no les puede doler nada, ni el alma, como ha dicho el Juanma Moreno. Hay que ser cínico. Pero son todos iguales”.

Por otra parte, los hoteles van cayendo en cascada. Ni siquiera uno de ellos del prestigio del Colón ha podido conseguir su reapertura. Pero ya otros establecimientos están anunciando que han llegado hasta aquí. Un profesional declara: “Los políticos la están liando, no tienen ni idea de solucionar nada, lo están hundiendo todo, hasta la Sanidad que aseguran que les preocupa. ¿Es que en los hospitales están contentos con las decisiones de la Junta? Tampoco. Los profesionales están en huelga indefinida y hasta se largan a otros países. ¿Qué hace un médico de cabecera de consejero intentando frenar una pandemia? Esto es de locos. La Junta no es ya más que una fábrica de pobreza y ruina para todos”.

Y mientras Sevilla intenta levantar cabeza en medio de tantas desesperaciones económicas de toda clase, faltando incluso qué comer diariamente a cientos de personas amparándose en las más variadas caridades de organizaciones altruistas, en otras capitales españolas se producen, como esta pasada semana en el barrio sevillano de Pino Montano-  los desórdenes callejeros de cientos de personas que se rebelan contra los confinamientos. Así está ocurriendo en Burgos o en Barcelona, con incendios de contenedores y mobiliario urbano, e incluso saqueos de comercios.

“Con otro confinamiento, esto será la ruina más total, un desastre como después de una guerra”, afirma un sevillano. 




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