Sevilla recupera “la confianza ciudadana” a base de excesivas prohibiciones y con ayuda del miedo y la climatología

El cierre prematuro de bares volverá a hacerse realidad en la Semana Santa próxima. La apertura de servicios públicos podría se novedad en 2019

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, destacó en un comunicado que el dispositivo especial de seguridad para Semana Santa “ha conseguido los objetivos que el gobierno municipal se había marcado” con una “enorme capacidad de respuesta rápida” y una “gran colaboración ciudadana”. Igualmente añadió que dicha coordinación “nos da una capacidad de respuesta rápida enorme, a lo que hay que sumar el comportamiento de los ciudadanos, que ha ido en la dirección que desde el gobierno municipal planteamos desde hace meses, y que no es otra que fueran garantes de su propia seguridad contribuyendo a corregir cualquier comportamiento incívico”.

Este lunes las mismas palabras han vuelto a relucir en boca del propio Espadas y del delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, después de llevarse a cabo la reunión correspondiente al balance sobre la seguridad durante estos días. Cierto es que la Semana grande de Sevilla ha llegado a su fin con un ínfimo número de incidentes, por lo que resultaría completamente desacertado criticar el dispositivo establecido.

Las 101 cámaras de videovigilancia (hasta ahora sólo se contaban con ocho) y las medidas de restricción en el consumo de bebidas alcohólicas durante la “Madrugá” del Jueves al Viernes Santo ha permitido a los ciudadanos “recuperar la confianza” en las fuerzas del orden. Es evidente que tras los altercados acaecidos en la pasada edición el clima había levantado miedo e incertidumbre. Las novedades insertadas esta planificación han dado sus frutos y ha evitado que la capital andaluza reviva imágenes de incidentes pasados. Esta vez no hubo heridos (17 de ellos fueron hospitalizados) ni lesionados (más de 100), y sólo una persona fue detenida (por mal comportamiento al margen de las procesiones, según ha corroborado el alcalde.

Sin embargo, no sólo es el refuerzo policial (del 20% durante la semana y duplicado durante la “Madrugá”) en el casco histórico el que ha ayudado a este éxito. Parece que en el Consistorio hispalense se han olvidado de otros factores que, igualmente, han facilitado que las cofradías puedan procesionar sin altercados externos. Es el caso de la climatología y la consiguiente ausencia de personas en las calles, amén del miedo derivado del esperpento pasado. La cuestión, en este caso, no es menospreciar ni mucho menos infravalorar el despliegue realizado. Se trata de ser coherentes y poner todas las cartas sobre la mesa. Boca arriba a ser posible. Debemos ser realistas y considerar que el viento invernal, impropio de esta época ha restado y, por tanto, provocado que las aglomeraciones sean menos densas.

Al mismo tiempo, el temor a formar parte de una nueva estampida humana ha sido otra de las “contras” que ha jugado en beneficio de la ciudad. O eso dicen. Ver cofradías como el Calvario por Arfe y Postigo con un público reducido o la Macarena menos acompañada (incluso casi sola en su paso por Santa Ángela y alrededores) no es sinónimo, ni mucho menos, de éxito para Sevilla. Por otro lado, hasta las propias cofradías disminuyeron su número. Este periódico ha podido conocer algunas anécdotas, como la de un nazareno del Silencio que le ofreció a su vecino salir por él.

VERSIÓN TRANQUILA DE LA SEMANA SANTA

El nuevo dispositivo de prevención y seguridad también ha anticipado el cierre de bares de hasta 49 calles del casco histórico, consideradas como zonas críticas o conflictivas por la aglomeración de personas. Igual habría que preguntar a algunos bares. Muchos logran incluso subsistir por los beneficios generados durante esta semana. Ahora el Ayuntamiento, indirectamente, les ha privado de ellos. Si lo que preocupa es la ingesta desproporcionada de alcohol debería bastar con prohibir bebidas con este tipo de sustancia.

En esta línea, hasta los propios ciudadanos no han tenido opción de un desayuno anticipado que ayude a dar fuerzas para afrontar la noche. Lo que no se ha explicado con certeza es si las calles han quedado más o menos limpias. ¿Hace falta recordar que son estos mismos bares los que permiten que las personas puedan hacer sus necesidades durante la jornada? Ante la nula existencia de servicios públicos, Espadas ha asegurado que, de cara a la Semana Santa venidera, se atenderá de forma considerable a esta imperiosa urgencia personal. Por lo pronto, este año muchos habrán tenido forzosamente que aprender a controlar el esfínter. Lo que sí está claro es que las nuevas prevenciones han “llegado para quedarse”.




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