Sánchez anuncia una desescalada en cuatro fases durante dos meses y combinada con el estado de alarma

La comparecencia del presidente del Gobierno, tras celebrarse este martes el habitual Consejo de Ministros, ha servido para orientar  -más que concretar, como después harán las órdenes ministeriales-  sobre las líneas más generales de la desescalada, que se llevará al efecto en cuatro fases, de una duración mínima de quince días cada una. La tercera de ellas es posiblemente la más llamativa a priori, pues permitirá la apertura de playas. La fase cuarta es la que dará paso a la denominada “nueva normalidad”, la forma en la que habrá de vivirse hasta el descubrimiento y aplicación de una vacuna o, cuando menos, un tratamiento eficaz. Al fondo de las cuatro fases, el Gobierno deja clara la intención de prorrogar sucesivamente el estado de alarma, anunciando Sánchez  -a petición de la pregunta de una periodista de El Mundo-  que pedirá al Congreso un nuevo plazo a partir del próximo 10 de mayo.

 El presidente ha empezado hoy con unas palabras para recordar a los fallecidos por el coronavirus y hacer la pública promesa, ante las cámaras de televisión y los medios, de que habrá un gran homenaje nacional a las miles de víctimas de la pandemia, que tendrá lugar en cuanto lo permitan las circunstancias de lo que se ha dado en llamar “la nueva normalidad”, la fase cuatro en la que viviremos hasta el día en que se cuente con una vacuna o, al menos, con una terapia eficaz y segura que cure la enfermedad del Covid-19.

Su discurso ha sido de un tono muy general, algo como si a los oídos de todos les empezara a sonar la “Sinfonía del Nuevo Mundo” en un mundo nuevo, una vez más en la que históricamente el planeta entero habrá de resurgir como un ave fénix de sus propias cenizas. Y ha sido un tono muy general en gran medida obligado por una casuística de desescalada enormemente amplia, como cabe suponer: comercios, espacios públicos, teatrales, académicos, restaurantes, bares, etc.   Será, como ya se esperaba por previos anuncios, una desescalada asimétrica  -por diferencias territoriales-  de provincias e islas, con fronteras cerradas entre las mismas. Pero será además una desescalada coordinada por el Gobierno central con las comunidades autónomas y con los ayuntamientos.

La vida colectiva estará organizada por numerus clausus diferentes en cada caso, según se trate de restaurantes o teatros, por citar dos ejemplos. Serán unos porcentajes establecidos con claridad por sucesivas órdenes del Gobierno central. Por ejemplo, un tercio de ocupación en los teatros o espacios escénicos.

Por lo demás, Sánchez ha apelado a la responsabilidad de cada uno en cuanto a la protección de sí mismo, pero teniendo en cuenta que esa responsabilidad también repercute en la protección de los demás. Y en todo momento de su intervención el presidente ha insistido en la flexibilidad de esta desescalada, que pretende ganar terreno a la “nueva normalidad”, pero que podría retroceder en sus pasos si los datos sanitarios así lo aconsejasen. Si se produjera una marcha atrás, igualmente lo consideraría con el criterio de la asimetría, el criterio territorial, atendiendo primeramente a la cobertura hospitalaria de cada provincia.




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