Salve marinera para el Carmen de Santa Catalina

Fue la bulla en julio. La gente lo decía muy bien para hacerse una idea: “Como si fuera Semana Santa”. Y es que apenas se cabía para ver salir desde Santa Catalina, tras 16 años que entre una cosa y otra ha durado la restauración del templo, a la Virgen del Carmen bajo palio, versión hermosamente sevillana de la estrella de los mares.

A las nueve en punto comenzó la procesión a la que asistieron miles de personas que irían siguiendo a laVirgen del Carmen a lo largo de todo su recorrido. Desde su salida y al pasar por la cofradiera calle Gerona-la primera para enfilar en largo- ya hubo constancia indiscutible de que la convocatoria popular era multitudinaria. La ocasión lo merecía: la Virgen del Carmen en paso de palio es una de las exquisiteces de la Sevilla que hila fino, que conoce las justas medidas donde situarse sin cortedad ni excesos. Eso es lo que llamamos la elegancia. Y la elegancia siempre le debe mucho al equilibrio: el del propio paso de palio, la belleza de la Virgen sosteniendo al Niño, con el toque escultórico de inclinar hacia su lado izquierdo la cabeza (de un efecto tan natural en las imágenes así talladas, como la trianera Virgen del Patrocinio), el de las flores entre varales (ramos de fanal agrupando degradados en rosa y violáceos), el tono carmelita del manto (una finura que tiene en su caso el gusto de posar su extremo final sobre la parihuela), el compás sonoro de las bambalinas… y algo fundamental que supo estar al máximo nivel: la Agrupación Musical de la Algaba, que interpretó un repertorio de auténtica solera. En la calle Gerona se lució con “Madre Hiniesta” y “La Virgen de Sevilla”En Doña María Coronel con “Encarnación coronada”, conmoviendo el coreado del público al evocarse el rezo cantado del rosario, que terminó en vibrantes vivas a la Virgen del Carmen, y “Cristo en la Alcazaba”, destacando los toques de tambor a la caja. De regreso al templo se fue acercando a su puerta con“Triana de Esperanza”. Lástima que la gente del centro no supiera unirse a la marcha cuando llega la secuencia musical en la que se canta la Salve marinera a la Señora de la calle Pureza. El bis de la marcha sobró. Hubo que cortarla de cuajo para apresurarse en coincidir con la entrada de la Virgen a los sones del himno nacional. Es un detalle que debieran cuidar muchas otras hermandades en sus entradas. Sería recomendable una capacidad de previsión en los directores que conseguiría la redondez de un acabado perfecto, en consonancia con el buen hacer de todo el itinerario.




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