Rebajar con agua el vino y las aguas templadas de Pablo Casado

Cuando en el PP de Pablo Casado hablan de “moderar el discurso” sólo puedo pensar que se refieren a un cambio de actitud, no de ideas ni del fondo del asunto; de la música y no de la letra.

De no ser esto así, significaría que los de Casado están hablando de asumir y dar por buenas algunas de las excentricidades ideológicas promovidas en estos meses por el nacionalcomunismo y confluir con ellos en cuestiones que no son aceptables para buena parte del espectro de sus votantes y puede que también, en el mismo o mayor grado, para alguna porción de votantes moderados del PSOE.

Si “moderar el discurso”, como dicen, tiene por objeto interpretar un papel que refleje alguna clase de templanza o aparentar prudencia, no seré yo quien corrija al estudioso de sus demoscopias, aunque más parece esta vez que la recomendación no viniera de Pedro Arriola sino de su indocumentada esposa, Celia Villalobos.

De la recomendación genérica que desde hace años aconseja moderación cuando se buscan mayorías no caben muchas dudas, pero también es cierto que el panorama se ha tensado en los extremos y se han achicado los espacios.

Sea como fuere, la prospectiva parece que les aconseja rebajar con agua el vino para luchar por un espacio de centro que, de todos modos, ni con los engaños de Sánchez logró superar los 123 diputados, una subida de apenas 38 escaños.

La cuestión es que Vox le birló (sobre todo al PP y C’s) en las elecciones de hace un año 52 diputados, mientras que con Sánchez disfrazado de cordero el PSOE sólo logró pasar de 85 a 123 diputados.

Así pues, cabe suponer que la intención de los demóscopos de Casado sea la de recuperar, ahora que Sánchez se ha radicalizado sin remedio, una cifra similar por el lado socialdemócrata del espectro, pero nótese que en todo caso la pesca prometida alcanza a poco más de la mitad de lo que se ha comido Vox, que aspira a seguir creciendo y no hay muchas esperanzas de que esos votos vuelvan a su lugar de procedencia.

Es por todo esto que no acabo de entender hacia dónde les conduce a los de Casado ese ejercicio que expulsa a Cayetana Álvarez de Toledo de la portavocía del Grupo parlamentario, pues prefiero no pensar que de lo que estén hablando si vuelven al gobierno es de dar por buena la Ley Celáa, del blanqueamiento de Bildu o de conceder a los golpistas catalanes todas las chucherías separatistas que reclaman, por no hablar del entreguismo en asuntos tales como las políticas de género, los de inmigración irregular o los de la llamada memoria democrática, temas en los que el PP hizo renuncia para evitar fricciones hace mucho tiempo.

Por tanto, para entenderlo bien, eso de “moderar el discurso” por parte de Casado y de Teodoro García Egea debería añadir que se refiere a una modulación de la actitud respecto del PSOE y Podemos, pero de igual forma, con el mismo afán de recuperar votos, cabría aconsejar moderación de su actitud respecto de Vox, si es que pretenden sumar algo más que los desengañados del PSOE a un proyecto centrado. Máxime cuando parece obvio que PP y VOX (más lo que quede de C’s) están llamados a entenderse si alguna vez los conservadores y liberales quieren volver al poder.

¿Es incompatible la moderación respecto de los unos y de los otros a un tiempo? Puede que en el fondo sí, pero decía que si de lo que hablamos es de la actitud y de las meras formas, sólo trasladando ese pretendido aire de templanza hacia uno y otro lado aspiraría el PP a sumar votos de ambas partes y no sólo de la hipotética fracción sobrante escandalizada con el nacionalcomunismo de Sánchez, al fin y al cabo muy limitada, como ya se ha dicho.

Ya digo que no niego la norma genérica que indica que las mayorías se construyen desde la zona tibia del espectro, es decir, logrando sumar para tus intereses a una cierta masa de votantes capaz de redirigir su voto en función de las circunstancias de cada momento, pero está por ver cuántos de ese tipo quedan ahora mismo y si no se ha achicado tanto esa bolsa que pudiera resultar del todo insuficiente si no recuperas también un fragmento importante del otro lado.

Las elecciones catalanas van a ser para el PP de Casado un indicio, más o menos sesgado, de la situación. Los resultados que obtengan el PP, Vox y C’s allí serán un indicativo o un examen de las recomendaciones de moderación de García Egea y sabremos quién estaba más equivocado.

Y aun así, la situación de C’s es tan confusa y delicada que, si no se los meriendan de una vez o los suman a una coalición electoral con el PP, los tumbos de Arrimadas le pueden terminar jugando a Casado una mala pasada y darle algo de oxígeno a un Pedro Sánchez completamente entregado a la farsa y la mentira, al que le da lo mismo apoyar a Nicolás Maduro que ‘desfazer’ España.




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