Queda una semana para que no empiece la Feria

La crisis del coronavirus da noticias tan extrañas como esta. Es como si en una vida llena de aplazamientos por todas partes nos hubiésemos tenido que acostumbrar a un nuevo género periodístico: la noticia de la no noticia. El próximo sábado, 25 de  abril, lejos de lo previsto en su calendario anual más destacado, Sevilla tendrá una noche más de confinamiento donde esperaba ilusionada y feliz la inauguración de su Feria.

 Esta que viene hubiera sido la semana de correr con los últimos y urgentes preparativos de todo tipo, las últimas costuras y acabados de trajes de flamenca, compra de mantoncillos y demás complementos, montaje definitivo de las casetas, colocación de los farolillos por las calles del Real. Incluso este fin de semana hubiera sido el de acudir a las playas para coger bronceado. Pero nada de este apresuramiento clásico de Sevilla será posible este año.

Mientras tanto, sigue sobre la mesa municipal la cuestión del aplazamiento de la Feria al mes de septiembre. Es un puro debate de viabilidad o no, sabiendo de antemano que septiembre haría celebrar una Feria desnaturalizada, por más esfuerzos que se hagan de darle apariencia abrileña. Es la Feria a contracorriente. Primero porque es fijarla en fechas desde una incertidumbre enemiga de toda antelación, planeamiento y organización. Un maldito virus se ha impuesto a todo cálculo, sin que pueda saberse científicamente a priori cuáles van a ser sus temerarias cuentas de contagiados y fallecidos. Qué sabe nadie con certeza de aquí a los próximos meses. Segundo, porque deben superarse varios inconvenientes juntos, siendo los más relevantes  el típico calor del membrillo sevillano, la convocatoria de exámenes, la vuelta a los colegios  -con lo que de gastos de material escolar supone a las familias-, y que la coincidencia entonces de la Feria sevillana con las de otras muchas localidades impediría acudir a las atracciones de la calle del infierno. Con todo ello también hay que considerar que un solo curso académico 2020/2021 abarcaría de hecho dos ferias, por mucho que cada una se ubique en años diferentes. Igualmente conviene recordar que esta pseudoferia de abril en septiembre tiene el precedente de un fracaso en esas fechas: la Feria de San Miguel que se intentó recuperar sin éxito a lo largo de varias ediciones a mediados de la primera década de este siglo, allá por 2005. Y otro gran inconveniente es la reinstalación de lo desmontado ahora en el Real, suponiendo elevar el presupuesto en estas duras circunstancias. Cabe añadir asimismo plantearse la moralidad y ética de la celebración de una Feria en un tiempo luctuoso que ha dejado tantos muertos. Sin embargo, quizás no haya mejores ocasiones que estas en la historia para aprender que sólo se vive una vez y no puede desaprovecharse el más mínimo momento de felicidad.

Ahora mismo todo está en el aire, pero en cualquier caso el Ayuntamiento ya se ha reservado como otros años la festividad de San Fernando, 30 de mayo, para hacerla efectiva en uno de los posibles días de la Feria que, dicho sea como posibilidad, se está contemplando incluso con una duración reducida, de menos de una semana.

La Feria de Abril de Sevilla es otro supuesto donde vuelve a darse el choque frontal que se ha producido como terrible accidente en tantos aspectos de la vida: la colisión dramática entre lo sanitario y lo económico. Su celebración vendría a subsanar el declive económico que espera a tantos sectores y servicios de los que la Feria se provee.




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