Proclamación de los Reyes Magos del Ateneo

Nuevamente el teatro de Capitanía, con sede en la Plaza de España, acogió ayer el acto de la proclamación de los Reyes Magos de la Cabalgata del Ateneo de Sevilla. Otra vez pudo hacerse constar por los cientos de asistentes que hay una marca Ateneo de lo impecable, de lo bien hecho, en una ciudad que tantas veces necesitaría un manual de instrucciones para saber dónde está la justa medida del protocolo y el buen hacer de toda presentación. El Ateneo la tiene.

La proclamación estuvo presentada por el periodista de radio, prensa y televisión Cristóbal Cervantes, que se ha convertido en la gran voz de los más relevantes acontecimientos sociales de la ciudad, como viene sucediendo en la entrega de las medallas de Sevilla cada 30 de mayo. Cristóbal Cervantes lo siente, lo vive, lo sabe expresar y, algo muy importante, no aprovecha las ocasiones ni busca cansinamente como tantos hacerse con minutos de gloria personal, porque esa gloria y sus méritos ya van de por sí en su bagaje profesional.

En el escenario y tras una mesa desde la que iban recogiéndose por los protagonistas sus señas de identidad para la próxima Cabalgata, ocupaban sus asientos el teniente general jefe de la Fuerza Terrestre, José Rodríguez García; el delegado de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, Juan Carlos Cabrera; el presidente del Excelentísimo Ateneo de Sevilla, el doctor Alberto Máximo Pérez Calero; y el director de la Cabalgata, Manuel Sainz Méndez.

Les rodeaban el pintor del cartel de la Cabalgata, Miguel Rodríguez Núñez y el pregonero, el popular y reconocido artista Pascual González, acompañados por quienes encarnarán a los Reyes Magos, tres empresarios para esta edición 103 de la Cabalgata del Ateneo: Enrique Ybarra, que será Melchor; José Luis García-Palacios, presidente además de la Caja Rural del Sur, que será Gaspar; y Gabriel Rojas, también hermano mayor del Rocío de Sevilla, Baltasar. Con todos ellos se encontraban Manuel Ramos Garrido, el Heraldo que llegará en avanzada de Sus Majestades la tarde del 4 de enero; Reyes Romero, la Estrella de la Ilusión, todo un clásico de la Cabalgata, que abrirá el cortejo el día 5; Lola Candau de Pablo-Planco, que será Palas Atenea; José Moya Yoldi, el Mago de la Fantasía; y José Luis Ballester García-Izquierdo, el Gran Visir.

El jefe de la Fuerza Terrestre, recién incorporado a su cargo, fue el primero en tomar la palabra, invitado a hacerlo por Cristóbal Cervantes -que iba siguiendo y marcando el protocolo-, afirmando José Rodríguez García que aunque se estrenaba en sus funciones de anfitrión del acto en Capitanía de la proclamación de los Reyes Magos, tenía gran conciencia de la importancia del mismo y de continuar en el ofrecimiento de tal marco a disposición del Ateneo.

El presidente de la Docta Casa, Pérez Calero, se refirió a la solera de la Cabalgata a lo largo de más de un siglo, recordando una vez más y en justicia a su fundador José María Izquierdo.

Cuando Cristóbal Cervantes llamó al músico y cantante Pascual González a que recogiera su pergamino como pregonero de la Cabalgata, pareció improvisar el pedirle al famoso artista que se dirigiera al público. Y fue entonces cuando se produjo seguramente para todos el momento más emotivo del acto, porque el líder indiscutible de Cantores de Híspalis lo hizo con la máxima naturalidad y sinceridad, asumiéndose en las dificultades que ha de superar su voz desde que fuera operado de un cáncer de garganta. Estuvo conmovedor y ejemplar, en hombre de arriba a abajo, en ser humano a la altura gigantesca de su gran carácter e invencible personalidad. Y se atrevió con valentía a revelarse como inconsciente por haber aceptado su nombramiento como pregonero de la Cabalgata. Y sucedió que adelantó la sorpresa de que el pregón será cantado con su gente de siempre. Dejó servida la expectación y fue despedido con una cerrada, atronadora y larga ovación.

Los Reyes Magos fueron narrando después sus impresiones vividas desde que tuvieron noticia de sus nombramientos.

Así Enrique Ybarra recordó a su tía María, postrada en la cama de un hospital y a la que confió confidencialmente, temiendo que su vida se acababa pronto -como así fue-, que iba a ser el Rey Melchor. Saberlo le devolvió una fuerzas y un entusiasmo en los últimos momentos de la existencia que se apagaba. Asimismo dijo que va a acompañarle en su carroza una niña que tiene ese sueño.

Gaspar, José Luis García-Palacios, dijo que el amor más grande está personificado por el Niño Jesús, queriendo no descuidar ni olvidar el profundo sentido religioso de la Cabalgata.

Y Gabriel Rojas estuvo en auténtica gracia sevillana para contar su rico anecdotario desde que supo de una manera original que iba a ser Baltasar, la que a pie del trono de su antecesor le comunicó gestualmente el director de la Cabalgata, Manuel Sainz. La escenificación de cómo ocurrió provocó la sonrisa del público y arrancó espontáneamente sus aplausos. Compartió con todos sus íntimos sueños desde hace años: salir por la Puerta del Príncipe de haberse atrevido a ser torero y convertirse en Rey Mago de Sevilla. Recordó a su tío, también Gabriel Rojas, que fue monarca en 1975. Y supo comunicar la experiencia de los cientos de mensajes que recibió en el móvil cuando la gente se enteró de que él sería Baltasar. Además, supo transmitir que al ponerse a recabar de amigos que antes le habían precedido en la vivencia que tendrá el próximo 5 de enero, todos le decían lo mismo, que en su vida podrá lograr todo lo que quiera, pero que por mucho e importante que sea nada podrá igualarse a la experiencia de ser Rey Mago en la Cabalgata por excelencia de Sevilla, la incomparable Cabalgata del Ateneo. Por último se comprometió, aunando su reinado a su cualidad de empresario, a fomentar la felicidad de los sevillanos en todo lo que quede en sus manos, esperanzado en la creación de puestos de trabajo.

Cerró el acto el delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera.

Galería de imágenes: Beatriz Galiano.

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