Un médico del Hospital Virgen de Valme cuenta el caso de una madre que acudió el martes a Urgencias porque su hija, de nueve años, se chupó la mano tras caerle encima un poco de helado cuando jugaba en el parque. Alarmada, la madre creía que “esa mano podía tener algo malo”. Casos cada vez más frecuentes y que colapsan los servicios sanitarios

El doctor Miguel Díaz, residente de medicina de familia del hospital sevillano, contó el pasado viernes en su red social de twitter el caso de la madre que acudió la semana pasada al servicio de Urgencias del hospital Virgen de Valme con su hija de nueve años, muy preocupada por los efectos que podría tener sobre su pequeña de 9 años haberse chupado la mano tras caerle encima un poco de helado que comía cuando se encontraba en un parque. La madre contó al doctor Díaz que la niña había estado jugando y no sabia si la mano “podía tener algo malo”.

El mensaje, que rápidamente se hizo viral con más de tres mil retweets, cosechó los testimonios de otros profesionales de la medicina que han relatado casos similares de padres y madres paranoicos que colapsan los servicios de urgencias de los hospitales con casos no sólo menores, sino absolutamente ridículos. Louie Perlacara cuenta “un caso verídico”. “21:00 entrada dramática en urgencias, gritando, con una niña de 6 años a la que le había salido un “tumor” en el cuello, 21:05 visitada por el médico, se procede a pasar una gasa con suero fisiológico para desprender el CARAMELO que se había quedado pegado por debajo de la oreja”. Le responde otro médico: “Esto lo he vivido yo con un Lacasito. Casi enviamos la UVI móvil por la histeria de los padres”. Clara, cuenta que en una ocasión “llevaron a Enfermería a vacunar a un niño y el padre gritando salió de la sala porque “no podía estar presente mientras le hacían tanto daño”. Eso antes de pinchar. Yo fui desde mi consulta por los chillidos que empezó a dar el niño”.

En el hilo, que se convierte en delirante por los casos surrealistas a los que tienen que hacer frente los médicos y enfermeros en las urgencias y consultas, también aparece algún usuario que confiesa haber protagonizado uno de esos casos. Erika Bruna reconoce, el mismo martes ” haberlo bordado”. “Lleve a mi hijo de 3 meses a su pediatra, porque tenía unas manchas negras en la lengua…juro que le pase una gasa con suero fisiológico a conciencia y no se iban…¡ Eran pelusas!”. Otros usuarios proponen soluciones preventivas como el copago o, directamente, el pago. “Si a la madre le hubiesen enchufado 20 euros por ir a Urgencias a tocar las napias por gilipolleces! La próxima se lo piensa y le lava las manos en casa y listo ! “Pa eso pago” es el mantra de estos deficientes cerebrales que saturan las urgencias con gilipolleces”, brama. Dora Bejarano, se pregunta “qué sistema puede ser sostenible si se tiene que sufragar con dinero público y dotarse de recursos para asumir consultas de este tipo, que son cada vez más frecuentes“.


Hay casos a cada cual más sorprendente. Algunos médicos relatan casos “peores” que el desvelado por el galeno del Virgen de Valme. “Os enseñaría algunas peores: madres que traen a niñas (no lactantes) porque “les huele el ombligo”, chicas que vienen porque la regla se les ha adelantado un día y lo mejor, mujeres que vienen porque les ha salido un grano y molesta al tocarlo (el clítoris, os lo juro por Snoopy)”, relata, en tono jocoso, una médico de Urgencias al igual que su compañero José Javier Comas que también aporta sus anécdotas. “Trabajo en un servicio de Urgencias de atención primaria desde hace muchos años y he visto cosas como esas o parecidas, como acudir por tener un padrastro, haberle picado un insecto (mosquito, avispa sin más) y así muchísimas cosas”. El hilo en cuestión no tiene desperdicio. El relato de Elena tiene miga. “Chica de 16 años que fue a urgencias hospitalarias por molestias urinarias y cuando se le dio el alta con diagnóstico y tratamiento, la madre montó en cólera qué a su hija tenían que verla en ginecología porque se había puesto un tampax hacía 3 meses y le daba “miedo” sacárselo!!!así!!!”

Aitor Romeu relata algunas de sus experiencias como el caso de “una abuela trajo a su nieto a urgencias sobre las 23h. ¿el motivo? A las 18h de la tarde habían estado en la playa y el crío había tragado un poco de agua de mar y vomitado. Lo traía porque lo veía un poco letárgico, por si acaso le había sentado mal el trago de agua salada…” Ruth Rodríguez, también médico cuenta: “Pues imagínate lo que vemos en las escuelas infantiles…como aquel día que me dijo una madre que la estaba introduciendo el agua del grifo a la niña y la mezclaba 50% de agua mineral con 50% de agua del grifo cada vez que bebía”, o el caso de otra paciente “que se había pinchado con un saliente de la barra del metro. Quería que le hiciéramos las pruebas del VIH”.

Una usuaria, Concha García explica su caso, que muchos usuarios han podido advertir cuando se ha visitado las Urgencias de un Hospital o de un centro de Salud. “Llevé a mi hija a urgencias hospitalarias por una apendicitis. Tumbada en el asiento de la sala de espera se retorcía de dolor, la madre de uno de los vándalos que estaban allí saltando me dice: que malita está su hija… Claro…esto es un hospital, aquí vienen los que están mal”. A Concha la responde un médico de Urgencias con “uno de cientos de casos verídicos“: “padres con niña de unos 6 años, sala de espera de urgencias. La niña se pasa como una hora jugando, corriendo, saltando por las butacas, mientras los padres charlan. Cuando pasan al médico le dicen que ha tenido una caída en casa y por si tiene algo roto…”