Octubre, el mes que nos engaña 

Octubre es un clásico mes de vaivenes de temperaturas en Sevilla. Suele tener principios frescos enlazados con finales de septiembre, pero cuando menos se espera parece volverse un nostálgico del verano que recuerda algo de sus calores. Ayer se puso melancólico el otoño, alcanzando más de 30 grados. En la imagen, un termómetro del mobiliario urbano frente a las murallas de la Macarena marcó en la tarde del martes los 34. ¿Qué va a pasar en los próximos días? ¿Y en los del puente? 

Ayer se sudaba en Sevilla; algo, pero se sudaba. No estuvo la cosa para exponerse mucho al sol, porque se desvanecía entonces la confianza de haber entrado en el otoño. Sobraban las primeras cazadoras, los primeros chalecos de la temporada, se descorazonaban  los más atrevidos y atrevidas en usarlos, los pioneros y, sobre todo, las pioneras que están deseando entrar en el cambio de vestuario, mucha jovencita que está cansada de ponerse otra vez lo mismo.

Hay siempre por estas fechas una ciudadanía abrigada por adelantado que convive a la vez con la que aún se aferra a sus atuendos veraniegos. Se ve claramente un dato más que nos diferencia a unos de los otros. Es el momento justo de observar que por naturaleza hay gente friolera y calurosa.  Lo mismo se ven chanclas que pies calzados ya de botas. La calle es un vivo muestrario de roperos que delatan cambios o permanencias.

El tiempo juega en octubre a despistar a los sevillanos. Eso es de siempre. La memoria y las estadísticas lo demuestran. Que le pregunten al vecino pueblo de Dos Hermanas la de veces que recuerda con calor su popular Romería de Valme. O al de Bollullos de la Mitación la de la Virgen de Cuatrovitas.

Octubre es en Sevilla como una segunda primavera, pero tendiendo a la baja de las temperaturas. Una segunda primavera no camino del verano, sino del invierno. 

Ningún parte meteorológico se envalentona ahora mismo con pronósticos ciertos para Sevilla ni con predicciones seguras para el puente del Pilar. Se atreven con la zona cantábrica, en la que ya hoy se esperan lluvias. Pero Sevilla es otra cosa. Parece que nos aguardan cielos cubiertos, como si fueran los flecos de lo que pase por allá arriba de la Península. Pero darán la impresión de cobijarnos, aunque nublados, en nuestra famosa bonanza climatológica, esa que nos prodiga  -hasta con pandemia-  en una feliz vida al aire libre. 




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