Muere La Esmeralda, símbolo de una Sevilla de mariquitas

Ha fallecido Alfonso Gamero Cruces, que había nacido en 1933 y fue popularmente conocido por La Esmeralda, el sobrenombre femenino que adoptó para representarse a sí mismo en las noches de una ciudad de locales de travestis, aquella que desde sus oscuridades vio la luz por primera vez, allá por los años 70, en el libro de Antonio Burgos “Guía secreta de Sevilla”. 

La Esmeralda se ha ido llevándose consigo una Sevilla que Alfonso Gamero personalizó como nadie, la Sevilla de los mariquitas, la de los que amaron tanto la copla que incluso la cantaron; a su modo, con sus límites vocales, con play backs de las estrellas, pero la cantaron.  Fue un ser feliz con traje de flamenca y abanico, sintiéndose una más de aquellas de peina y volantes que pocas iban quedando, como lamentaba la voz de Juana Reina en una España pop que superponía su capa histórica por encima de lo que tras la Guerra había sido la canción andaluza o española. Llegó a recibir clases de la mítica maestra de artistas Adelita Domingo (que enseñó a cantar a Paloma San Basilio y a Pastora Soler). También fue un gran amante del baile, sobre todo el baile por alegrías.

La Esmeralda fue un personaje tan peculiar que quizás quedó la mejor definición de su enorme naturaleza en la que dio un día el periodista José F. Machuca en ABC“Él inventó a Pedro Almodóvar. Y no al revés. El cine imitaba a la realidad. Y por entonces la realidad de las mariconas, como gustaba identificarse Alfonso Gamero, ya era quizás la cruz más pesada de las muchas que llevaba su segundo apellido”. 

Su carisma movió al dramaturgo y escritor Joaquín Arbide a llevarlo a la película de su vida, rodando en 1981 una biografía de La Esmeralda. Arbide, un espía de esencias de la ciudad, le propuso a Alfonso Gamero la idea de grabarle el audio con testimonios sobre su vida para apoyarlo posteriormente con imágenes. Ahora mismo, y con la triste noticia, es uno de los documentos más buscados para averiguar quién fue realmente La Esmeralda, y se localiza en el canal de Arbide en You Tube. El DNI de La Esmeralda aparece entre las primeras imágenes, como el punto de partida de la identidad de alguien absolutamente singular. En el documental declaró haber estado enamorado  sólo una vez en su vida, de un hombre, cuando tenía 17 años, durando cinco la relación. Su amor acabaría casándose y él borrándolo de su mente y de su corazón.

Alfonso Gamero hizo, luchó y peleó de todo para subsistir, pues fue uno de los mayores entre sus cuatro hermanos y en una familia de condición muy humilde: encaló paredes, pintó techos, vendió perejil y yerbabuena en el mercado, cogió carboncillo, alquiló sillas de la carrera oficial para ver la Semana Santa, sirvió de camarero, y hasta acompañó durante cerca de 20 años a su ídolo, Marifé de Triana, junto a la que siempre se sintió dichoso por encargarse de plancharle las batas de cola lucidas en sus espectáculos. Las únicas letras que pudo aprender en su vida las encontró en la oportunidad de asistir a un colegio de la calle San Luis.

La Esmeralda se convirtió en la figura principal de La Caseta, un lugar de copas  que estuvo muchos años en la carretera del municipio sevillano de La Rinconada. Allí actuaba con travestidas como Rosarito la Popeye, La Tornillo o La Soraya (esta última también muy popular).

Grabó y vendió por miles sus cassettes de chistes, producidos y publicados por la firma Senador, dirigida por Pablo Domínguez. Uno de sus más grandes éxitos fue “La Esmeralda y sus flamencas”. 

Deja para la historia un icono de atrevimiento y transgresión, de sinceridad de su elección sexual, desde el primer momento y sin esconderse en el ropero ni necesidad de salir por sus puertas.

Fue un gran devoto de la Virgen del Rocío y de la Esperanza Macarena, a la que acompañaba vestido de nazareno en cada madrugada del Viernes Santo. Y durante la Feria de Abril de Sevilla, la caseta con su propio nombre fue un referente clásico entre las que poblaban el Real, en la calle Pascual Márquez 227, siempre visitada por famosos que esos días acudían a la capital andaluza en busca del renombre de una felicidad universal que Sevilla sabe brindar a todo el mundo.

El periodista Julio Muñoz escribió sobre La Esmeralda: “Nació hombre, pero se travestía. Lo hizo en un momento de represión franquista, lo que la convierte en una heroína. Me parece muy bonito que combatiera la intransigencia y el desprecio con humor y amor. Es un retruécano muy guapo, porque tenía su propia caseta, vendía muchos discos y contaba chistes”.  




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