Manuel Jesús Mallén: “Andalucía necesita trabajar más la relación público-privada en investigación”

La proteína mTOR (mammalian Target of Rapamycin), descubierta en los años 90 por el sempiterno candidato estadounidense al Nobel de Medicina, Michael Hall, es una fuente de inagotable de descubrimientos en la lucha contra el cáncer y otros campos de la ciencia. 

Manuel Jesús Mallén Ponce (Aznalcázar, 1987) es doctor en Bioquímica y miembro del equipo de investigadores del CSIC en Sevilla compuesto por María Esther Pérez Pérez y José Luis Crespo, que ha descubierto un mecanismo para retirar el dióxido de carbono (CO2) atmosférico mediante el empleo de microalgas. El hallazgo ayuda a la producción de oxígeno y biomasa y abre nuevas posibilidades en el campo de la biotecnología. Sus investigaciones fueron publicadas la semana pasada por la revista científica estadounidense Proceedings of the National Academy of Sciences USA (PNAS)

– ¿En qué consiste exactamente vuestro hallazgo?

– Entre los retos para combatir el cambio climático se encuentra la retirada de CO2, uno de los gases que provoca el llamado efecto invernadero acumulado en la atmósfera desde la Revolución Industrial. Uno de los desafíos de nuestras investigaciones era averiguar si existía alguna conexión entre el CO2 y una proteína clave denominada TOR (Target Of Rapamycin) encargada de regular el crecimiento. Esta proteína se encuentra en las microalgas, en las plantas y en los propios seres humanos. Hemos descubierto que efectivamente existe una conexión clara en la asimilación de este gas por parte de las microalgas y la producción de biomasa. Es decir, percibe el CO2 y le dice a la microalga que crezca y acumule biomasa. Esa es la clave. TOR percibe esas fluctuaciones que redunda en la acumulación de biomasa, obtenida por la fotosíntesis, susceptibles de ser transformadas en biocombustibles y otras aplicaciones.

– ¿Y qué implicaciones tiene?

– Una vez que hemos puesto sobre la mesa la existencia de esta conexión, la siguiente pregunta sería: ¿Si nosotros modulamos esa actividad de la proteína TOR seremos capaces de aumentar la asimilación de CO2 en las microalgas aumentando la generación de biomasa? Sería pasar de una investigación básica a una aplicada.

– Entiendo que supone abrir nuevas líneas de investigación. 

– Efectivamente. La clave está en la modulación del dióxido de carbono en relación con la proteína y la biomasa. TOR es una proteína descubierta en los años 90 por el científico estadounidense Michael Hall, y es muy vital para el crecimiento celular.

– ¿Cuánto tiempo habéis empleado en esta investigación?

– Aunque parezca sorprendente, solo un año y medio. Esto nos ha abierto la puerta a poder solicitar nuevos proyectos de investigación al Ministerio.

– A efectos prácticos, ¿qué usos o beneficios nos puede traer vuestro trabajo?

– Tiene implicaciones ecológicas y biotecnológicas. Hay empresas que son como factorías verdes que se encargan de producir biocombustibles, pero también las hay que las utilizan para la elaboración de tintes, productos de cosmética y farmacia, alimentos, etc. 

– ¿Por qué microalgas y no plantas?

– Desde el punto de vista ecológico, las microalgas son capaces de asimilar el 50 % del CO2 de la atmosfera. Van a tener un papel muy importante en esta cuestión. Son más fácil de producir que las plantas, ya que se pueden cultivar en piscinas y solo requieren sol, agua y dióxido de carbono. Son organismos más simples, tanto a la hora de estudiarlas como de cultivarlas.

– En otras zonas de España ya se está haciendo. Qué tal vamos en Andalucía. Aquí estamos sobrados de sol.

– En Jerez de la Frontera tenemos una planta de la empresa Algaenergy que está en continuo crecimiento. Cultivan microalgas para diferentes campos como biocombustibles, estimulantes para el cultivo de plantas, biofertilizantes. Tienen muchos procesos abiertos.

– Lo que ya es irreversible es la apuesta por el estudio de estas denominadas ‘energías verdes’, ¿no?

– Sin duda. Porque la obtención es de manera natural y tiene un sinfín de aplicaciones.

– Por cierto, la Comisión Europea pretende ahora etiquetar el gas y la energía nuclear como verde ante el desorbitado incremento de los precios. ¿No cree que la llamada transición ecológica necesita debates más serenos?  

– Totalmente. No hay consenso entre los países miembros. Francia ha tomado por una vía, Alemania por otra… Al final necesitamos seguir investigando y analizando. No hay consenso porque falta mucha investigación y avances. Vamos demasiado rápido.

– ¿Llegará el día que empleemos microalgas en casa como utilizamos las placas solares?

– No lo sé. Hay países asiáticos donde la gente utiliza sus propios cultivos de microalgas en el hogar. Emplean tanques de crecimiento. Retiran el agua y lo utilizan como fertilizantes. En China también lo hacen para cultivar el arroz. 

– ¿En Andalucía, y concretamente en Sevilla, qué tal vamos?

– Vamos en buena línea y en continuo crecimiento. En nuestro caso, somos un instituto con bastantes recursos. Además, en Sevilla contamos con varias entidades dedicadas a estos estudios, como el Instituto de la Grasa o el de Recursos Naturales, que siguen una buena línea de investigación. No obstante, todavía es necesario trabajar más en la mejora de la relación público-privada. Andalucía necesita que las empresas se acerquen un poco más a la investigación para la transferencia de conocimientos, como ocurre en otras comunidades. 

– Mójese. ¿Considera que el denominado cambio climático es una cuestión provocada por el ser humano, por causas naturales o hay un poco de todo? ¿O quizás sea usted escéptico?

– Soy una persona de datos. Está claro que desde la Revolución Industrial el CO2 ha aumentado un 30 % y el cambio es real. Creo que estamos ante un reto mundial. Países como China están produciendo los mayores niveles de dióxido de carbono.

– Es obvio que existen amplias zonas del planeta que sufren deforestación. Sin embargo, precisamente países como Gran Bretaña han visto aumentada su masa forestal después de más de dos siglos de gestar en su territorio la citada Revolución Industrial. Al fin y al cabo, las plantas necesitan CO2 que transforman en oxígeno. Un proceso inverso, como sabe.

– Si el CO2 aumenta estamos beneficiando un aumento de la biomasa. ¿Se pueden beneficiar las plantas del cambio climático? Probablemente sí. ¿Puede haber un aumento de la vegetación? Sí. Existe un estudio que sostiene que ha habido aumento de este gas a partir de la Revolución Industrial. El CO2 beneficia la proliferación de todos los organismos fotosintéticos, desde las microalgas hasta las plantas. También hay amplias zonas que sufren deforestación. Al final se trata de encontrar un equilibrio. No es fácil.

Desde Aznalcázar a la Soborna

A Manuel Jesús Mallén Ponce le gustaba jugar desde pequeño en el río Guadiamar que serpentea las tierras de su Aznalcázar natal. Cuando estudiaba la carrera en la Facultad de Biología de la Universidad de Sevilla, hacía las veces de guía de naturaleza en el Centro de Visitantes de su pueblo. Y sobre todo se hacía muchas preguntas movido por la curiosidad inagotable de un joven maravillado por los misterios de la naturaleza. Su pasión por las plantas le llevó a conseguir una beca y doctorarse en el Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis (IBVF), integrado en el Consejo de Investigaciones Científicas (CSIC). El año que viene viajará a París para continuar su formación posdoctoral en la Universidad de la Soborna.




 

 

 

 

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