Mañana, 28 de marzo, quedará un año para el Domingo de Ramos de 2021

Mañana empezará la cuenta atrás de Sevilla para soñar con sus cofradías por las calles, porque hasta los mejores sueños también se aplazan. No se cumplirán el próximo 5 de abril, pero podrán estar desde mañana entre las mejores esperanzas del año que viene, el 2021: será 28 de marzo cuando llegue el Domingo de Ramos en su más plena naturaleza, con los pasos de La Paz atravesando el Parque bajo la arboleda frondosa que vuelva a hacer posible la jubilosa imagen de los nazarenos blancos sobre la pintura verde de las hojas y entre arriates y fuentes. La Plaza de España será más que nunca el abrazo concebido por su genial arquitecto Aníbal González, para acoger el comienzo de la Semana Santa de Sevilla de siempre, la de toda la vida antes de que la vida quedase interrumpida.

 Es todo un consuelo para Sevilla saber que al menos, desde mañana 28 de marzo, queda un año para el Domingo de Ramos de 2021. El Pregón de su Semana Santa se habrá celebrado entonces el 21 de marzo, nada más comenzar la primavera. Lo dará Julio Cuesta, ratificado estos días en su nombramiento por el Consejo de Cofradías. Ya no será el mismo Pregón, exactamente el mismo que íbamos a escuchar. Seguro. Nada, ni el Pregón, se podría quedar inalterable después de este sufrimiento mundial que ha ocasionado una pandemia impensable y desconcertante para la Humanidad del siglo XXI, la que ya había conocido en el anterior hasta la llegada del hombre a la Luna. Tantos calvarios harán escribir con más profundidad aún el Calvario. También el pregonero saldrá de esto fortaleciendo sus palabras, no me cabe duda de un hombre que ya de por sí sabía mucho de esa otra “pandemia” no contagiosa que es el cáncer. La otra “pandemia” que busca desde hace décadas su “vacuna” y su rotundo tratamiento.

Mañana queda un año para ir regresando desde la tristeza a la alegría. Y un año también para aprender a no hacer un ridículo remedo veraniego u otoñal de la Semana Santa de Sevilla. ¡De Sevilla, señores! La Semana Santa que tiene llena de lágrimas su secular historia, pero también de reciedumbre y madurez. Una historia de incendios y de destrucción, pero también de reconstrucción. Una historia de lluvias deshaciendo ilusiones, pero igualmente una historia de soles y cielos azules que siempre se supieron esperar. Sevilla es maestra en esperar, Sevilla es inigualable en Esperanzas con mayúscula.

Un año, sevillanos, mañana 28 de marzo queda un año: no para volver a ser quienes fuimos, sino para seguir siendo quienes nunca, ni en las peores circunstancias, hemos dejado de ser. No es la hora ni el tiempo de los frikis. Tampoco es ni la hora ni el tiempo de los que se piensan  -hasta en el Vaticano, que ya es decir-  que con las cofradías de este marzo sin ellas, se puede hacer una fotocopia para septiembre. Es la hora y el tiempo difícil en el que debe demostrarse cuánto vale cada cofrade.

Fotografía de Beatriz Galiano

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