Malos tiempos para la lírica presupuestaria en Andalucía. Las trifulcas internas en PSOE y Podemos hacen casi imposible la unanimidad

Puede considerarse una entelequia la posibilidad de que por primera vez los presupuestos de Andalucía se aprobasen por unanimidad, pero técnicamente se diría posible, pues se trata de unos presupuestos expansivos, que aumentan y superarán los 40.000 millones de euros, con un crecimiento sustancial en inversiones en Educación y Sanidad por causa de las exigencias de la pandemia, aunque, eso sí, primera discrepancia con los partidos de izquierda, con bajada de impuestos.

Los primeros elementos enunciados debieran ser suficientes para favorecer ese acuerdo unánime, aunque se antoja improbable porque a partir de ahí todo lo demás es politiqueo y, sobre todo, esta situación se dificulta porque pilla a ambos partidos de la oposición, PSOE y Podemos Andalucía, enfrascados y ensimismados en sus trifulcas internas, donde los problemas de la Comunidad Autónoma quedan opacados por los intereses del partido socialista y de la coalición antisistema (no se olvide que se autodefinen como “anticapitalistas”).

Salvo algunos rifirrafes parlamentarios, más de respuesta a las belicosas actitudes de algunos de los secundarios de Susana Díaz que de iniciativa propia, el tono conciliador del presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno Bonilla, ha sido casi una constante desde su llegada a San Telmo, tanto hacia la oposición como hacia el gobierno de Pedro Sánchez, y dicha actitud le legitima para hacer una llamada a la unanimidad más allá de las discrepancias de algunos criterios distributivos.

Ese ánimo de apaciguamiento ha llegado, incluso, a provocar que el grupo parlamentario de VOX anunciase su retirada de una negociación presupuestaria en tanto no se aclare si el gobierno de PP y C’s piensa buscar el apoyo de VOX o el del resto de formaciones políticas para aprobar los presupuestos.

El consejero de la Presidencia, Elías Bendodo, ha reiterado por activa y por pasiva que los de VOX son su primera opción preferente para buscar el acuerdo, pero no desea que el ofrecimiento de Moreno Bonilla al resto de partidos sea incompatible con dicha opción.

En el PSOE y en Podemos-Adelante Andalucía, sin embargo, andan demasiado enredados con sus cuitas y peleas internas como para prestar atención a un debate serio que permitiera aprobar por unanimidad los presupuestos.

Por un lado, a los problemas que arrastraba Susana Díaz respecto de la ejecutiva federal que domina Pedro Sánchez, se le ha unido la dimisión del secretario general del PSOE de Huelva y presidente de la Diputación, Ignacio Caraballo, acosado por los juicios pendientes por intento de soborno en Aljaraque y Cartaya y ahora acusado de acoso sexual a una trabajadora del partido, además de haberse gastado 100.000 euros en plena crisis en la compra de un coche Tesla con la vana excusa del cambio climático y resto de palabrería al uso.

La nueva secretaria general que le sustituye será una sanchista de la primera hora, única representante andaluza en la ejecutiva federal que no presentó su dimisión cuando la mitad más uno de aquel órgano forzó la dimisión inmediata de Pedro Sánchez. Es decir, a Susana Díaz se le está abriendo la tierra bajo sus pies y bastante tiene con preocuparse ahora de poner alguna clase de escayola para reparar la primera grieta que se le abre en su taifa andaluza. Su futuro es algo más que incierto si las huestes de Pedro Sánchez logran rodearla por completo, cosa que tienen al alcance de la mano.

En Podemos la cosa es aún casi peor, después de que Teresa Rodríguez y otros siete diputados de la corriente “anticapi” hayan sido expulsados por su coaligados y aquellos, a su vez, hayan pretendido desposeer de la portavocía del Grupo a una diputada de IU, Inmaculada Nieto, alineada con las tesis de Pablo Iglesias.

A la trifulca con afanes de rapiña de las subvenciones parlamentarias que reciben los grupos de la Cámara se ha sumado la pelea de leonas que han emprendido Teresa Rodríguez e Irene Montero, así como la de sus respectivos machotes, José María González “Kichi”, alcalde de Cádiz con los votos de IU, y Pablo Iglesias como caudillo de la afrentosa operación que descabalga de malos modos a sus antiguos socios que se prometieron amistad y lealtad.

Es decir, una purga de libro, un clásico dentro de las jerarquías del comunismo de facción frente al aparato centralizado que ni el tono asambleario ni la retórica al uso de los ‘aparatchiks’ de Galapagar logran ocultar ni tienen interés alguno en hacerlo.

Así las cosas, malos tiempos corren para la lírica posible, pero improbable, de Juanma Moreno y de una cierta unanimidad en la aprobación de unos presupuestos andaluces elaborados por Juan Bravo, de C’s, a contracorriente de la rapiña fiscal de la ex consejera de la Junta y hoy ministra María Jesús Montero.




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