Los obispos españoles hablan con el Papa sobre el Valle de los Caídos 

La cúpula de la Iglesia Católica en España se ha reunido con el Papa Francisco durante hora y cuarto, tiempo que ha permitido abordar diversos temas de actualidad, destacando entre todos las consecuencias de la pandemia  -que tienen muy preocupado al Papa- y el tema espinoso y complicado del Valle de los Caídos. 

En cuanto a las consecuencias de la pandemia, el Papa exhortó a los miembros de la Conferencia Episcopal a “no ser insolidarios” con los trabajadores e inmigrantes.  

Como cabía esperar, el orden del día tenía previsto el tema del Valle de los Caídos, ahora que el Gobierno español socialcomunista quiere convertirlo en un cementerio civil, estando el derribo de su gigantesca cruz entre las posibilidades arquitectónicas que le marquen su nuevo carácter, además de expulsar de allí a la comunidad de monjes benedictinos.

Como obispo de Madrid más directamente afectado por la polémica, Osoro ha hecho unas declaraciones: “El Valle de los Caídos puede ser una gran esperanza. Es un momento para que este lugar sea un lugar donde volvamos a recuperar la fraternidad, la reconciliación, la paz… y que buscamos que sea un lugar para volver a lo fundamental”. 

Las palabras de Osoro ya han sido criticadas desde muchos sectores católicos que las han calificado de ambiguas, propias de una Iglesia Católica cobarde, situada siempre al sol que más calienta e injusta con la memoria de Francisco Franco, que tanto protegió al catolicismo español del anticlericalismo y las barbaries criminales de la Segunda República: incendios de conventos e iglesias, violaciones de monjas que padecieron atrocidades hasta morir en un puro y cruel martirio, asesinatos de curas, destrucción de sagradas imágenes, profanación de sagrarios, etc.

En la misma línea timorata estiman la posición de arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, sobre el futuro del Valle de los Caídos: “Es un tema en el que los obispos estamos dispuestos a ayudar”. “A ayudar a qué, ¿a derribar la cruz de Cristo?”, se han preguntado no pocos católicos.

Omella ha pedido no obstante “que haya un diálogo en la sociedad y con nosotros, la Iglesia”. 

Osoro  ha querido aclarar que “lo importante son los sustantivos: hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Es una oportunidad grande para todos”. Sin embargo, miles de personas en las redes sociales no lo entienden así, acusando a la Iglesia Católica de subordinada del Gobierno para no perder sus ventajas económicas procedentes de las distintas administraciones, así como de mantener la casilla de la declaración del IRPF destinada a elegir la aportación dineraria a la Iglesia.

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