Los atufados por el video de la Junta usurpan y confunden un acento y un color con Andalucía (Video)

Acostumbrados como están a soltar barbaridades a toda hora poniendo en riesgo incluso los símbolos y la unidad nacional, al izquierdismo este de aluvión se le saltan enseguida las lágrimas por un acento, un plano, un color y se tira al suelo y hasta berrea como si el adversario les hubiera partido en dos la rodilla o el tobillo cuando ni siquiera le ha rozado.

 

 

Todo es impostura, exageración, hipérbole y farsa cuando se trata de arrear mandobles al rival o de simular agresiones no registradas, como ocurre ahora con la polémica atildadamente nacionalista por un video de la Junta de Andalucía que celebra el próximo 28-F, narrado por una impecable voz, la misma que se viene utilizando en las campañas institucionales desde hace una década y en la que hay algunos dejes reconociblemente andaluces en la frase de inicio y luego se desarrolla en impecable dicción que tampoco se corresponde ni de lejos con las de Valladolid o Salamanca.

Quienes pretenden reducir Andalucía a eso, a un deje, a una inflexión o a un color en verde y blanco, son quienes han venido usurpando el presupuesto a su capricho durante casi cuatro décadas y no tuvieron ni el menor reparo en olvidar y enterrar el 4-D o en subvertir todo aquel espíritu del andalucismo auténtico que impulsó a la autonomía andaluza a su máxima aspiración de autogobierno.

Quienes impostan su rabia de mentira son los mismos que, acomplejados en su jacobinismo de inicio y estructural, corrieron a añadirle una A final y con vergüenza (PSOE-A, PCE-A…) urgidos por el despertar de un partido el PSA, al que le robaron la cartera entre todos para prostituir la realidad de aquellos días.

Ni el PSOE ni el PCE habían creído nunca hasta entonces en esa capacidad de exigencia del pueblo andaluz ni sus dirigentes soñaron hasta esa fecha con un futuro en blanco y verde porque ni siquiera en toda su historia habían asumido los colores de la bandera como representación de nuestro pueblo. Es más, ni la conocían hasta que Alejandro Rojas Marcos levantó el estandarte y emprendió ese camino.

Al parecer, la inflexión fonética andaluza, que no es mayoritaria en parte alguna, ni por provincias, ni por comarcas y hasta hay tratados que diferencian entre las particularidades de Triana y de la calle Feria, ha de imponerse con la rigidez de quienes en su rica variedad decidieron por su cuenta flexibilizar y diversificar hasta el infinito el uso de nuestra lengua, encontrándose incluso variedades castellano-leonesas y hasta gallegas, ejemplo inmejorable del crisol de culturas que lleva implícito el propio himno de Blas Infante y que constituye el guión troncal de este video de la Junta de Andalucía para 2021.

Sobre la figura de Blas Infante, mejor se callen un rato también, pues en sus cínicas reivindicaciones ocultan cuántas veces horadaron el espíritu y la letra de su memoria.

Por lo demás, el impostado asombro se reduce a cuatro planos que habrían sido obtenidos de un banco de imágenes para ilustrar un video que no se apoya en el catálogo de imágenes monumentales al uso ni busca la promoción turística de la comunidad, sino apenas apelar con la misma enjundia de la letra del himno andaluz (buena elección de los guionistas) un espíritu de impulso y de fe y esperanza en nuestra tierra y en nosotros mismos sin acudir, ahí radica el mérito y su acierto, a lo obvio, a lo tópico, a lo evidente o a lo reduccionista.

Bien pudieron hacer uso del catálogo de imágenes inmenso y estremecedor que el cineasta Juan Lebrón atesora en sus archivos, ignorado en su tierra, pero cabe suponer que habrá más ocasiones y harían bien en encargarle algo de esa especie para conmemorar lo que haga falta, pero tampoco hay motivo alguno para la protesta y la algarada verbal por un video intenso que concentra el alma de esta tierra en una letra, la de su Himno.

Andalucía no es sólo un color, ni un sólo acento, ni un sólo plano que excluye a otros millones de planos, de acentos y de colores posibles, sino todos ellos, pero algunos prefieren atufarse de la misma farsa que durante casi 40 años nos vendieron como humo para apropiarse de los colores, de los acentos y de los monumentos como cosa de ellos y ponían el escudo de la Junta hasta en un puentecillo de troncos sobre el río Quema. Les vale todo con tal de desenfocar la lente y que el árbitro pite falta donde sólo hubo un piscinazo, una simulación y una mentira.




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