«Lo ocurrido en EE. UU. es un ‘pucherazo’ como el de febrero del 36 o los bombazos del 11M»
Guillermo Rocafort: analista internacional y experto académico en procedimientos electorales

Nuestro entrevistado es profesor de Economía Pública y de la Empresa en la Universidad Carlos III de Madrid. Es licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid y en Derecho por la UNED. Atiende la llamada de Sevillainfo en una segunda ocasión después de conocerse que la Corte Suprema ha desestimado la demanda presentada por el Estado de Texas sin siquiera escucharla. Parece que la pelota volverá a la Corte Suprema de cada Estado. Una cuestión de forma que por el momento no incide en el fondo de uno de los mayores escándalos políticos de la historia de los Estados Unidos.

Como analista y estudioso de procesos electorales, afirma y reitera que «las pruebas de pucherazo» en las pasadas elecciones presidenciales en los Estados Unidos «son incontestables». Y para probarlo, usted parte de un análisis científico que ha realizado sobre el informe, Corruption and Coercion: The Year in Elections 2017, cuyos autores son los profesores universitarios Pippa Norris, Thomas Wynter y Sarah Cameron. ¿Así se cocina un ‘pucherazo’?

– Puedo poner la mano en el fuego de que hay cosas muy sospechosas. En concreto me he basado en estos estudios realizados por la Escuela de Gobierno John F. Kennedy (maestro del pucherazo) de la Universidad de Harvard. Se trata de unos estudios sobre integridad electoral secuenciados en los informes que se hacen cada dos años. En dichos informes, los cuatro Estados bisagra, los denominados Estados Swing (Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin), son los que peor integridad tenían. Son estudios profundos que se hacen en base a unas encuestas dirigidas a expertos donde se les pregunta de todo: la Ley Electoral, la credibilidad que tienen los responsables electorales, los límites legales de los distintos distritos, el voto por correo, etc. En este informe se observa que su situación era realmente calamitosa, en concreto, Georgia, que tenía un suspenso. Es decir, estaba por debajo de una nación africana.  Estos Estados estaban en una situación de 61 sobre 100 en el ranking de integridad electoral. Curiosamente, en el adelanto del informe 2020, resulta que los cuatro se encuentras ahora en lo más alto, concretamente, han dado un salto del 61 al 79. Es decir, han escalado 18 puestos, en una clara manipulación de los datos que se están gestionando. No olvidemos que una de las autoras de este estudio es la prestigiosa politóloga Pippa Norris, una demócrata convencida, que lo que está haciendo es atornillar la victoria polémica de Biden con un informe que no se sostiene. Además, el informe cuenta con la bendición del resto de las universidades norteamericanas y el mundo académico en general. También hay que recordar que en la mayoría de las universidades de prestigio de los Estados Unidos, como Georgetown, está entrando mucho capital chino y estas guardan silencio.

Lo de Georgia es un ‘pucherazo’ escandaloso. Están diciendo que han votado a Biden y eso no se lo cree nadie. Es imposible. Es como si de la noche a la mañana en el barrio más batasuno de San Sebastián se dijera que ha ganado Vox. Es imposible. En esos parámetros se está moviendo las elecciones con el agravante de la presión mediática y de las redes sociales que están en manos de quienes están. Han intentado hacer la lluvia envolvente. Menos mal que el presidente Trump sigue resistiendo, porque cualquier otro hubiera tirado la toalla en el primer asalto.

– Hasta 17 Estados republicanos, encabezados por Texas, han impugnado los resultados ante la Corte Suprema Federal. ¿Qué significa esto? ¿Por qué todos juntos y no por separado? Explíquenos.

– Todo llega a la Corte Suprema porque el fiscal de Texas, Ken Paxton, ha interpuesto una acción en base a una serie de razones que ya no son solo de pucherazo en sí, sino que se ciñe a aspectos estrictamente legales, alegando que hay vulneración de la Constitución refiriéndose a estos cuatro Estados. Hay unos Estados republicanos que se han adheridos y luego están los demócratas que se oponen. Todos quieren ser oídos, porque todos son partícipes. Es razonable. También se ha adherido el presidente Trump y otras asociaciones conservadoras muy importantes. Esto iba a ser un macrojuicio. Ahora, tras conocerse la respuesta de la Corte Suprema, todo cambia. Lo más probable es que se resuelva en tribunales inferiores como la Corte Suprema de cada Estado. No sabemos cuál será el resultado porque no se puede predecir. Es un caso casi inédito. Hay que dejar a los jueces que deliberen y tomen decisiones. Lo que sí está claro es que en Texas no quieren que les hurten las elecciones, porque hay un argumento de sentido común: está en juego la legitimidad de los Estados republicanos.

– ¿Qué plazos existen para resolver esta situación? ¿Todo ha de quedar aclarado antes del próximo 20 de enero?

– No se puede predecir. El pasado 10 de diciembre era el plazo límite para las personaciones. Pueden validar las elecciones tal y como están y, por tanto, descartar las acciones de Texas o bien obligar a que las cámaras legislativas de los Estados afectados a que asuman ese poder de certificación, que yo creo que indebidamente han llevado a cabo los gobernadores y los secretarios de esos Estados, porque no debían haber certificado los resultados sin tener una confianza absoluta. Se pueden dar muchas soluciones. Luego serán las cámaras legislativas las que decidirá a lo mejor repartir los electores o hacer una auditoría en profundidad del voto por correo para descartar los votos ilegales, o repetir las elecciones. Lo que no podemos estar es como si se tratase de un pleito más, porque además estos demócratas y progres, cuando no les interesa arredrarse a los procedimientos, los eternizan. Es un tema estrictamente judicial. 

– Usted aventuraba en una entrevista tres días después de las elecciones que el sistema electoral estadounidense es deficitario por múltiples motivos. Posteriormente, en otra entrevista del 12 de noviembre, apuntaba que lo más sensato era repetir las votaciones en aquellos Estados en los que el fraude ha sido flagrante. ¿Sigue pensando lo mismo?

– Absolutamente. Sería la mejor solución pensando en la tranquilidad del sistema electoral. Pero claro, no repetirlas en las mismas condiciones. Habrá que respetar las normas electorales y habrá que purgar el censo. Aquí han utilizado el COVID-19 como excusa para todo y se ve clarísimamente, permitiendo que no entren observadores republicanos. Lo suyo es que ocurriera lo que, por ejemplo, pasó hace cuatro años en Austria con el asunto del tema de voto por correo, y que al final ganaron los ecologistas. Al final el país se ha estabilizado. Hay barrios enteros en los que la policía no puede entrar. Hay una violencia electoral inaudita. Lo que no puede ser es que uno reciba 100 mil votos y el otro 2000. Es un problema que viene de muy atrás. Trump ya dijo en 2016 que en las elecciones le habían mangoneado una gran cantidad de votos. Existen Estados en los que los demócratas están enquistados con todo su aparato de corrupción, como es el caso de ciudades como Detroit o Filadelfia, donde nos es que haya desaparecido la integridad electoral, es que ha desaparecido la integridad urbanística, la policial… Son ciudades fallidas. La repetición sería lo más saludable desde el punto de vista de la democracia.

– Esto ocurrió antes con el hijo de Bush frente Al gore, en Florida, en 2000 y también en 2016. ¿Este asunto puede superar escándalos tan conocidos como el Watergate?

– Llegar al origen de todo esto va a ser difícil. Hace falta una investigación federal. El problema es que los jueces tampoco están para resolver problemas políticos a nivel de sus Estados. Ha de haber una investigación especial y, por supuesto, federal. Que se investigue, que se interrogue a las personas que hemos visto sacando maletas con votos de debajo de las mesas mientras no estaban los observadores. Que se analicen los testimonios y las máquinas de votación, si estaban conectadas a internet. Es evidente que hay una maquinaria corrupta del Partido Demócrata. Esto no ha sido obra de una sola persona. Es una estructura. Hay que llegar al origen al igual que en el Watergate y ver qué papel juega el Partido Demócrata en la violencia en las calles, los movimientos antifascistas y sus relaciones con China. Sobre todo, por seguridad nacional. Entiendo que no quieran implicar a jueces federales en cuestiones partidistas, pero es que esto no es una cuestión partidista. La gente no se lo cree. Afecta a la credibilidad del sistema. Estamos ante una democracia fallida, con lo cual nos pone en muy mala posición al resto de las democracias. Lo que pasa en EE. UU. termina afectando a Europa. Lo ideal es que se sentaran a hablar por el bien del país, lo que ocurre es que los demócratas están acariciando el poder, se están repartiendo los cargos. El mundialismo no cede. Hay que llegar a una solución electoral satisfactoria. 

– El fiscal Ken Paxton (Texas) ha jugado un papel determinante en todo este asunto. Este Estado es muy singular.

– Texas es el Estado de la estrella solitaria, un Estado soberano que ondea a la misma altura que la bandera estadounidense. Se incorporó libremente y se podrá ir libremente. Lo ocurrido con la Corte Suprema no ha hecho más que avivar ciertos sentimientos secesionista. De hecho, hay un congresista republicano que ha propuesto un referéndum de secesión. Texas está viendo que el Estado federal no responde a las exigencias que propusieron cuando se incorporaron libremente. Es un Estado muy tradicional. Si Estados Unidos aboga por destruir la familia, estar a favor del mundialismo, contra la vida, los valores, ellos se van. De ahí el enorme significado que ha tenido que Texas haya promovido esta demanda.

– ¿Qué posibilidades tiene ahora Donald Trump?

– Está muy difícil. Es impredecible. Está poniendo toda la carne en el asador. Los argumentos son serios, pero una vez que se ha pronunciado la Corte Suprema sin siquiera escuchar los argumentos de la demanda, todo apunta a que Trump no podrá personarse y serán los tribunales de los Estados los que decidan cada uno por su lado, antes de devolver de nuevo la patata caliente a la Corte Suprema. También son impredecibles las acciones que llegarán de Trump junto a sus aliados. Esto es como el ‘pucherazo’ de febrero del 36 o los bombazos del 11M. El que hace un ‘pucherazo’ ya demuestra cómo va a gobernar. Es una declaración de intenciones y el Partido Demócrata va ahora a darle la vuelta al país. 

– Suponemos que sea quien sea presidente, el clima político en Estados Unidos va a ser tremebundo. Una guerra sin cuartel ¿no?

– Lo va a ser mientras los medios de comunicación, la cultura de masas y las redes sociales tengan el papel tan sectario que han tenido. Me parece muy bien que Estados Unidos haya instado a Facebook a desprenderse de Instagram y WhatsApp. Me parece fantástico. Espero que las tecnológicas sean partidas en 40 trozos y así no tenga ese poder de control y manipulación de las mentes de las personas que lo único que provocan es enfrentamientos. Ocurre como en España con el duopolio de los grandes grupos de televisión.

– Usted ha afirmado que si Biden es proclamado presidente, entramos de cabeza en una dictadura progre mundial; si Trump resulta reelegido, el mundo tendrá una esperanza. La democracia está en juego.

– Efectivamente. Ahí es donde está la gran batalla: entre mundialismo y patriotismo. Depende de lo que ocurra, esto se reproducirá en el resto de los países. Si Estados Unidos cae, con todo lo que representa este país, el resto de los países vamos a estar seriamente perjudicados.

– Según las últimas informaciones, los Biden tienen también su ramalazo pujolista o de gran familia socialista andaluza. 

– No sólo los hijos, sino también el hermano anda por ahí pululando. Han de ser como el clan de los Clinton también. Son personas que siempre han frecuentado los círculos de poder y ya sabemos cómo actúan algunos con la cercanía al poder. Lo vergonzoso es que haya salido ahora y no antes.  La opinión pública electoral tenía derecho a saber que la familia más cercana de Biden estaba metida en estos asuntos vinculados con China. 

– Los medios de comunicación se han arrogado el papel de árbitros dejando de lado su verdadera función de cronistas en este partido. Biden ha ganado y no hay más que hablar. Resulta inaudito el apagón informativo por parte de todas las televisiones en España y en gran parte del mundo tratándose de una cuestión de primera magnitud, informativamente hablando.

– Efectivamente. De hecho, es una de las grandes bazas que tiene el mundialismo. Y eso ha calado muchos entre los jóvenes. Esa tendencia que tienen las personas a creerse todo lo que dicen los medios de comunicación como si fuera un dogma de fe. Los medios de comunicación se han arrogado una autoridad que no les compete y nadie les ha dado. No es democrático, más bien es dictatorial. Los medios de comunicación en España y en Estados Unidos responden a los intereses de los fondos buitre, que se posicionan para alcanzar con mayor libertad sus depredaciones. Los medios de comunicación no son árbitros objetivos. El grupo Prisa, por ejemplo, está en su mayoría en manos de fondos buitre.  ¿Y qué intereses van a seguir? ¿Van a seguir el interés por la verdad? Eso no se lo cree nadie. Siguen los intereses del fondo buitre.

– Usted ha participado en muchos procedimientos electorales en nuestro país. El periodista sevillano, José María Arenzana, afirma que «si el voto fuera telemático sería el fin del mundo». Qué opina.

– Es un tema del que se ha hablado mucho también en los Estado Unidos. El gran problema es la cadena de custodia, la trazabilidad, pues no hay un contrapeso y no se sabe. No hay una supervisión en cada uno de los tramos, que es importantísimo. Al final todo eso perjudica la credibilidad del sistema. Por tanto, me creo que haya posibilidad de manipulación. Desde luego, el sistema invita y deja la puerta abierta a que se den estos casos. Las personas son personas y tiene sus creencias políticas y si tienen la posibilidad de  adulterar el resultado lo van a hacer. No me cabe duda. Y más cuando hay un entorno de enfrentamiento ideológico tan radical. 

– No estaría mal estar atentos aquí en España ¿no? Después de lo visto en la mayor democracia del mundo.

– Por supuesto. Han saltado todas las alarmas. Hay que tomar medidas. Hay que adoptar medidas que robustezcan la transparencia y la democracia. Dicen que no es democrático denunciar estas cosas, pero lo democrático sí es denunciarlo. Porque hasta que no se esté convencido de que los resultad son fiable, siempre estaremos ante la sombra de la duda que al final lesiona gravemente la credibilidad de democracia y nos perjudica como país libre.




 

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