Las manifestaciones feministas del Día Internacional de la Mujer registran un notable descenso en la participación

Para miles de mujeres y hombres lo mejor del 8 de marzo es que ya ha pasado, que ya es día 9. Las manifestaciones feministas y sus consignas estereotipadas, manidas y anacrónicas según la opinión precisamente de muchas mujeres, parecen empezar a cansar. Las cifras de participación han bajado notablemente en toda España respecto de los dos últimos años, 2018 y 2019.

En Madrid se ha pasado de 375.000 a 120.000. Y en nuestra comunidad autónoma de 130.000 a 80.000. Los datos que arrojan la participación en Sevilla no superan las 20.000 personas, una cifra escuálida para el censo de la capital de Andalucía unido al de los pueblos sevillanos.

El otro elemento a tener en cuenta es el de la fragmentación del feminismo, que ya se siente representado en varios frentes, no en uno sólo. Ni las mujeres parecen ponerse de acuerdo con las propias mujeres. Muchas de ellas no comparten ni los lemas ni la falta de estilo de los proferidos a gritos y con violencia verbal o escrita en las manifestaciones. Se ubican alejadas de la exageración e irrealidad de las reivindicaciones, “muchas de ellas ya superadas, pero pretenden aparentar que estuviésemos todavía como sufragistas”, declaran algunas.

La gran alianza que propugna la Ministra de Igualdad, Irene Montero, más que avanzar, retrocede por años. Si miles de mujeres asisten a las manifestaciones convocadas cada 8 de marzo como el de ayer, también otras miles se desmarcan de aquellas a las que consideran “rizando el rizo” del odio a los hombres, “sin marcar diferencias entre unos y otros y, por supuesto, diferencias y distancias con los criminales, como si todos los hombres fueran asesinos en potencia de sus parejas o cónyuges”. “Aún son muchas las mujeres que forman el grupo de las manifestantes, pero sumamos todavía más las mujeres que nos ausentamos de esta movida alimentada con ficciones”, agrega otra.

En el caso de Sevilla, y siendo los previos al 8 de marzo, la fachada de la Iglesia de San Martín, donde tiene su sede la Hermandad de la Lanzada, apareció pintada con una inscripción bajo el retablo en azulejo de Nuestra Señora del Buen Fin: “La Virgen María también hubiera abortado”. Este tipo de conductas ha desacreditado mucho al feminismo. Como le ha restado credibilidad el hecho de que ciertas famosas se hayan colocado justo enfrente de sus absurdos, como la actriz y presentadora Bibiana Fernández, que enjuiciando las propuestas de reformas penales de Irene Montero ha llegado a afirmar que “si a un albañil le ponen una multa por decirme un piropo, yo le pago la multa”.

Miles de mujeres se están manifestando en las redes rechazando que lo que consideran una dictadura feminista venga a imponerles qué tienen que ser como mujeres, negándoles la libertad a cada una para elegir lo que que quieren ser. No están dispuestas a recibir ahora un nuevo calificativo, el de “mujeres florero”. Además, el último alegato para suprimir el patriarcado les parece obsoleto y fuera ya de práctica en estos tiempos.




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