Las Elecciones gallegas y vascas dan los avisos para las generales: El PSOE no avanza, Ciudadanos se hunde con lo que toca, Podemos desaparece y Vox irrumpe nada menos que en el País Vasco.

Aunque los resultados electorales en Galicia y el País Vasco tengan naturaleza propia, no dejan de señalar tendencias futuras. A partir de las mayorías del PP en Galicia (absoluta por cuarta vez) y del PNV en el País Vasco, los datos contantes y sonantes de las urnas (no del manipulador y siervo Tezanos) se abren desde los sobres a interesantes lecturas-tráilers de lo que pueda pasar en la España difícil del coronavirus.  

 No cabe duda de que se ha pasado de lo imaginario a la realidad y de la fábula a la moraleja, porque el escrutinio está lleno de enseñanzas no sólo sobre el presente, sino sobre el futuro.

La noche electoral vació las urnas de contabilidades irrefutables, ajenas a tantos vaticinios optimistas.

Por encima de todos, el PP de Feijóo  -¡cuidado, Casado, de Feijóo!-  y el PNV de Urkullu. Después el resto.

El PSOE en Galicia se encuentra estable, como los enfermos. Y como en la callejuela sin salida: ni palante ni patrás, con una respiración asistida de sólo 15 escaños. Su socio de pesadillas, el comunista Podemos se queda fuera del mapa, no existe ya en Galicia como comunidad autónoma. Ha perdido los 14 diputados y su rol de segunda fuerza desde hace cuatro años. Que Dios coja confesada a Galicia desde ahora en Feijóo de las venganzas totalitarias de Pablo Iglesias, el rojo de los catorce guardias civiles a la puerta de su mansión solidaria. Y el BNG logra el segundo puesto  con 19 escaños, surgiendo un nombre a retener desde ahora a escala nacional, el de Ana Pontón. Por último, Ciudadanos y Vox empeoran sus situaciones anteriores.

En el País Vasco, como en Galicia, el PSOE vuelve a estabilizarse en su enfermedad. Sólo tiene 10 escaños21 menos que el PNV y 11 menos que EH Bildu. Pero Idoia Mendia se ha encargó esta vez del triunfalismo, afirmando que es “muy buen resultado”. Una comparecencia más o menos tan patética como la de Carlos Iturgáiz, que apareció contentísimo tras perder la mitad de los escaños, seguramente como consecuencia de unirse en coalición a Ciudadanos, un partido que ya pudre todo lo que toca desde su complicidad con el PSOE, apoyando las prórrogas del  estado de alarma. Esto estaba más que anunciado con Inés Arruinada, que se ha hecho inolvidable impidiendo la libertad constitucional de movimiento de los españoles. EH Bildu se hace con más porción del queso electoral, ganando cuatro escaños más para acabar sumando un total de 22, que le convierten en la segunda fuerza parlamentaria vasca. Podemos se cae otra vez en un camino que lleva ya más caídas que un Vía CrucisHa perdido 5 escaños.  Si no fuera por las ambiciones desmedidas y enfermizas de Sánchez…  Y Vox entra por primera vez en el Parlamento vasco.


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