Las drásticas consecuencias de suspender por segunda vez la Semana Santa 

No se quiere ni pensar, pero está en el pensamiento. Si llegada la próxima Semana Santa de 2021 la situación sanitaria recomendara por segundo año consecutivo la prohibición de salir las cofradías a la calle, provocaría en el mundo de las hermandades daños gravísimos de todo tipo, algunos de ellos seguramente irreparables, quizás hasta el punto de hacerlas regresar históricamente a los tiempos que conocieron las extinciones y desaparición de muchas de ellas. Si tampoco salieran las cofradías el año que viene, estaría en juego la supervivencia de algunas de las corporaciones actuales. Y junto con las cofradías, igualmente se verían dramáticamente lesionados los gremios profesionales y artesanos que se mantienen en torno y gracias a las cofradías. 

 El asunto es muy serio. Tanto como para que voces cualificadas y de la categoría artística de Francisco Carrera Iglesias, ya hayan advertido del peligro que corren los talleres de bordados. Sólo considerando a este importante sector, ¿qué sería de unos futuros tiempos, superada ya la pandemia, en los que las cofradías no pudieran recurrir a ellos? , ¿en qué condiciones terminaría un valioso patrimonio de mantos, sayas, túnicas, faldones, insignias, etc. sin manos expertas para restaurarlo?, ¿qué posibilidad digna y en consonancia con trabajos realizados en anteriores épocas de esplendor quedaría para la necesidad de nuevas creaciones?  

Desde la rama del bordado cabe preguntarse lo mismo para la orfebrería, doradores, cereros, escultores, tallistas, confeccionadores de túnicas y capirotes, floristas, esparteros… y tantos otros gremios que convergen en las hermandades, a las que principalmente suministran lo que necesitan.  Hay más zonas cofrades, sin ser oficios artesanalmente considerados, a las que invadirían los efectos devastadores de otra suspensión, por ejemplo las bandas de música, los capataces y sus cuadrillas y, apurando, hasta las artes gráficas.  

La subsistencia de oficios tan específicos respira principalmente en la periodicidad anual de cada Semana Santa, además de que se tenga en cuenta la demanda de sus trabajos en el supuesto de las hermandades de Gloria y Sacramentales, no sólo las de Penitencia. 

Pero la problemática que resultaría de suspender de nuevo las cofradías en la calle abarcaría incluso la cuestión de si la nómina completa actual superaría atravesar históricamente esta crisis. Para preguntarlo tan claro como duro: ¿Forzarían las implacables circunstancias de la pandemia a la extinción de algunas o muchas de nuestras hermandades? Porque no todas estarían preparadas para afrontar su sostenimiento con presupuestos autónomos. De todos es sabido y en tantos casos hasta qué punto las subvenciones del Consejo les son decisivas. Pero, ¿qué pasaría si el año que viene tampoco se contara por este organismo con la instalación y explotación de las sillas y los palcos?¿qué hermandades se tendrían entonces por autosuficientes y cuáles dependerían de esta vía de manutención dineraria? Se necesitaría en muchos casos la aportación de sus respectivos y más directos devotos en un sobreesfuerzo de cuotas extraordinarias para permanecer tras la pandemia. En cierto modo, incluso se volvería de manera muy rescatada a los tiempos de auténticos mecenas y benefactores de las cofradías, aquellos que las sacaron de la depresión en que las dejó la Guerra Civil española, aquellos tiempos en los que fue imprescindible el dinero particular de los más pudientes para liberarlas de necesidades que, en otro caso, hubieran sido insuperables.

 

 

La comunidad científica no puede vaticinar aún el fin total y tranquilizador de la crisis sanitaria a nivel mundial. Se persigue con la máxima celeridad el hallazgo de una vacuna eficiente o, cuando menos, que lo sea un tratamiento contra el coronavirus. Pero hoy por hoy se vive en una permanente posibilidad de contagios colectivos y a expensas de unas medidas que intentan evitar los rebrotes de la pandemia en todas partes. 

Los políticos se muestran cautelosos respecto a todas las masificaciones en general, de momento prohibidas por el conjunto de las normas a seguir en la denominada “nueva normalidad”, pero de manera especial guardan silencio si se trata de procesiones. Se deduce que quieren ganar tiempo en relación a la Semana Santa y la ventaja que pudieran dar los nueve meses que faltan para la siguiente en 2021. No ignoran el coste electoral que les acarrearía una medida tan impopular como volver a dejar a miles y miles de personas sin cofradías en la calle, además de producir lamentables efectos colaterales más allá de los religiosos y emocionales, como sucede con los cuantiosos ingresos que la celebración de la Semana Santa genera para la ciudad, sobre todo cuando hay por delante un reto económico tan cuesta arriba como el de reactivar el turismo. 

Pero lo cierto es que Sevilla no ha encontrado hasta la fecha siquiera una mínima oportunidad de alguna procesión que le hubiese brindado una forma de sentirse “ensayando” las posibilidades de la próxima Semana Santa. Ni la Virgen de los Reyes saldrá en el cercano 15 de agosto. Cabildo y Asociación de Fieles han estimado conveniente no pisar la calle. Sin embargo, la ocasión se pintaba idónea como prueba que orientara sobre qué decidir en Semana Santa. El recorrido de la Virgen de los Reyes siguiendo el perímetro de la Catedral hubiera propiciado en gentío y afluencia el análisis de una especie de embrión de la Semana Santa. 

Al menos existe ya la facultad para el Ayuntamiento, puesto de acuerdo previamente con el arzobispado, de autorizar salidas procesionales.  Pero la Junta de Andalucía parece contradecirse con el ámbito eclesial y municipal cuando afirma que no considerará abandonar las pautas colectivas de la “nueva normalidad” hasta que no haya una vacuna. La Junta se da un largo plazo de retorno a lo que fuimos multitudinariamente, que calcula allá precisamente por la próxima primavera. La incertidumbre está en el aire: ¿la próxima primavera incluye o excluye a las cofradías en la calle? 

Fotografías de Beatriz Galiano




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