Las colas del negocio más polémico de Sevilla 
Vergofres y chochofres entre el gusto y el escándalo 

No cabe duda de que ha sido la revolución del centro de Sevilla en las últimas semanas. La apertura del local de La Verguería en la calle Cuna ha provocado la polémica en la vida comercial de la ciudad. La venta de dulces falos y jugosas vaginas ha creado más división de opiniones que por una faena en La Maestranza, y más debates que por levantar El Corte Inglés sobre la demolición de una casa palacio.  

Cientos de jóvenes meriendan ya de otra forma. ¡Qué lejos se han quedado los tiempos del pan con chocolate! Ahora se comen vergofres y chochofres, pollas en helados y coños con nata, genitales talla XXL. 

El nuevo comercio se ha pasado los primeros de sus días librando batallas legales, como la del color rosa intenso de la fachada de su establecimiento. Ahora supera la mirada atónita y escandalizada de miles de transeúntes que contemplan con estupor a quienes tienen paladares en los que cabe de todo. Pero entre una incomprensión y otra sumada al critiqueo de una ciudad originalmente conservadora y tradicional, lo cierto es que La Verguería se ha impuesto en pocas semanas como un gran éxito de esta peculiar y caliente repostería.

La prensa local se ha hecho eco del acontecimiento que contraría a los sectores más clásicos. Los mejores articulistas, como Euleón o Carlos Navarro Antolín,  no se han reprimido para escribir sobre este fenómeno extraño y singular que se ha atrevido a abrir sus puertas en la capital donde es tan difícil abrir nuevas puertas y formas sociales.

La idea llega de Sitges, donde hace cuatro meses su ideóloga Andrea Suárez la inauguró. En su opinión ha hecho lo mismo en Sevilla “porque la gente lo pide a gritos”. Cualquier expresión respecto a esta nueva especie de confitería adquiere rápidamente un doble y pícaro sentido, como lo de “a gritos”. 

Los vergofres y chochofres se pueden gotear con eyaculaciones al gusto de cada uno: nutella, chocolate kinder, leche condensada, Oreo, Chips Ahoy y muchos toppings más. Pero también elaboran hot dogs con forma de pene bañados en salsa de queso.  

El gusto está servido por módicos precios al alcance de toda perversión y pasión gastronómica y alimentaria, desde casi 4 euros. Y la calle Cuna acoge a diario la muestra más evidente de una Sevilla que ya no es la misma de siempre, que está cambiando a pasos agigantados en su comercio tradicional, y que está haciendo convivir respetuosamente a los ardientes consumistas junto a los escandalizados que a su paso por la céntrica calle no dan crédito al descubrir y comprobar por ellos mismos las largas colas de quienes aguardan su turno en espera de experimentar un nuevo sabor, atendidos y entretenidos mientras tanto por un detalle de la casa. Hablando de casa, si en Casa Marciano hubieran visto esto… 

Fotografía de Beatriz Galiano




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