Lágrimas de San Pedro con “toque” especial

Su tradicional fecha, el 29 de junio, ha librado a las Lágrimas de San Pedro del silencio de una Sevilla suspendida, la que ahora vuelve a recuperar poco a poco su auténtica naturaleza. Las Lágrimas de San Pedro han llegado en el momento oportuno, cuando hace sólo unos días el país ha salido del largo estado de alarma de casi tres meses. La Banda del Sol ha vuelto a interpretarlas desde el cuerpo de campanas de la Giralda, tanto recién comenzado el día de la festividad católica de San Pedro y San Pablo, a las doce de la noche, como a las doce del mediodía. Pero por esta vez con un “toque” muy especial, digámoslo así. El toque de siempre con una emoción distinta, el recuerdo a las víctimas del coronavirus.

La ceremonia más pública y de puertas afuera ha tenido lugar a partir de las once y cuarto de la mañana del día 29, cuando los lanceros y clarineros de la Banda del Sol salieron de la Catedral por la Puerta de las Campanillas, para desfilar por la Plaza de la Virgen de los Reyes, las gradas catedralicias de la calle Alemanes, la Avenida de la Constitución, la Plaza del Triunfo (que excepcionalmente han cruzado ante el monumento a la Inmaculada como lo hacen el 8 de diciembre), para entrar de nuevo por la Puerta de las Campanillas.

De nuevo ocultos a la vista del público  –cientos de personas que seguían el itinerario sin parar de sacar con sus móviles fotos y videos-, los lanceros y clarineros de la popular Banda del Sol han rendido homenaje y pleitesía a la Patrona de Sevilla en su altar de la Capilla Real y sólo los clarineros se han dirigido hacia la puerta que les permite subir la Giralda para hacer sonar diáfanamente desde el cuerpo de campanas las seculares Lágrimas de San Pedro.

Todo este ritual que se repite año tras año, en 2020 se ha desarrollado sin embargo con un carácter único, pues han formado parte de su cortejo representantes de los distintos sectores sociales a los que el gran conjunto de la población española ha mostrado su reconocimiento por luchar en la primera línea de combate contra el coronavirus: doctor Enrique Pérez López, del Servicio de Urgencias del Hospital Universitario Virgen del Rocío; Pedro Pérez Soriano, enfermero de dicho Servicio de Urgencias; Felipe Carrasco, guardia civil, del que se da la circunstancia de ser también miembro de la Banda del Sol, por lo que ha actuado en su doble condición; Jesús Jurado González, miembro de la UPR de la Policía Nacional en Sevilla; José Manuel Palomo, oficial de la Policía Local de Sevilla; José Pérez Bernal, doctor y director de trasplantes del Colegio de Médicos, además de miembro de la Hermandad del Sol; y Antonio Diosdado, cabo primero de la Unidad Militar de Emergencias.

Como siempre, acompasando sus pasos a los del cortejo, ese hombre llamado Rogelio Gómez Trifón, una de las grandes suertes de Sevilla, autor material y alma de esta tradición un día perdida,  que recuperó para la ciudad con la colaboración de Antonio Burgos, Federico María Pérez Estudillo y Eusebio Pérez Álvarez-Ossorio.

Ya en el cuerpo de campanas, y cuando se iba a interpretar la cuarta tanda de toques de las Lágrimas de San Pedro por la cara de la Giralda que da a la Plaza Virgen de los Reyes, Alejandro Montes Velasco, uno de los tres directores de la Banda del Sol (junto a Pablo Cumplido y Francisco Javier Pérez), colocándose tras los clarineros les pronunció unas sentidas y emocionantes palabras encomendado dedicar esos últimos toques de 2020 a todas las víctimas del coronavirus, a todos sus héroes sanitarios y en las Fuerzas de Seguridad, así como a todas las hermandades de Sevilla. Una cerrada ovación por parte de miles de personas que habían escuchado las tradicionales Lágrimas de San Pedro, llegó desde las calles en torno a la Giralda hasta su alto cuerpo de campanas, como si así se devolviera en agradecimiento de Sevilla lo que Sevilla recibe todos los años de la Banda del Sol y de ese eterno enamorado de su ciudad que es Rogelio Gómez Trifón.

 

Reportaje fotográfico y vídeo de Beatriz Galiano.

 

 

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