La torpeza de la Junta con la Cruz de Aguilar de la Frontera le dio alas a la alcaldesa para cometer su barrabasada
Parlamentarios de Vox se personarán en la villa para pedir el cese de la consejera de Cultura

A veces las administraciones públicas actúan como si operasen en un limbo ajeno a la sociedad a la que se debe y que las sostiene. Basta introducir un mínimo elemento de intencionalidad para que todo el aparato pretendidamente aséptico y neutral se salga de su órbita y vaya a estrellarse contra sus gobernados.

Es lo que ha ocurrido con el caso de la Cruz que la alcaldesa comunista de Aguilar de la Frontera, Carmen Flores, la misma que luce en su despacho una inscripción en árabe, ha ordenado retirar de manera alevosa y maliciosa y luego la ha querido destrozar para escarnio, afrenta y bochorno de la inmensa mayoría. Y todo ello bajo la mirada pretendidamente aséptica, pero, a la postre colaboracionista e impasible de la Junta de Andalucía.

Una representación del Grupo Parlamentario de Vox se personará mañana viernes en el convento de las Descalzas para visitar el monumento y encontrarse con los ciudadanos y la Prensa en un acto de reivindicación y de protesta contra todo lo actuado por la muy demagoga alcaldesa en torno a la Cruz de Aguilar de la Frontera, pero sobre todo también contra la Junta de Andalucía, cuya torpe actuación ha permitido y dado alas a las pretensiones obscenas e irrespetuosas de la edil para con los sentimientos religiosos de los ciudadanos. Vox ha solicitado el cese inmediato de la consejera de Cultura por la perniciosa actuación administrativa.

En ningún momento del proceso administrativo emprendido por la muy sectaria Carmen Flores ha ocultado que su verdadero interés en la Cruz era por completo ajeno a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica y mucho menos aún se debía a ninguna clase de interés estético, artístico o conservacionista del patrimonio anejo, aunque para lograr su verdadero objetivo haya tenido que cumplir (más bien usar) todos los trámites legales exigibles, para así parapetarse de las acciones judiciales que pudieran emprenderse contra su deliberada mala leche.

Por su parte, la Comisión Provincial de Patrimonio de la Consejería de Cultura, haciendo como que se cayó de un guindo o como si no quisiera saber la realidad de lo que la muy sectaria alcaldesa se traía entre manos, motivó con una desidia más lánguida que inerte, la posible retirada de la cruz ornamental, aduciendo peregrinas hipótesis sobre posibles filtraciones que podrían afectar a la humedad de los cimientos de la iglesia y hasta de los frescos interiores y que bien podrían haber solventado cubriendo el alcorque que la aposentaba.

No lo hizo en su informe la Junta de Andalucía, según publica ABC de Sevilla, y de ese modo ha dado vía libre a la retirada salvaje, por la espalda y sin conmiseración alguna de una Cruz ajustada a la norma y que en nada entorpecía al pueblo, cargando así de postas la escopeta con la que ha disparado la alcaldesa comunista.

Una Cruz que, al parecer, pertenecía en propiedad al Ayuntamiento, pero sobre la que nada se ha mencionado aún en cuanto a la propiedad del terreno colindante del ensanche o plazuela donde estuvo colocada durante años. La placa que recordaba a los caídos fue retirada tiempo atrás para dejarla desprovista de vinculaciones con los hechos de la guerra civil y sobre quiénes fueron los impulsores de la colocación de la misma allí como en tantos otros pueblos de Andalucía.

Pero aludir a quiénes fueron los autores es tan peligroso que, en tal caso, quizá la Junta pudiera motivar el derribo de casi todos los embalses y hospitales de Andalucía, además de las viviendas sociales construidas durante el franquismo, de cuyas fachadas, en cambio, sólo ha sido menester retirar las placas que existían con el yugo y las flechas de Falange.

La demostración palpable de la intencionalidad manifiestamente perversa y sectaria de la alcaldesa queda acreditada desde el momento en que siguió en sus trece, con la anuencia o hasta la connivencia de las autoridades de la Junta de Andalucía, y cuando aceleró de la noche a la mañana las maniobras para proceder a cortarle primero y luego a destrozarla antes de que diversos grupos de ciudadanos espontáneos se presentaran en el vertedero para recuperarla y llevarla a un lugar digno y protegido de la agresión comunistoide.

Ni siquiera tuvo la deferencia el Consistorio presidido por la comunista Carmen Flores de ceder a las monjas un pedazo de la Cruz como habían solicitado para guardarlo de recuerdo, lo que prueba el interés frentista y bochornoso perpetrado con la plácida anuencia de la Junta de Andalucía.

El escritor Alfonso Ussía en un tuit retaba horas después a la alcaldesa, que tiene a sus espaldas en su despacho municipal un ridículo rótulo de cerámica con su nombre y apellidos escritos en caracteres árabes, a proceder de parecida forma con un Corán y le proponía, si tenía narices, que lo arrojara luego al mismo estercolero.




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