La Seguridad del Ayuntamiento deja en peligro a los ciudadanos

Miles de transeúntes viven ya diariamente atemorizados con la experiencia cotidiana de que las bicicletas, patinetes y otros vehículos de tracción rodada les sorprendan invadiendo temerariamente sus zonas peatonales. La única alternativa que les queda por ahora, además de su suerte para no ser atropellados como ya lo han sido otros, es esperar resignadamente a que el Ayuntamiento de Sevilla dé una solución verdaderamente eficaz y enérgica a este tema, a que elabore y aplique una normativa que proteja la integridad física (y hasta la vida incluso) de los peatones. Pero desgraciadamente con lo único que se cuenta hasta ahora es con la incompetencia del delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, que parece marear la perdiz mostrándose incapaz de actuar con urgencia.

La única ocurrencia y propuesta del delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, ha sido la de abrir, desde mediados del mes de enero, un plazo de participación ciudadana para que los interesados -sobre todo quienes transitan impulsados por motores, como en el caso de los patinetes- opinen sobre la normativa que fuera conveniente para atajar esta problemática.

Pero esa alternativa deja el tema en stand by, abocando a los peatones a transitar constantemente sobresaltados ante las invasiones que sufren en las calzadas, atónitos de experimentar cuántas veces se salvan por milímetros de ser atropellados. Cientos de bicicletas y patinetes no respetan a diario la obligatoriedad de circular por los carriles bici, además de cruzar calles en contramano o dirección prohibida, abordar aceras, doblar en ellas las esquinas sin la más mínima prevención de encontrarse a la vuelta y de pronto a los que andan por ellas, circular a gran velocidad e incluso adelantándose unos ciclistas a otros, etc.

La ciudadanía de a pie clama ya por una regulación inmediata, pensando que ha terminado siendo paradójico haber recibido desde niños la educación vial de ir por las aceras para evitar los atropellos de cualquier vehículo y, sin embargo, acabar en ellas corriendo ese riesgo todos los días, incesantemente.

La opinión pública cuestiona ya al Ayuntamiento, que tiene encomendada la normativa por la Dirección General de Tráfico, porqué los conductores de bicicletas y patinetes no están obligados por ley a superar y aprobar el examen de conducir siquiera teórico. ¿Hay alguna razón de peso para permitirles, en manifiesta injusticia con quienes circulan por ejemplo en coche o motos, la presunción de conocer las señales de tráfico, lo que es un stop, un ceda el paso o una dirección prohibida? ¿Y por qué no están sujetos a matricular sus bicicletas o patinetes? ¿Cómo está permitido potencialmente que si un ciclista arrolla a un peatón y se da a la fuga después de hacerlo, nadie -ni el interesado ni los testigos que presencien el accidente- tengan la posibilidad de identificarlo? ¿Por qué bicicletas y patinetes no están sujetos a contratar un seguro mínimo y legal de daños a terceros?

Nuestros lectores nos han hecho llegar, en montones de ocasiones, la queja de que el criterio de base del Ayuntamiento para afrontar la regulación (que sean vehículos de motor) carece de ratio legis, pues creen que está en la velocidad -de bicicletas y de patinetes- el valor decisivo para establecer una normativa adecuada a la realidad. La colisión de derechos no radica en un motor de mayor o menor potencia, sino en la elemental diferencia de velocidades que se da a priori entre alguien que anda y alguien que va sobre ruedas.

Por último, y como el colmo de los despropósitos del Ayuntamiento demorándose en el control definitivo de este gran problema de la ciudad, muchos ciudadanos solicitantes de licencias municipales para circular con patinetes, están contrariados por haber recibido la respuesta de que la concesión de las mismas no se producirá hasta después de las Elecciones de mayo. Cabe esperar que muchos no esperen, cabe suponer que la impaciencia ponga a circular ilegalmente con patinetes a quienes aún no tengan su autorización.

Entre tanta dilación del Ayuntamiento y la ineptitud de su Delegación de Seguridad, con Juan Carlos Cabrera como titular, para saber reaccionar a tiempo de evitar cualquier día un suceso dramático, los sevillanos y los ciudadanos y visitantes en general, están en peligro.



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