La primera cirugía coronaria de España, en el Hospital sevillano de las Cinco Llagas, cumple 50 años. La pandemia impide celebrar actos de homenaje. La llevó a cabo un miembro del “equipo médico habitual” de Franco.

El próximo lunes, 5 de octubre, se cumplen 50 años de la primera cirugía de coronarias practicada en España. Se llevó a cabo en el viejo Hospital de las Cinco llagas, hoy convertido en la sede del Parlamento de Andalucía, a manos del cirujano jiennense Ramiro Rivera López acompañado de su equipo de especialistas y de un profesor canadiense, de la Universidad de Montreal, con cuya institución se firmó un convenio para la formación de futuros cirujanos cardiovasculares.

Aunque varios de los protagonistas de aquella actividad pionera en España aún viven, la situación actual originada por la pandemia del coronavirus impedirá celebrar esta significativa efeméride y ni el Colegio de Médicos ni la Real Academia de Medicina podrán efectuar los actos que hubieran deseado poner en marcha en recuerdo de aquel sorprendente avance para la ciencia médica.

Corría el año 1970 y habían transcurrido apenas tres años desde que el doctor sudafricano Christian Barnard ensayase el primer trasplante de corazón, que tuvo lugar en 1967, convirtiéndose en una celebridad mundial a pesar de que el paciente falleció a los 18 días de ser intervenido por causa de una neumonía. El siguiente trasplantado con esta técnica, en 1968, vivió casi año y medio, pero se había abierto la puerta a una especialidad espectacular y casi desconocida que hasta entonces parecía casi imposible.

La intervención quirúrgica llevada a cabo en las Cinco Llagas no fue un trasplante, pero sí la realización de un complejo by pass para conectar con la coronaria derecha en un paciente que sobrevivió muchos años en perfecto estado. Faltaban apenas unos meses para la llegada del primer hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969, y el profesor Grande Covián, en EE.UU. comenzaba a hablar de la importancia de la dieta en la aparición temprana de algunas enfermedades cardiovasculares y a derribar los mitos negativos sobre el aceite de oliva y la dieta mediterránea.

Si el doctor Barnard contó con la ayuda de otros veinte médicos durante las 9 horas que duró la operación, el español Ramiro Rivera, quien en 1982 llegó a presidir la Organización Médico Colegial de España, se hizo cargo de aquella acción pionera con los miembros habituales de su servicio del viejo hospital hispalense, además del doctor canadiense ya mencionado, y con el apoyo de la sencilla tecnología de entonces, la cual obligaba, por ejemplo, a calentar la sangre a través de una bomba extracorpórea mediante una lámpara antes de reintroducirla en el paciente y se medía constantemente la presión con un ingenioso ramal de mercurio también externo.

Un especialista se encargaba de anotar minuto a minuto lo que acontecía en cada operación, como una especie de bitácora de la delicada cirugía que se practicaba en aquellos quirófanos, como un Pigafetta que anotase todos los detalles de cada magna singladura, lo que da idea de la importancia que se concedía a la novedad de cuanto estaba empezando a desarrollarse y permitiría reconstruir al detalle, con fines científicos, las técnicas empleadas y los avatares que se registraban en cada ocasión.

Faltaban aún cuatro años para la inauguración del Hospital universitario Virgen Macarena, en 1974, después de un período de pocos años en que la mayor parte de los servicios médicos del Cinco Llagas fueron trasladados al Hospital de San Pablo, en unos barracones de la Base americana en la capital.

Poco tiempo después de aquella primera operación de coronarias ejecutada en Sevilla, la primera de España de esta novedosa especialidad, el doctor Ramiro Rivera se trasladó al entonces llamado Hospital Francisco Franco (hoy Gregorio Marañón), donde se encargó de tratar la tromboflebitis que padecía el jefe del Estado, formando parte así ocasionalmente del que al año siguiente se denominó “el equipo médico habitual”, según la expresión utilizada por los noticiarios de aquel tiempo y en el que se quiso integrar a martillazos el yerno del dictador, Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde y duque consorte de Franco, de triste recuerdo por su participación, entre otras cosas, en la publicación de una fotos luctuosas del general en estado de postración en los últimos días de su existencia mientras estaba ingresado en dicho hospital.

Para desgracia del Servicio de Cirugía Cardiovascular de aquel viejo hospital sevillano, luego integrado en el Hospital Virgen Macarena y del formaron parte insignes profesores como el doctor Carlos Infante, con el doctor Ramiro Rivera se marchó también a Madrid el convenio firmado con el Instituto de Cardiología de Montreal, de modo que benefició sobre todo a la formación de alumnos madrileños, pero siguió proporcionando en algunos casos períodos de formación a especialistas de nuestra ciudad.

En un próximo capítulo contaremos muchos más detalles de esta hermosa e interesante historia que tuvo a Sevilla como protagonista de una aventura científica de gran importancia e interés y que incluye las peripecias vividas en la expansión de los servicios hospitalarios hispalenses. Una historia sinceramente apasionante que cuenta con sorpresas de alto valor sentimental en la capital.

(Continuará)

 




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