La nueva transición española

Pedro Sánchez, un vanidoso arribista del poder que pretendía ejercerlo de paseante en Cortes, se ha encontrado como el niño al que se le desinfla el castillo hinchable, pero también como el adulto que pincha en su desmedida ambición de incompetente. Se le han venido abajo todos los sueños de lo que supuso que era dedicarse a gobernar, un traje que, se midiera por donde se midiera, le venía grandísimo, la talla de otro pero no la suya.

Pedro Sánchez se ha encontrado por el camino llano de su egocentrismo y soberbia, sometiendo a los españoles a un régimen totalitario de decretos leyes sin consenso parlamentario, con un imprevisto absolutamente incalculable para él: de pronto tiene que convertirse en hombre de Estado.

La sugerencia ayer por parte del ministro Ábalos de reproducir en estos momentos excepcionalmente históricos los denominados Pactos de la Moncloa, con el inolvidable presidente Adolfo Suárez en 1977, parece resolver en el llamamiento a la cordura y a la unidad de las fuerzas democráticas y constitucionalistas (democráticas y constitucionalistas decimos) tantos desmanes y disparates consentidos a los enemigos de España, cuyas infiltraciones urge anular cuanto antes.

Da la impresión, con la propuesta socialista de una nueva versión y adaptación de los Pactos de la Moncloa celebrados al comienzo de nuestra democracia, de que Pedro Sánchez y sus ministros puramente socialistas (no esa clase adulterada que son los comunistas) van entrando finalmente en la sensatez obligados necesariamente, y sin lugar a otra elección,  por la conciencia de un indudable y vertiginoso desgaste ante la opinión pública y la ciudadanía en general, incluso un desgaste ante una abrumadora cantidad millonaria de electores socialistas que lo elevaron al poder y están enormemente decepcionados.

El análisis de esta desembocadura de la crisis sanitaria en unos nuevos Pactos de la Moncloa, exige  mucho grosor que no cabe en la naturaleza de esta editorial. Tiempo y lugares más oportunos habrá. Pero queda a las claras que esa convocatoria del Gobierno identifica la recuperación in extremis de rasgos democráticos , el abandono del totalitarismo comunista, la unión de una España que cierra filas ante Pablo Iglesias, busca salir airosos y vencedores de una tragedia colectiva , y tiene la esperanza de construir el puente de una nueva transición.




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