La “nueva normalidad” declara implícitamente que Sevilla no es una ciudad segura

El decreto estatal que regulará sine die la nueva normalidad se ha aprobado ayer en Consejo de Ministros. Por lo que atañe a Sevilla está claro que la normativa contradice implícitamente, aunque no lo haga de forma expresa, la declaración de la capital andaluza como una ciudad segura para el turismo, fruto de la calificación obtenida hace unos días del WTTC, las siglas correspondientes a World Travel and Tourism Council. De lo establecido por el Ejecutivo para vivir  -y sobre todo convivir-  a partir de ahora, es irrefutable que el camelo de Sevilla como ciudad segura es pura ficción que alegra mucho al alcalde Juan Espadas, persistente en sus ambiciones turísticas más propias de un gerente de agencia de viajes que de quien ha de velar celosamente por evitar en Sevilla rebrotes de la pandemia del coronavirus.

El decreto aprobado por el Consejo de Ministros lo preceptúa clarísimo: Como en todo el territorio nacional y sin ninguna excepción para Sevilla, estaremos obligados a llevar mascarilla siempre que no sea posible guardar una distancia de seguridad de metro y medio entre unos y otros, teniendo en cuenta que no respetar la obligatoriedad de la mascarilla allí donde no se pueda respetar la distancia de seguridad puede conllevar una multa de 100 euros.

Serán unas medidas en vigor de plazo sine die, hasta que el Gobierno  –que no ha señalado para ningún Ayuntamiento la delegación de la facultad para dictar el fin–  decida la duración de las mismas, que podrá motivar por el descubrimiento de una vacuna o por considerar que la pandemia ha terminado. Dicho en palabras del ministro de Sanidad, Salvador Illa, el decreto no tiene de antemano fecha de caducidad.

Asimismo el decreto obligará a todas las comunidades autónomas a tener previstos planes de contingencia en hospitales y residencias de ancianos, con el objeto de que la pandemia no regrese.

La última palabra para desenvolvernos en la denominada “nueva normalidad” será competencia del Gobierno, pero teniendo en cuenta que Sanidad habrá de dar luz verde en el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud y del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES).

Del conocimiento del decreto estatal se desprende legalmente una conclusión que no deja lugar a dudas: Sevilla, por más que se persiga municipalmente reactivar su turismo y animen a ello calificaciones rigurosamente inciertas, no es una ciudad segura. Ninguna lo es. Ninguna calificación de carácter internacional puede saltarse eso a piola. Reactivar la vida económica de nuestra capital  -pretensión encomiable y digna de desearse-, no puede encerrar una fantasía peligrosauna cuadratura del círculo como la que pretende hacer creer el alcalde socialista:  llevar obligatoriamente mascarillas, deber guardar distancias de seguridad, quedar sujetos a porcentajes que limiten los aforos públicos, mientras se ufana de la obtención de un sello turístico que se permite la calificación de Sevilla como ciudad segura.

La perversión del lenguaje por los socialistas y comunistas no parece tener límites. Pero la seguridad será seguridad en Sevilla  -y no otra cosa que no lo es-  cuando estemos blindados por completo al peligro de los contagios de la Covid-19.

Si Sevilla es ya en estos momentos una ciudad segura según ese “alegre” sello, no se entiende que el Corpus no se celebre desde mañana, en sus vísperas incluso, con total normalidad, con la salida tradicional de su procesión. Tampoco se entiende que las corridas de toros no tengan lugar con los tendidos y gradas de La Maestranza llenos de público, sin restricciones en el número de localidades. Tampoco cabe en la cabeza porqué están en el aire las procesiones extraordinarias de octubre, noviembre, incluso este mismo verano las de hermandades de Gloria que rinde culto a la Virgen del Carmen. Está en entredicho hasta la Cabalgata de Reyes Magos del Ateneo, y eso que está fiada bien largo a 5 de enero de 2021.

El Ayuntamiento de Sevilla y su optimista alcalde Juan Espadas, deberían obligarse a llamar a las cosas por su nombre y arriesgar, incluso los mejores deseos para el sector turístico, desde la más estricta y seria realidad. Seguridad, lo que se dice seguridad, es lo que hubo en la vida antes de que un virus mortífero escapara desde un laboratorio de la ciudad china de Wuhan camino del mundo entero.  




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