La festividad de la Esperanza Macarena durante la Exposición Iberoamericana (18-12-1929)

El miércoles 18 de diciembre de 1929, en plena Exposición Iberoamericana, la celebración de la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza en la Hermandad de la Macarena tuvo un especial interés en la ciudad. El Comité organizador de la Exposición no se implicó en los actos del día porque la advocación no guardaba relación directa con la temática americana más allá de legendaria historia según la cual la mascarilla y las manos de la imagen estaban entre las pertenencias de un viajero italiano, llegado a Sevilla para embarcarse hacia las Indias, que terminó falleciendo sin testar en el Hospital de las Cinco Llagas. Sí lo había hecho con motivo de otros eventos marianos, como la Coronación de la Virgen de la Antigua, Patrona de La Raza, o el Congreso Mariano Hispano Americano, celebrado en el mes de mayo.

Pese a ello, el Comité fue respetuoso con la festividad para asegurar la máxima afluencia de público y el mayor esplendor del día principal del besamanos de la Virgen que tendría lugar de ocho de la mañana a ocho de la tarde (y también el 17 y el 19 de diciembre) en la Iglesia de San Gil, sede de la Hermandad desde 1653 y en la que permanecería hasta la construcción en 1949 de la actual basílica de la Macarena. La celebración de este besamanos era relativamente reciente, pues se había iniciado en 1925; el éxito de la iniciativa, tanto por el alto número de asistentes (según la prensa más de diez mil personas, cuando la hermandad integraba algo más de mil hermanos) como por su diversidad social, habían llevado a instaurarlo.

 

Primer besamanos de la Virgen de la Macarena en la iglesia de San Gil (1925). ©ICAS-SAHP. Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano

 

De ahí que, aún sin referirlo explícitamente, la Comisión Permanente de la Exposición, obviara planificar cualquier evento en el recinto de la Iberoamericana; ni siquiera la segunda sesión de dos congresos que habían comenzado el día anterior (el III Congreso de la Liga Española de Higiene Mental y la reunión de la Asociación de Neuropsiquiatría), pues ambos encuentros había sido organizados por instituciones externas, que gestionaron con el Comité de la Exposición la ocupación del Salón de Actos del Edificio Central de la Plaza de España (actual Teatro de Capitanía General).

La prensa de aquellos días recordaba que la hermandad se preparaba para la Semana Santa de 1930, que finalmente resultó ser la de la Exposición Iberoamericana, toda vez que el fallecimiento el 6 de abril de 1929 de la Reina Madre María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre de Alfonso XIII, hizo retrasar al 9 de mayo la inauguración del certamen, prevista para el 15 de marzo, con lo que la Semana Santa, que transcurrió entre el 24 y el 31 de marzo, resultó ser previa a la inauguración de la Exposición.   

Días antes de la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza, en concreto el 6 de diciembre, la Hermandad de la Macarena difundía en prensa los proyectos que estaban en curso, argumentando –aún sin referir directamente la Exposición– los fastos de la Iberoamericana. De hecho, la comisión de la Hermandad que aquel día visitó a sus Altezas Reales, los infantes don Carlos y D.ª Luisa, les indicó que “para las solemnidades de la próxima primavera, que por las circunstancias conocidas prometen ser extraordinarias”, se pretendía que “la presencia de la peregrina imagen deje un recuerdo imborrable que sea evocado para su mayor gloria y para honor de su Cofradía y de Sevilla”.  La propia Hermandad reconocía así la concepción identitaria de la imagen de la Macarena como un símbolo de la ciudad; de hecho, raro era el turista que, durante su estancia en Sevilla, no acudiera a San Gil a contemplar la belleza de la imagen o a rezar ante ella.   

La Virgen Macarena compartía estos valores identitarios con Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, con cuya hermandad, por mediación del Cardenal Espínola, la de la Macarena estaba concordada desde marzo de 1903. Un hecho bien revelador de esta realidad es que, durante la Exposición Iberoamericana algunas empresas comerciales utilizaron imágenes de ambas devociones en sus productos publicitarios asociándolas a detalles representativos de la ciudad. Este fue el caso de Zotal, empresa local de Camilo Tejera y Hermana, que, en el curioso pabellón que levantó en la avenida de La Raza (en el Sector Sur), repartía una serie de postales en las que, salvo la de su propio pabellón, y una del Gran Poder y otra de la Macarena, las restantes eran de lugares emblemáticos de Sevilla y de la Exposición (la Plaza de España y la de América, con sus pabellones).

 

 

El aplazamiento de la inauguración de la Exposición había permitido a la Hermandad de la Nuestra Señora de la Esperanza Macarena afrontar nuevos proyectos que estaban asociados a Antonio Castillo Lastrucci y a Juan Manuel Rodríguez Ojeda.

De hecho, en abril de 1929, se había encargado a Castillo Lastrucci (1878-1967) el nuevo Misterio de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, para el que cinco años atrás se le había pedido un boceto; en realidad, en la festividad de la Esperanza Antonio Castillo Lastrucci llevaba poco tiempo trabajando en las seis figuras que debía ejecutar pues hasta el 1 de septiembre de aquel 1929, no había firmado el contrato con la Hermandad. 

Además, el bordador Juan Manuel Rodríguez Ojeda (1853-1930), hermano macareno desde 1870, en cuya Junta de Gobierno ocupó los cargos de prioste, mayordomo y consiliario, estaba confeccionando un nuevo manto de tisú y oro (financiado por una suscripción popular abierta con mil pesetas por el propio Alfonso XIII) que se estrenaría en la Semana Santa del 30; también trabajaba en una importante reforma del palio, aún sin alterar las líneas características “tan unánimemente celebradas”, estando previsto hacerla posteriormente en las varas del palio (en sus peanas y en otros elementos), siempre manteniendo la armonía con la estética existente. También la hermandad preparaba un sello de la Virgen de la Esperanza.

 

Juan Manuel Rodríguez Ojeda

 

Diría la prensa local que aquel día asistieron al besamanos “millares” de personas. No es de extrañar, pues en 1929 la Hermandad de la Macarena se encontraba en pleno auge devocional, más aún aquel año en el que el fervor popular creció a raíz de que meses atrás se había desatado un amago de revuelta en el barrio cuando corrió el rumor del traslado, que nunca se confirmó.  

El “artífice” de la reorientación devocional había sido Rodríguez Ojeda. Mucho hizo este macareno por su Hermandad, aportando una nueva estética en la forma de vestir a la Macarena con un nuevo tocado, modificando el paso (el palio, los faldones y los mantos), diseñando las insignias, las túnicas de los nazarenos y la vestimenta de los armaos… pero además había promovido, con su característica sagacidad, la obtención de fondos y la apertura de la Hermandad a la realeza, la aristocracia y las clases pudientes. Y eso, aquel 18 de diciembre de 1929 volvió a quedar patente.

 

Virgen de la Esperanza Macarena de cuerpo entero y frontal. Preparada para el culto, viste el manto “camaronero”, la toca de rombos, mariquillas y puñal de pedrería (1920-1923). ©ICAS-SAHP. Fototeca Municipal de Sevilla, fondo Serrano.

 

En realidad, Rodríguez Ojeda culminaba el proceso de renovación que la Hermandad había comenzado en el primer tercio del siglo XIX con su Hermano Mayor Juan Nepomuceno Sarramián, al que siguieron las restauraciones que, ya en las dos últimas décadas del siglo, bajo el asesoramiento del pintor Virgilio Mattoni se realizaron sobre sus imágenes titulares y los pasos en los que estas salían en procesión; en concreto, del misterio de la Sentencia (primero en 1880 su restauración y luego en 1898 su remodelación por Emilio Pizarro de la Cruz (h.1854-1920) y de la imagen de la Macarena en 1881. 

El 18 de diciembre de 1929, la Virgen lucía el manto Camaronero, de terciopelo verde con bordados en oro y malla del mismo metal, que había confeccionado Juan Manuel Rodríguez Ojeda. La concurrencia a San Gil aquella tarde mostró el amplio espectro social de la devoción macarena y el interés turístico del evento. Asistieron grupos que aquellos días hacían turismo en la Exposición. Entre ellos, el de las Normalistas (profesoras y alumnas de las Escuelas Normales) de Barcelona que se encontraban en Sevilla visitando el certamen. 

A las cuatro de la tarde, llegaron los niños de las escuelas públicas del barrio de la Macarena, las escuelas de Nuestra Señora de la Esperanza; los acompañaban las integrantes de la Comunidad de Hijas de la Caridad que las regían. Después de desfilar ante la imagen de la Virgen, los niños cantaron plegarias y coplas y, a la salida, el himno del Congreso Mariano, el que decía: “Salve Madre, en la tierra de tus amores…”

La presencia de Sus Altezas Reales los infantes Don Carlos y D.ª Luisa, con sus hijos, evidenciaba la implicación de la Casa Real en la Hermandad, que Rodríguez Ojeda había promovido para facilitar su ascenso social y proyección, avances que con la Exposición Iberoamericana facilitarían la internacionalización de la devoción macarena. Los vínculos de la Casa Real con las hermandades de dos barrios populares, San Lorenzo y la Macarena, contrarrestaría las relaciones de los duques de Orleans con algunas hermandades aristocráticas de la ciudad. El octubre de 1892, durante la estancia en Sevilla de la reina regente de España, D.ª María Cristina de Habsburgo y Lorena, y de Alfonso XIII, de solo cinco años de edad, para asistir a la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América, esta fue recibida como hermana de la Corporación y nombrada Hermana Mayor Perpetua de la Hermandad, que con ello conseguía el título de Real Hermandad. Años después, en mayo de 1904, Alfonso XIII sería nombrado Hermano Mayor Honorario cuando, en su visita a San Gil acompañado del Jefe de Gobierno Antonio Maura, juró las reglas de la Hermandad.

Especial protagonismo aquella tarde del 18 de diciembre de 1929 tuvo la princesa D.ª Esperanza de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, hija menor de D. Carlos y D.ª Luisa. D.ª Esperanza (1914-2015), se había convertido en Hermana Mayor de la Hermandad, tras el fallecimiento de la reina María Cristina. Aquel día, con motivo de su onomástica, la Hermandad le había enviado una espléndida canastilla de claveles, acompañada de una respetuosa felicitación. Tras el nombramiento de la joven como Hermana Mayor, lo que conllevaba la plena implicación de los Borbón y Orleans en la Hermandad, esta había fundado la Asociación de Nuestra Señora de la Esperanza, de la que era presidenta. De esta forma, la Hermandad iba ganando en tintes aristocráticos. 

En realidad, los Borbón Orleans estaban vinculados a la hermandad por haber representado a la Casa Real en diversas ocasiones, además de por cuestiones devocionales. Así lo habían hecho, por ejemplo, el 27 de mayo de 1923 en la ceremonia por la que se dedicó a la Virgen el Arco de la Macarena y en la que se descubrió el retablo cerámico de Rodríguez y Pérez de Tudela, ceremonia a la que asistió S.A.R. la Infanta Dª. Luisa acompañada de sus hijos.  Había sido la joven infanta Dª. Esperanza de Borbón, que entonces contaba solo con ocho años de edad, la que descubrió el retablo, que bendijo el Sr. Arzobispo revestido de pontifical. 

Aquel 18 de diciembre de 1929, D.ª Esperanza llegó a San Gil a las seis de la tarde. La acompañaban sus dos hermanas mayores D.ª María de los Dolores y D.ª María de las Mercedes (madre del rey Juan Carlos I), la señorita Rubín de Celis y el Capellán Real y Canónigo de la Catedral hispalense, José Sebastián y Bandarán, hermano de la Macarena.

A las puertas del templo fueron recibidas por el cura párroco, Sr. Arias, el comisario Ollero y los demás miembros de la mesa.  En el presbiterio, Sus Altezas Reales oraron unos breves instantes ante la Virgen, y besaron las plantas y las manos de la imagen. Según la prensa, un numeroso público les aclamaban con vítores y aplausos a la salida del templo. 

A última hora de la tarde, el Cardenal Ilundain acudió al besamanos. La prensa recogía sus manifestaciones alentando a los hermanos a “proseguir la obra de engrandecimiento de la Hermandad”, de la que diría que contaba “con su más vivo afecto”.

El jueves 19 también hubo besamanos. El domingo 22, a las once de la mañana, se celebró una solemne función en honor de la Virgen, que se aplicó en sufragio de la reina María Cristina. La ofició el doctor Luis Martín Moreno, canónigo de la Santa Catedral. En el ofertorio, los hermanos hicieron juramento de cumplir las reglas y pública protestación de fe. Tras la misa, se bendijeron las medallas de la Virgen que fueron impuestas por el cardenal a las señoras de la nueva Asociación de Nuestra Señora de la Esperanza.

El desarrollo de la jornada hacía intuir la gloriosa Madrugá de 1930 en la que, culminados los proyectos en curso, la Macarena se mostró en todo su esplendor. 




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