La débil escenografía de Juan Espadas

Ayer viernes, el Ayuntamiento de Sevilla estuvo jugando a la ONU, con la declaración de unas medidas-milagro para la ciudad que parecieran pretender ahora su resurrección imposible. Las llamaron del “rescate social” y se quedaron tan campantes, haciéndose unas fotos solemnes en el salón Colón, más propias de una boda recién celebrada que de unos políticos serios y creíbles para la ciudadanía. El alcalde de Sevilla, el socialista Juan Espadas, y los distintos representantes de sus partidos presentaron ufanos y autocomplacientes el pacto municipal. De semejante puesta en escena se ha desmarcado Vox, estando el reparto a cargo de Beltrán Pérez por el PP, Susana Serrano por Adelante Sevilla y Álvaro Pimentel por Ciudadanos.

 El denominado “rescate social” no es más que una grandilocuente declaración de principios y metas que está por ver adónde llegan realmente para una ciudad que ya está gravemente lesionada en su tejido económico, una ciudad a la que  -como en el resto de España-  ha dejado más muerta que viva un estado de alarma  -y su respectivo confinamiento–  prolongado estatalmente hasta donde tantos juristas han considerado inconstitucional, invadiendo ilegalmente la zona más propia del de excepción.

Para muchos, Juan Espadas no es más que el servil instrumento en Sevilla del Gobierno comunista  (que a estas alturas ya no contiene ni el enunciado de social), pero que ahora pretende hacer valer, ¡tan tarde!, su imagen de benefactor de los estragos causados económicamente por tan dilatado periodo del cierre absoluto de los comercios.

Ahora se suman todos  -menos Vox- a uno de esos títulos rimbombantes, muy al uso del nivel del ridículo al que ha llegado la política española: la Comisión de Reactivación Social y Económica y el Impulso del Empleo de la Ciudad.

Esa abstracción parece comprender un paquete de acciones presupuestado en 22 millones de euros, que se llevarán a cabo a través de ejecutar 20 medidas sociales y de protección de la salud.

La enumeración de las medidas raya en el agotamiento. Hasta la respiración jadea. Es una larguísima lista de hermosos sueños que chocan con la realidad de unas actuaciones incongruentes del Ayuntamiento hace unos días, acosando y sancionando a los bares abiertos con una vigilancia que ha ignorado y despreciado el enorme sacrificio económico que están haciendo. La mejor y más inteligente política es la de quien no ha de retractarse por el modo en que la ejecuta. Pero Juan Espadas no está precisamente ahí y por eso ha tenido que dar marcha atrás en la energía policial con la que se estaba tratando a verdaderos héroes, que han arriesgado en la apertura de sus locales sufriendo unas dislocadas y surrealistas medidas de desescaladas que vienen a decir: “Abra usted como si de antemano ya supiera que el negocio no le va a ir bien, no le va a entrar apenas nadie, no le van a ocupar las mesas. Abra usted en términos de fracaso para cualquiera que inaugurara un bar”.

Algunas de esas 22 medidas, que a su vez resulta increíble y hasta causa de hilaridad lo que cada una se atreve a contener, resultan extremadamente ilusorias, como la de “Instar al Gobierno de España a la creación de un Fondo Local de Impulso y Recuperación Económica y Social”. Precioso. Emocionante. Ironía pura, claro. Y no digamos la de poner  “en marcha planes de choque por el empleo, tanto propios como de las administraciones central y autonómica, dirigidos a los colectivos laboralmente más vulnerables”. Inaudito cuando es el empleo el que ya está de por sí más que chocado y, en tantos casos, como siniestro total.

El idílico plan del Ayuntamiento reconoce al menos, por Juan Espadas, cuánto de su viabilidad va a depender de los marcos normativos gubernamentales y las decisiones del Gobierno comunistaroto por tantas partes como todo el mundo sabe, y sujeto a las advertencias europeas que no quieren comunismo ni en pintura ni, mucho menos, van a admitir  -como parece ser la decisión de Nissan anticipándose a la jugarreta con el filoetarra Bildu–  que se lleve a cabo la derogación completa de la reforma laboralJuan Espadas quiere sacarle partido  -nunca mejor dicho-  al mero grano de arena que él representa como escuálida solución a tamaña encrucijada que abarca incluso la temida posibilidad del rescate. Tan sevillano él, a lo mejor cree que los hombres de negro son nazarenos del Silencio.

Pero no contento con las fotos de ayer, hoy se han vuelto a retratar los grupos familiares ante la puerta del Ayuntamiento con ocasión del día de San Fernando, patrón de Sevilla. Ha sido un acto siguiendo los protocolos de un luto oficial que llega tardío, como todo desde el Gobierno comunista, para las víctimas mortales de la pandemia, 286 en el caso concreto de Sevilla. Hace mucho, muchísimo, que los sevillanos están de luto y les durará en sus vidas más allá de diez días. Pero la política en España es ya incapaz, con lamentables y mediocres políticos irrealistas, llevar el paso de la realidad.




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