La arquitectura regionalista, descuidada y desprotegida

Cuando la revista “Lonely Planet” declaró a Sevilla como mejor destino turístico del año 2018, lo hizo según declaraciones de los periodistas y entre otros argumentos: por la personalidad que daba a la ciudad la Arquitectura Regionalista.

Luis Rodríguez Casso

Luis Rodríguez Casso

Arquitectura, que tuvo su cénit en el primer tercio del S.XX, y que bebe de los ideales regeneracionistas y de un revivido nacionalismo español tras el desastre del 98. En 1909, Luis Rodríguez Casso (1867-1927) empresario, ingeniero industrial y militar, organizaba unos actos con el nombre España en Sevilla que sería el germen de la Exposición Iberoamericana de 1929 y del regionalismo político, cultural y arquitectónico.

El centro de este regionalismo sería el Ateneo de Sevilla (el arquitecto Aníbal González será vicepresidente de dicha Institución) y como órgano propagandístico tendrá la Revista Bética. Este medio cultural publicó en nuestra ciudad entre noviembre de 1913 hasta principios de 1917. En su primer número se definía como una “revista ilustrada de Sevilla, con carácter regional y dedicada principalmente a la literatura, arte y vida social contemporánea”

El Regionalismo Arquitectónico tiene sus raíces en el historicismo y luego en el modernismo en el que se formarán todos los arquitectos sevillanos. Obras como la Casa Guardiola, el Costurero de la Reina, la Estación de Córdoba y sobre todo el Palacio Sánchez-Dalp, serán ejemplos a seguir y además, canteras de formación de carpinteros, herreros, ceramistas que, como dice Alejandro Guichot, marcaron una nueva edad de oro de la artesanía sevillana.

José Espiau Muñoz

José Espiau Muñoz

La nueva arquitectura irá unida a una política de ensanches, la de la Avenida de la Constitución, antiguamente Gran Capitán, o la Campana con el derribo del Café Novedades. Todo ello dentro de una corriente de higienismo, unida a una preocupación social como denotan las casas para obreros de la Avenida Ramón y Cajal, de Aníbal González, o el Corral de vecinos de Alfarería nº8, obra del arquitecto sevillano José Espiau Muñoz (1879-1938).

Barrios como Nervión o el Porvenir, zonas de expansión de la nueva Sevilla, servirán también como ensayo de viviendas unifamiliares para las clases medias y manzanas a la inglesa, con jardín delantero y posterior, para familias más modestas.

En el periódico El Liberal, en 1913, Aníbal González teoriza sobre la nueva arquitectura: “hay que hacer renacer el interés por las cosas locales” “si las costumbres, la historia, el clima, los materiales, son distintos, también lo tiene que ser la arquitectura”.

El Ayuntamiento apoyará estas ideas y en 1912 convoca un concurso de fachadas que ganará el arquitecto Espiau con el edificio de la Adriática. El mudéjar, la cerámica, el ladrillo vidriado, la forja, la madera, todas las artesanías contribuirán a la belleza de este edificio que saca la decoración de interiores a la fachada y lo convierte en uno de los más fotografiados por los turistas en su visita a la ciudad.

Salvo breves paréntesis de crisis, las obras lloverán sobre los arquitectos del Regionalismo, no sólo sobre los tres grandes (Aníbal González, Espiau y Talavera Heredia) sino también sobre los Gómez Millán, Antonio Arévalo o Vicente Traver, entre otros.

A ello contribuyó el impulso de la Exposición Iberoamericana a cuya realización se comprometió el Rey Alfonso XIII tras la visita popular que le hicieron los sevillanos al Alcázar. La dictadura de Primo de Rivera pondría el broche final.

En 1929, coincidiendo con el declive de Primo de Rivera, moría Aníbal González. Su entierro fue una enorme demostración del cariño popular, que hasta entonces sólo se había mostrado en la muerte de los toreros.

El declive definitivo se produce sobre los años cuarenta, cuando el franquismo convierte la Arquitectura Regionalista en puro folklore con el Pryca, mientras destruye el conjunto de palacios de la Plaza del Duque o de la Plaza de la Magdalena, situación que no arreglará la llegada de la democracia que ha apostado como único hito por el Movimiento Moderno tan lejano de los postulados de Aníbal González y sus compañeros. Mientras se cataloga edificios representativos de ese Movimiento como el Cabo Persianas, la Plaza de Cuba o la Calle Imagen, hace unos días se ha destruido las Naves Industriales que Aníbal González construyó en la Calle Fernando Tirado.

La destrucción no sólo es derribo, sino alteración de las fachadas o eliminación de elementos cerámicos, forjas, etc. Un ejemplo serían las obras en la Calle Goles, elevando una planta sobre la construcción de Talavera Heredia o la Casa que fue de Simón Barris, en Luis Montoto número 9, donde se han levantado hasta tres plantas más, afectando, además, a los restos del cercano Convento de San Agustín.

Volvamos a la revista “Lonely Planet”, no son los monumentos aislados de la ciudad, ni el funcionalismo, ni los elementos singulares del movimiento moderno los que nos diferencian de otras ciudades. Lo que da personalidad a Sevilla, lo que la singulariza es la Arquitectura Regionalista, descuidada y desprotegida hoy.

La Asociación para la Defensa del Patrimonio Histórico-Artístico de Andalucía (ADEPA), asociación no gubernamental, sin ánimo de lucro, va a solicitar la inscripción genérica en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz de la Arquitectura Regionalista, como una aportación singular y extraordinaria al patrimonio sevillano y como la arquitectura de la ciudad con la que más nos identificamos sus habitantes. Esperemos que en esta ocasión nuestros representantes políticos, de la Junta de Andalucía, sean sensibles a esta sensata solicitud.




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