Juan José Primo Jurado, un año al frente del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico 
“Tengo la misma ilusión que tuve al principio” 

 

Si yo tuviera que pintarlo elegiría para Primo Jurado los tonos amables  de la cordialidad, esa que él ha sabido aunar con profesionalidad. De cerca da la inequívoca impresión de moverse a gusto entre ambas virtudes, porque incluso al entrevistarle, y sin necesidad de llegar al Instituto como representante de una entidad que se propone restaurar su patrimonio, ya percibo que para todas las ocasiones que se le presenten está hecho de rasgos y formas educadísimas que te hacen sentir muy cómoda. A lo largo de la entrevista advierto que usa una especie de latiguillo casi constante en sus afirmaciones: es la aclaración de “insisto”, como si fuera su coda preferida y más natural,  un rastro de su dilatada experiencia de joven que aún es,  una pista que te da sobre el extenso expediente académico y hasta político por el que ha ido conquistando sus seguridades y convicciones. Una de sus metas fundamentales en la entidad que dirige es la de hacer sentir a los sevillanos y a los andaluces que las puertas del Instituto están abiertas para todos. En mi caso particular puedo dar fe de ello, habiéndome brindado la ocasión de recorrerlo, desde su despacho hasta las amplias estancias que sobrecogen al descubrir en ellas cuánto se ama y protege allí al patrimonio andaluz.

-Está a punto de cumplir un año, el día 20 de noviembre, al frente del Instituto. Con las miras y pretensiones que llegó para ocupar su cargo, ¿un año es tiempo oportuno que permita hacer balance? 

-En un lugar tan emblemático, tan de excelencia como el Instituto, a uno le da tiempo en un año a enterarse  de qué va el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), le da tiempo a saber cómo funciona  y cómo hacer que funcione aún mejor, si es posible.  Pero después de un año he de decir  que tengo la misma ilusión que tuve al principio, cuando fui nombrado para  este cargo por la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, y que durante este año, encima, he aumentado mi conocimiento, y junto a esa ilusión  -que sigo manteniendo-  he podido poner en práctica y empezar a diseñar actuaciones nuevas que hagan más fuerte todavía al Instituto.

-Hace casi un año usted declaró llegar, fueron sus palabras, “ilusionado y con ganas de aportar su experiencia para mantener el nivel de excelencia del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico”. ¿Eso significaba continuidad respecto de su antecesor o, como muchos esperaban entonces, por ejemplo la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, aportar un nuevo impulso al Instituto? 

-Yo siempre, y respecto de los lugares a los que he llegado, nunca he pensado que se parta de cero. El adanismo (pensar que uno es el primero que pisa la tierra), me parece un mal consejero. Pero sí hay que valorar lo que esté bien hecho, y en el IAPH hay muchas cosas bien hechas. Y esas se van a seguir haciendo. Entonces,  como yo dije al principio y como la Consejería decidió que hiciese, de lo que se trataba era de darle un nuevo impulso en áreas como la investigación, pero sin duda alguna manteniendo lo que estaba bien hecho. En el Instituto hay muchas cosas bien y esas se van a seguir haciendo.

-La entidad que dirige es un centro de referencia nacional e internacional en cuanto a la conservación, investigación y difusión del patrimonio histórico. ¿Cómo percibe desde su cargo ese largo alcance de los fines del Instituto? 

-Los fines fundacionales del Instituto siguen siendo válidos 30 años después,  los que cumple ahora. El Instituto se creó, como bien me ha dicho, para conservar, investigar, difundir y hasta formar en el patrimonio histórico andaluz. Esos principios son inalterables, siguen ahí, y son el motor que nos mueve cada día al servicio de los andaluces, al servicio del patrimonio andaluz, que es como estar al servicio de los andaluces, también dentro de las directrices que nos marca la Consejería. Insisto: intervención, investigación, difusión y formación del patrimonio. Cuando se dice intervención es conservación y restauración.

 

En el IAPH un cartel conmemora los 30 años de existencia de la entidad andaluza que ha sido decisiva para proteger el patrimonio de nuestra Comunidad.

 

-Su experiencia le ha hecho pasar por cargos que demuestran su doble condición de político y doctor en Historia, por no hablar del escritor que también es. Dirigir el Instituto,  ¿ha sido como recobrar su naturaleza más original, la de investigador y experto en arqueología?  

-Bueno, es evidente que yo tengo una faceta docente, que tengo una faceta de historiador, y tengo una faceta de gestor político, he tocado todos esos palos en mi vida. He sido profesor, he dirigido un archivo histórico, he tenido cargos políticos, y ahora pues me reencuentro con mi labor investigadora, pero con un plus de toda mi experiencia que me permite poner mis capacidades de comunicación, de gestión, al servicio del patrimonio histórico andaluz. A mí, desde luego, en todos los cargos que he tenido en mi vida siempre me ha guiado el espíritu de servicio. Cuando estaba dando clases en un aula de segundo de bachillerato o en un aula de universidad me guiaba el mismo espíritu de servicio a los demás, de servicio a la sociedad: así, cuando fui subdelegado del Gobierno, cuando fui concejal, cuando dirigí un archivo histórico, o cuando como ahora estoy en el IAPH. Yo creo que eso es importante: tener siempre sentido de servicio al cargo, a los demás, y amar lo que haces. Creo que todo eso es fundamental y que con esos dos ingredientes es muy difícil fallar.

-Le he oído afirmar en declaraciones anteriores, y acaba de ratificármelo, que ama el Patrimonio y que le gusta divulgarlo. ¿Cómo hace sentir eso a los demás desde la dirección del Instituto? 

-Bien, aquí los compañeros que trabajan en el Instituto tienen igualmente un alto sentido de valoración del patrimonio; entonces no hay que esforzarse mucho, motivarlos es fácil. Luego, lo que sí procuramos a través de las redes sociales, a través de los medios de comunicación, a través de los cursos de formación, es difundir mucho el valor del patrimonio. Aquello que no se ama, no se puede proteger. Entonces yo creo que es fundamental para los andaluces que sepan conocer y amar su patrimonio para protegerlo y valorarlo. Para eso, nuestros vehículos son las redes sociales, los medios de comunicación y los cursos de formación que hacemos. Al cumplirse estos 30 años estamos haciendo una campaña por toda Andalucía de divulgación de lo que es el patrimonio, de lo que es el IAPH y, en este caso, el saber no ocupa lugar, porque insisto: aquello que no se ama, que no se conoce, no se protege.

 

 

-También declaró que mantendría del Instituto “las cosas que están bien”, pero se reservó las que supongo que no lo estaban según su criterio. ¿Ha tenido que cambiar en un año mucho o poco de lo que se encontró al llegar? 

-Bueno, como he dicho antes al responderle una de las preguntas que me ha hecho, hay muchas cosas que estaban bien, y las otras que eran mejorables pues vamos a dejarlas ahí… y sólo decir  que me he encontrado muchísima colaboración de todos los compañeros del Instituto y todos estaban de acuerdo en que el Instituto necesitaba un impulso y seguir estando en ese nivel de excelencia en el que ha estado siempre. Yo le puedo asegurar que en este empeño y ahora mismo “todos vamos a una”.

-Las competencias del Instituto abarcan encargos tanto de la Administración como de particulares. ¿Dónde está el mayor porcentaje de ellos?

-Esa es muy buena pregunta, Beatriz. Porque conviene que la gente lo sepa. Nosotros trabajamos por dos tipos de encargos: unos encargos que nos hace la Administración de la que dependemos  (la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico), que nos encomienda investigar o restaurar una pieza determinada   -como los Efebos de Pedro Abad, de bronce-,  pero también trabajamos bajo demandas de servicios. Nuestros servicios están para todos los propietarios de bienes patrimoniales que quieran restaurarlos, que quieran investigarlos, o simplemente que deseen hacer un estudio sobre ellos. Trabajamos esas dos líneas. La segunda comprende lo que nos quieran traer. Yo por eso aprovecho esta entrevista para decir que estamos abiertos a todo. Tenemos una carta de servicios, unos presupuestos que se facilitan, pero que estamos dispuestos para atender a todo propietario, ya sea una asociación, una hermandad o un particular que quiera traer aquí su pieza. Y en lo otro, nosotros que dependemos de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico, pues también siempre estamos a lo que la Consejería considere que es imprescindible que se trabaje, desde un bien inmueble a uno mueble, o a un Plan Director de Itálica, como estamos haciendo en la actualidad.

-El Instituto suele tener su mayor repercusión ante la opinión pública por sus trabajos de restauraciones, y en el caso concreto de Sevilla cuando se trata del patrimonio o imágenes de la Semana Santa. ¿Eso es justo para usted? 

-También es buena pregunta, porque yo lo primero que quiero es que  el Instituto sea de toda Andalucía. Como he explicado antes, está abierto a toda Andalucía. Y todos los propietarios de bienes patrimoniales pueden venir a consultarnos nuestro servicio y a decidir si quieren que restauremos e investiguemos sus piezas aquí. Es cierto que hay muchas piezas sevillanas que han venido aquí y que nos han dado fama, desde el Giraldillo hasta el Gran Poder, o actualmente el manto de la coronación de la Esperanza Macarena y el palio de la Virgen del Valle. Sin duda alguna, me alegra que sea así porque es un prestigio que piezas de tanta importancia pasen por aquí. Pero insisto: el Instituto no es solamente Sevilla. Y también insisto: no es solamente la restauración de piezas de hermandades (siendo muy importantes y siendo efectivamente un escaparate que yo valoro muchísimo, valoro mucho el patrimonio de las hermandades de toda Andalucía y valoro mucho que las traigan aquí). Pero esa es una parte. Nosotros tenemos otros servicios, como es la guía digital, donde hay miles de fichas documentales de todas las piezas patrimoniales de Andalucía, un registro de todas las fiestas y tradiciones, el atlas inmaterial de Andalucía, que también es un trabajo que es bueno que se conozca, aunque en ocasiones no está en el escaparate, como evidentemente puede ser una pieza importante de Semana Santa donde se une su valor patrimonial a una inmensa devoción popular, que hace que tenga aún más eco.

 

Aspecto de una de las amplias estancias del IAPH, ubicado en la isla de la Cartuja sevillana, donde se trabaja en importantes restauraciones, como el manto de la coronación de la Esperanza Macarena.

 

-Cuando tomó posesión, supongo que le pondrían al tanto de las polémicas provocadas por los resultados de algunas restauraciones del Instituto sobre imágenes sevillanas de la Semana Santa…  

-Yo, sin embargo, no tengo constancia de polémicas, en el sentido de polémicas de que esté bien hecha o no la restauración. Otra cosa es que dentro de las hermandades (que son a veces mundos muy complejos) siempre pueda haber alguien que diga que “el Cristo se ha quedado muy blanquito”. En ese sentido me imagino que me hace la pregunta. Pero oficialmente no tenemos constancia. Nosotros, siempre, todo lo que hacemos lo presentamos a la hermandad y se hace tal como quiera la hermandad y su junta de gobierno. Nosotros con quienes hablamos y planteamos las intervenciones es con la junta de gobierno, que entendemos que es la representante de la hermandad. Entonces, polémicas oficiales no; otra cosa es que ya a nivel de un hermano particular pueda estar más contento o menos contento de la restauración que se ha hecho, pero a nivel de gustos, no a nivel de que la restauración, técnicamente hablando, esté bien o no, porque sin duda alguna aquí las restauraciones que se hacen son de máximo nivel y máxima garantía en estudios multidisciplinares que abarcan tanto la historia como el arte, como trabajo científico, biológico y químico. 

-¿Qué tiene qué decir a quienes se desconciertan cuando una imagen regresa al culto aclarada, con eso que llaman “blanqueo”? 

(Sonríe y aclara):

-Pues que sobre gustos, colores; y nunca mejor dicho. Eso es legítimo, que un hermano o un devoto  tengan  su opinión sobre el resultado de la intervención. Pero insisto: aquí lo tranquilizador es que se hace con las máximas garantías de fiabilidad y de calidad, tanto las intervenciones como las restauraciones. Y siempre de acuerdo con quien representa a la hermandad, que es su junta de gobierno. Por tanto, digamos que nosotros jugamos limpio y hay que decir que muchas veces la costumbre hace que las personas se hayan habituado a ver un Cristo con barnices que se le echaron, aparte del deterioro causado por la candelería, el llamear de las velas, de la inclemencia meteorológica. Y es que, como digo,  se han llegado a echar barnices que adulteraban el diseño original con  el que, a lo mejor, un Juan de Mesa o un Martínez Montañés habían concebido a la imagen. Entonces yo creo que aparte de sanar y de curar una imagen, también es importante devolverla a lo que ese gran imaginero le quiso dar, ¿no? Yo creo que el criterio es ese. Si tú tienes una pieza de un Martínez Montañés o de un Juan de Mesa o un Pedro Roldán, ¿qué vas a querer? Pues la pieza original.  Si tú quieres un Murillo o un Velázquez, ¿qué vas a querer, los añadidos que se le hayan puesto después? Querrás tener lo que ese gran artista quiso para ese propietario, para ese particular o para esa hermandad.

-¿Está de acuerdo con la idea de los que afirman que “el tiempo también esculpe”, en alusión al oscurecimiento de las imágenes? 

-Hombre, si estuviese de acuerdo con esa idea, también le diría que el polvo protege, ¿no? Yo no estoy de acuerdo con que el tiempo también esculpe en las imágenes. Otra cosa son los monumentos. Porque todos sabemos que la piedra o el bronce van cogiendo una pátina con el tiempo. Pero en las imágenes, en las esculturas, yo no soy partidario de esa idea, porque están expuestas al público, recibiendo la devoción, que no están en ninguna hornacina cuidada. Quien encargó el Gran Poder no lo quiso para que estuviese encerradito en la habitación de la casa, sino porque quería exponerlo a la devoción pública. Eso es así absolutamente legítimo, pero el desgaste del tiempo hay que curarlo, porque a veces le hace daño a las propias imágenes. Definitivamente, no estoy de acuerdo con que el paso del tiempo sea una pátina que haya que valorar.

-Si las imágenes se restauran devolviéndolas a su estado original y eso decepciona muchas veces, ¿quiere eso decir que a escultores como Mesa o Montañés los han engrandecido los siglos? 

-No. Los engrandecen dos cosas: la primera es la potencia de sus tallas. Es que aunque uno no entienda de arte ve una imagen de Martínez Montañés o ve una imagen de Juan de Mesa y le transmiten algo, porque es potencia. Y luego la segunda es que a esas tallas las ha engrandecido la devoción popular, los miles y miles de rezos de oraciones y plegarias que han ido colgadas de mantos de Vírgenes, de rostros de Cristos; eso es lo que les ha engrandecido, no la pátina del tiempo entendida como suciedad que ha ido adquiriendo, o del calor de las velas que haya ido quemando el rostro. Yo creo que la grandeza es la potencia original de la imagen y las miles de plegarias y la devoción popular que han arrastrado esas imágenes.

-Para compensar que se eliminen elementos dañinos para una imagen (oscurecimientos, repintes o barnices), que paradójicamente la han configurado en su aspecto a lo largo del tiempo, ¿no sería el restaurador perfecto aquel que después de sanearlas también supiera pintarlas imitando precisamente ese paso del tiempo? ¿O es que la restauración de imágenes conlleva exigencias profesionales irreconciliables con las devocionales? Sabrá que se están dando casos de gente que pide de una imagen restaurada fotos anteriores a su restauración, porque no sienten nada con las nuevas. Ha ocurrido por ejemplo con la Virgen del Dulce Nombre, de la Hermandad de Jesús ante Anás. 

-Sí, nosotros aquí cuando nos encargan una intervención o una restauración de un Cristo o de una Virgen planteamos con imágenes cómo se puede quedar. Aquí tenemos unos potentes equipos de digitalización de fotografías, y los laboratorios químicos y biológicos que tenemos hacen que se pueda ver cómo quedaría la imagen si se devuelve a su estado original o si solamente se le quita la suciedad, o si se le quita solamente el barniz que, por ejemplo, en el siglo XVIII se le añadió, o si simplemente se le limpia el polvo. Entonces en esos supuestos la junta de gobierno decide cómo quiere que quede la imagen. Insisto que quienes tienen siempre la última palabra son los propietarios; y, en este caso, el cliente siempre lleva razón.

-Usted llegó de Córdoba, pero ya en Sevilla percibiría enseguida el peso que para su cometido como director tendría la Semana Santa… 

-Sí, sí, muchísimo. Bueno, en Córdoba también tiene peso, pero no llega a tener el de Sevilla, tanto en devoción popular como institucional. Por eso desde el principio fue un objetivo mío tener una relación cordial  -muy cordial-  y muy cercana con las hermandades y con el Consejo de Hermandades y Cofradías. Es decir, que pretendí desde el primer momento que en el Instituto no seamos un mero hospital de cofradías, sino que seamos amigos de las hermandades y cofradías. Entonces y en base a eso, por ejemplo en este año 2020 se va a hacer un potente curso de formación sobre documentación de hermandades y cofradías, para saber cómo cuidar los archivos de las hermandades. Le puedo decir ya que se ha disparado el número de asistentes, pues estaba previsto para 35 y a fecha de hoy tenemos 120 inscritos. Tendremos que impartirlo online, debido a las actuales limitaciones; no podrá ser presencial totalmente. Pero todo esto va en la línea que marca efectivamente el que reconozcamos ese gran peso que tienen las hermandades y tener con ellas no solamente una relación profesional, sino también de colaboración, de cordialidad y de darle su sitio. Así es como piensa la Consejería e igualmente es como piensa, por supuesto, el director del Instituto.

-Ahora mismo el Instituto tiene encomendadas auténticas joyas para los sevillanos: el palio de la Virgen del Valle, el manto de la coronación de La Macarena, y el de la Virgen del Socorro. Eso demuestra sobradamente la plena confianza en su dirección… 

(Sonríe y declara):

-Con la Virgen del Socorro usted tiene visión de futuro, pues llega el jueves. Bueno, yo creo que tienen confianza en el prestigio del Instituto. Que no se diga que Primo Jurado llegó y lo estropeó, ¿no? (sonríe abiertamente). Mi misión en este sentido es seguir con ese nivel de confianza que tiene la sociedad sevillana en el Instituto y en general la andaluza y, si acaso, mejorar esas relaciones, que vayan a la cordialidad junto con un trato profesional. Yo estoy en todos los depósitos: cada vez que llega una hermandad a entregar una imagen o se la llevan, yo estoy presente para departir con el hermano mayor, y son muchas las reuniones que he tenido con las juntas de gobierno porque, insisto, junto con la relación profesional tiene que haber necesariamente una relación de cordialidad.

-Acaba de firmar el pasado viernes con la Hermandad del Amor el acuerdo para la restauración del manto de la dolorosa. ¿Ha tratado con el hermano mayor la restauración del crucificado?

-Pues exactamente el acuerdo no es para la restauración del manto, sino una asesoría sobre la restauración, porque la restauración en sí ellos quieren hacerla en otro sitio, pero desean que nosotros estemos pendientes de esta restauración para que se haga tal y como quieren ellos. Y nosotros encantados de prestarles esa asesoría.

Respecto a su pregunta sobre el Cristo del Amor, de Juan de Mesa, para esa imagen estamos en continuo contacto con la Hermandad y le hemos presentado lo que le comentaba antes: las distintas fotografías de cómo puede quedar el crucificado, según se le haga simplemente limpieza, eliminación de barniz, devolviéndolo o no a su estado original, etc. Tratándose de una obra de la calidad del Cristo del Amor, el crucificado más importante de Juan de Mesa, pues la Hermandad lo está valorando, para que cuando tome la decisión final sea la más adecuada a sus intereses, los intereses de los hermanos. Pero me consta, porque ya me he reunido varias veces con ellos presentándoles todas estas alternativas, que ellos lo están pensando, es legítimo. La restauración del Cristo del Amor no corre prisa, porque se encuentra en un estado general de conservación bueno y, por tanto, eso permite que lo maduren, que lo piensen, y lo que decidan ellos será lo que nosotros haremos.

-La suspensión de dos Semanas Santas consecutivas, ¿qué repercusión puede tener para las restauraciones futuras del Instituto? Porque si un restaurador que hoy es seleccionado por dicha entidad acaba cerrando un día su taller por la crisis económica, ¿cómo se resolverá su desaparición? 

-Bueno, eso es visión de futuro, que la Semana Santa de 2021 tampoco se va a celebrar. Seguramente no. Casi con toda certeza 2020 y 2021 van a ser dos Semanas Santas en blanco de procesiones en la calle. Porque no olvidemos, y yo creo que todos los cofrades que lean esta entrevista estarán de acuerdo, que la Semana Santa no son sólo las procesiones en la calle. Hay mucha más labor, desde lo social a los cultos del templo. Y dicho esto, yo debo informar que no se ha notado para nada el descenso de llegada de imágenes o piezas patrimoniales al Instituto en este año. Y vamos ya por noviembre, considerando que en marzo fue cuando empezó el problema de la pandemia. Aquí no se ha notado. Usted ha dado una vuelta por el Instituto y ha comprobado que estamos a tope de encargos y de trabajos. Por lo tanto, yo no creo que se vaya a notar. Otra cosa es, sin duda alguna, la crisis económica que va a surgir de todo esto y vamos a ver cómo lo afrontamos. Pero este patrimonio del que estamos hablando en Andalucía y en Sevilla es un patrimonio inmenso, que viene de siglos, este patrimonio ha pasado guerras, ha pasado epidemias, ha pasado invasiones… ¿No vamos a ser capaces de superar una pandemia en el siglo XXI? Yo estoy convencido de que saldremos adelante y de que Sevilla estará en la punta de lanza del patrimonio histórico andaluz.

-Algo más que quiera añadir… 

-Pues agradecer a SevillaInfo este esfuerzo. Yo creo profundamente en los medios de comunicación y firmemente en la divulgación. No estoy de acuerdo con que el buen paño en el arca se vende. Y a mí me gustaría que todos los que leyesen esta entrevista supiesen que el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico está abierto a todos los sevillanos, a todos los andaluces que tengan algún bien patrimonial y que pueden consultarnos cómo tratarlo. Y, por supuesto, que la gente que tenga interés y sienta curiosidad, navegue por la guía digital. E insisto mucho: hay que amar al patrimonio, sentirnos orgullosos del mismo, conocerlo en cada uno en la medida de sus posibilidades, porque amándolo, conociéndolo y valorándolo es como se protege. Lo peor que podrían tener Sevilla y Andalucía sería perder su patrimonio. Sevilla, que es una ciudad puntera, que fue la puerta de América, y con un barroco que no tiene comparación con el resto de España, tuvo unos tiempos en los que no valoró su patrimonio y se cometieron daños irreversibles. Yo estoy seguro de que los sevillanos de ahora no permitirían eso, porque aman su patrimonio. Y si no, para eso estamos nosotros aquí.

 

El director del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, el cordobés Juan José Primo Jurado, en su despacho de la prestigiosa entidad.

Entrevista y fotografías de Beatriz Galiano




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