Antes de arrancar esta entrevista voy a dar mi conclusión final. Ahora, al principio. No es una entrevista a un profesional, aunque así empieza. Es una charla con alguien al que le falta la primera capa de piel. No recuerdo quién dijo que esto solo le ocurría a los artistas.
 ¿Qué significado tiene en una facultad como la de Bellas Artes el Año Murillo?
-Conmemorar el 400 aniversario del nacimiento de Murillo es un hito importante. En primer lugar porque Murillo es uno de los grandes pintores de la escuela sevillana; y en segundo lugar porque fue él, en enero de 1660, el que  crea una Academia del Arte de la Pintura; primera institución de enseñanza artística que tiene la ciudad, y nos sentimos herederos de ella.  Mantenemos de alguna manera la línea de producción que tenía entonces. Unimos la línea tradicional de enseñanza, basada fundamentalmente en lo que son las academias antiguas, con lo que es la incorporación de los nuevos lenguajes contemporáneos.  Lenguaje informático, asignatura de video creación, de fotografía…
 ¿Qué opina sobre las restauraciones que se están haciendo en Sevilla?
– Tenemos dos titulaciones básicas: el grado en bellas artes y el grado en conservación y restauración de obras de arte. El primero es una rama más creativa donde se potencia fundamentalmente la creatividad y la rama de conservación y restauración para el mantenimiento de la obra histórica que se conserva. Afortunadamente vivimos en un país que es el segundo conjunto patrimonial del mundo y tenemos muchísimas obras que necesitan ser intervenidas, ser cuidadas. Nosotros generamos aquí profesionales que se dedican específicamente a eso. Sevilla es una ciudad con un enorme patrimonio, tremendo, inabarcable.
– ¿Y sobre las restauraciones de la imaginería sevillana? Tuvo polémica la del Gran Poder.
– Las intervenciones en imágenes de devoción son muy complicadas. Por una parte está el criterio científico y por otra el criterio del  fiel. En el caso del Gran Poder lo que no se puede hacer es una restauración objetiva, científica. Despojarle de alguno de los deterioros que presenta en la policromía supondría cambiar la fisionomía completamente al Nazareno y los fieles no lo reconocerían como tal. Hacer una intervención que sea científica pero respetuosa con la imagen, como ha llegado a la actualidad y la reconocen los fieles. Hace unos meses hemos tenido aquí a la patrona de Alcaudete en Jaén, la Virgen de la Fuensanta. Cuando se empezó a intervenir nos dimos cuenta que tenía como tres repintes a lo largo de la historia. Surgió la duda entre dejarle el último, que era con el que la gente la conoció en los últimos 50 ó 60 años, o llegar a lo que era la policromía original del siglo XVI. Optamos por llegar a esa primera capa de policromía pero, cuando la imagen volvió al pueblo, siendo una intervención totalmente científica y perfectamente datada, la gente no la reconocía como tal y hemos tenido que volverle a dar una pátina para que se pareciera más a la que la gente está acostumbrada a ver. El punto intermedio entre realidad científica y devoción popular genera mucho conflicto, el poso de Fe que tienen las imágenes, son sagradas.
                
 ¿Hay suficiente ayuda por parte de la Junta de Andalucía? 
– Supongo que la Junta sí hace lo que puede en el tema de consolidación del patrimonio. Pero tenemos tal cantidad que no se puede intervenir en todo. No podemos en cualquier caso descargar la responsabilidad del estado del patrimonio a todos los organismos oficiales, tenemos que hacerlo también a nivel de instituciones privadas, particulares.
Sin embargo, cuando se ha llevado a cabo, por una fundación, la restauración del órgano del Convento de Santa Inés, ¿por qué cree que han ido contra ellos y se ha llegado hasta a plantear una multa de 170.000 € a las monjas?
– No conozco con absoluta profundidad el caso. Pero por lo visto el único problema es que el órgano sale antes de recibir los permisos. Si eso es así yo creo que era conveniente que esta fundación, que me parece que hace un buen bien (al fin y al cabo se estaba deteriorando) y si no hay dinero oficial para hacerlo pues es lógico que haya iniciativas privadas para restaurar patrimonio. Pero cuesta poco trabajo, supongo, que esperara a que le llegue el permiso y se hace con todos los perejiles de la ley.  Lo que no podemos, entiendo yo, es saltarnos los procedimientos legales. Porque si ese órgano sale sin el permiso de la tutela de la Junta Andalucía y se pierde… ¿a quién se le pide responsabilidad? Lo conveniente es que Alqvimia Musicae intervenga. Me parece una iniciativa maravillosa, solucionan a las monjas un problema que tenían porque el órgano no sonaba y se estaba deteriorando. Supongo que se hace la petición, yo creo que sí que la hicieron, pero se lo llevaron antes de que le contestaran. Supongo que le dirían que sí, que no había más problema.
– ¿Desorbitada la multa?
– Sí, exagerada. Se llega a un acuerdo, una cosa simbólica. No creo que quieran perjudicar a una comunidad de hermanas que no tienen recursos económicos. No tienen medios, cómo van a pagar eso si las pobres viven de vender cuatro dulces que le dejan lo mínimo para poder sobrevivir. Nosotros estamos detrás de hacerles también algunas restauraciones aquí en la facultad. Estamos pendientes precisamente de los permisos para empezar.
– ¿Pero esos permisos parece que tardan años?
– Supongo que no, si eso ya hablamos dentro de un tiempo. La campaña la queremos empezar a partir de junio. Dentro de nuestros planes de estudio de restauración tenemos dos posibilidades de intervención de obra. Primero, las clases regulares para que los alumnos vayan adquiriendo las destrezas se trabaja sobre obra original. Cualquier  particular o institución puede solicitar que se traiga un bien para restaurarlo nosotros. No cobramos, salvo exclusivamente lo que son gastos de materiales que se emplean. Los alumnos  van haciendo sus prácticas, tutorizados siempre por un profesor. Después, cuando llegan al último curso, tienen lo que llamamos  prácticas curriculares. Consiste en que un profesional propone una intervención en una institución concreta. Por ejemplo en Santa Inés. Un profesional de restauración, alguien que conozcan las monjas, aunque nosotros mismos se lo proporcionamos, y se solicita la intervención. Enviamos a alguien prácticamente graduado, bien tutorizado que garantice la perfecta conservación de la obra. Llevamos restaurado mucho patrimonio de conventos e iglesias que no tiene recursos económicos, por ejemplo la iglesia de la Magdalena. El párroco vino porque tenían una serie de tallas y no tenían recursos económicos para arreglarlas. Pedimos nuestro permiso a la Junta y nos lo concedieron sin problema. Tenemos también un convenio firmado con el Arzobispado de Sevilla por el que periódicamente van entrando aquí obras para irlas restaurando, solo cobramos los materiales que se empleen porque la mano de obra, como es de alumnos en formación, es gratuita. Siempre lo hacemos con instituciones que no tenga medios económicos, lo que no queremos es hacerle la competencia a nuestros propios profesionales. Santa Inés no puede acometer la restauración de ninguna de sus obras. Estuvimos hablando con la superiora y nos avisó del estado lamentable en que se encontraba el convento. Le dijimos que íbamos a hacer una campaña este verano para ir salvando las que tuvieran más urgencia.  Una profesora de restauración de pintura mural de aquí hizo una tesis doctoral sobre las pinturas de Santa Inés, con lo cual tiene especial interés en restaurarla. Es una posibilidad de prácticas enorme y dejar aquello reluciente. Las monjas nos dan todas las facilidades del mundo.
Los conventos hoy día no tienen medios para poder mantenerse. La media de edad es de 70 años, no tienen fuerzas, ni vitalidad, ni recursos. La ayuda oficial de la Junta no puede atender y tenemos que ser otro tipo de instituciones las que echemos una mano en la medida de nuestras posibilidades. Nuestros alumnos son muy solidarios y concienciados de lo que es el patrimonio histórico artístico y están dispuestos a arreglar cosas prácticamente cobrando los materiales.
                     
– ¿Estudiar Bellas Artes en Sevilla da un sello especial con respecto a otras ciudades?
No lo sé con absoluta certeza. Pero lo que sí te comento es que esta facultad tiene un sello muy personal, diferente a todas las demás que yo conozco. Sevilla es una ciudad de una historia potentísima y eso la gente lo lleva en los genes, marca.  Podemos ver a un chico haciendo una obra abstracta y al lado otro haciendo una calcografía de una imagen de Semana Santa. Esto no ocurre en ningún otro lado, es un signo de identidad. Dos lenguajes en perfecta armonía. Alumnos a los que lo que les interesa es la imaginería religiosa, el mundo cofrade y otros que vienen a hacer las cosas más locas, entre comillas, del mundo contemporáneo. No me imagino en las facultades de Barcelona, Madrid o Valencia un alumno que vaya a aprender a tallar un Eccehomo. Aquí es totalmente normal, signo de la pluralidad que tiene esta facultad. Además de que nosotros en ningún caso hemos querido abandonar nuestras raíces. Quizá otros centros se han sentido acomplejados por el tema académico, porque la academia sufrió una crítica muy fuerte, a mediados del siglo XIX, entendiendo que era una institución retrógrada que limitaba el gusto y la creatividad. Aquí muchos profesores entendemos que el conocimiento de unos buenos procesos técnicos ayuda a la creatividad. Picasso fue Picasso porque al principio sabía perfectamente pintar, grabar o modelar de forma académica. Su padre era académico. Este sello nuestro está reportando que vengan alumnos de todo Europa, los erasmus se quedan alucinados. Lo que ofertamos no se oferta en ninguna parte. Seguimos teniendo dibujo del natural gastando anualmente 340.000 € en modelos para que posen para los alumnos. Eso ya no existe en ningún lado, no es lo mismo estar dibujando una estatua a tener una persona que se está moviendo y tienes que captar en apuntes rápidos. Da una formación y una visión del cuerpo… Ofertamos 240 plaza anuales y tenemos petición por más del doble, lo que no ocurre en ningún sitio.
          
– ¿Cómo está el trabajo para sus alumnos cuando acaban sus estudios?
– Al contrario de lo que la gente pueda pensar, que esto es una fábrica de paro, no es cierto. Vivimos en un mundo que es audiovisual, la imagen tiene un protagonismo absoluto. Informática, publicidad, libros… todo es imagen. Hay muchas posibilidades profesionales. Lo que sí es muy difícil es llegar a ser “artista”. Artista entrecomillas. Ahí son ya intereses de las líneas comerciales, un mercado… Aún así, los grandes premios a nivel nacional los han ganado alumnos de la facultad. BBVA, Paul Ricard… Es un campo profesional importante.
– ¿Qué consejo les da cuando se marchan?
– Lo mismo que les digo el primer día que entran. Que sigan su corazón. Nuestros alumnos no son “normales”, viven siempre en un equilibrio. Están siempre al borde del precipicio. Cuando están dentro los llevamos de la mano para darle seguridad y cuando salen fuera el gran peligro es que se puedan desplomar en cualquier momento. El rechazo del público en personas con muchísima sensibilidad es muy duro. Hay que enseñarles para que sean duros, capaces de aguantar, que sigan su instinto para llegar a su meta. La historia del arte está llena de ejemplos de artistas que no triunfaron y hoy son mundialmente reconocidos.  Deben tener la fuerza mental suficiente para ser capaz de caminar.  En el decanato, en los últimos años, nuestra línea principal de actuación ha sido sacar la facultad al exterior. Antes nadie sabía lo que se hacía entre estas paredes. Hemos inaugurado en esta legislatura una sala de exposiciones en el patio y cada 15 días renovamos. Siempre para nuestros alumnos, salvo excepcines de invitar a algún artista consagrado.
– ¿Hablamos de Las Setas y la Torre Pelli para terminar?
– A mí me gusta mucho. Al principio tenía mis reservas al estar en el centro de la ciudad. Pero al ver los resultados finales me pareció una intervención maravillosa. La gente se ha acostumbrado ya a las Setas y hasta quedan allí, la plaza tiene mucha vida. Y con respecto a la Pelli creo que donde se encuentra, que es fuera del casco histórico, no le molesta a nadie. No podemos cerrar la ciudad a la innovación arquitectónica. Estudié historia del arte y soy muy respetuoso con la arquitectura histórica y creo que hay que protegerla, pero lo que se haga nuevo hay que hacerlo con un lenguaje nuevo. El gran proyecto que perdió Sevilla fue la biblioteca de la Universidad en el Prado de San Sebastián. Era un edificio magnífico de Zaha Hadid, premio Prtizker de Arquitectura.
                          
José María Sánchez habla con pasión mientras abandonamos su despacho y  me enseña el Panteón de los Sevillanos Ilustres, un lugar tan sobrecogedor como bello. Las rimas de Bécquer se leen en el aire. Nuestros pasos atraviesan después la calle Laraña hasta a la casa de Gonzalo Bilbao, donada a la facultad por el ilustre pintor y convertida hoy en anexo de la facultad.
Mi agradecimiento a José María por su generosa entrevista.