Hundida en su vida comercial, Sevilla no sale más fuerte

No cabe duda de que se está inculcando una mentira más del Gobierno, que salta a la vista de todos. No salimos más fuertes de la crisis del coronavirus. Eso no hay quien se lo crea por poco que contemple las calles y centros comerciales, bares y restaurantes de Sevilla. El último dispendio económico de Pedro Sánchez ha sido precisamente permitirse la alegría de contratar una publicidad institucional, el lunes pasado en todos los periódicos españoles, con el eslogan “Salimos más fuertes”. ¿Cuánto ha costado, justo en este momento de amenaza del rescate europeo, una campaña con semejante comedura de coco a los españoles, seguramente encaminada simultáneamente a comprar -a manera de soborno- el silencio de la prensa y doblegarla en sus críticas al Gobierno comunista?

La Fase 2 es inviable, lo impide la economía gravemente lesionada y maltrecha de los sevillanos, destruida en puestos de trabajo a lo largo de un estado de alarma interminable (sospechoso jurídica y constitucionalmente de haber invadido el de excepción), que ha dejado hecho trizas, como perseguía el comunismo, el tejido productivo de la ciudad.

El tono jubiloso con el que se están haciendo creer por la administración y los medios de comunicación el avance de las fases, no tiene nada que ver con la realidad. La población se ha quedado desmarcada económicamente para disfrutar y disponer de sus nuevas posibilidades de recuperación paulatina de la normalidad.

Muchas de las tiendas, la mayoría, siguen cerradas, a pesar de que pudieran abrir. Los bares, lo mismo. Y otro tanto ocurre con restaurantes e incluso con servicios de distinta naturaleza. Ni siquiera están concurridas las administraciones de lotería y juegos de azar. Las grandes superficies están casi vacías, ofreciendo un aspecto desolador de aparente vida lunar. A sus inmensas plantas sólo les faltan los cráteres. Los empleados, sin público apenas al que atender, se agrupan manteniendo conversaciones con tal de matar un tiempo vacío de ocupación, en algunos casos confiándose el previsible temor de que van a ser despedidos o, simplemente, que serán prescindibles para un comercio que está levantando a diario un costoso telón sin que asistan los “espectadores”.

Hasta le Estación de Autobuses de la Plaza de Armas, que comunica la capital con los numerosos municipios del Aljarafe sevillano, está prácticamente vacía, con poquísimas personas esperando a subirse en ese medio de transporte. Es una Estación desierta de autobuses y viajeros, con una periodicidad de horarios inusitada, donde puede leerse que para Tomares sale un autobús a las 17,30 horas, y el siguiente a la 19, 30, dos horas después del anterior. Y al final, esto se ha hecho constar por Sevillainfo, entre uno y otro sólo suben dos personas. Algunas pueden haber esperado esas dos horas y encontrarse que, cuando van a pagar al conductor, no pueden hacerlo en metálico y tienen que buscarse un estanco donde comprar una tarjeta del Consorcio a manera de abono. Como cabe imaginar -y así les sucede- deben apearse del autobúsperderlo y reintentarlo dentro de unas horas para montarseNo hay un cartel que advierta esta circunstancia. Tampoco se cuenta con una dependencia que, dentro de la misma estación, expida de inmediato las tarjetas al objeto de que los usuarios resuelvan allí mismo su problema. El estanco más cercano está en la calle San Eloy. Increíble, si es que en España queda algo por ser increíble.

La fotografía cabecera de estas líneas es absolutamente descriptiva, tomada ayer miércoles por la tarde en la céntrica calle San Eloy, próxima a un cerrado Hotel Colón. Es la imagen de una Sevilla a la que le resulta indiferente que ahora, a más de dos meses del estado de alarma, le venga el Gobierno a contar que “salimos más fuertes”. Es una Sevilla que ofrece aquí el duro reflejo de estar empeñándose para salir de una situación terrible de debilidad, con la respiración asistida de valerse de viejas joyas familiares que la devuelvan a un mínimo respiro económico.

Y más allá de un escaparate que da, como no lo hacen los medios pesebristas, la auténtica crónica triste de Sevilla, los datos son incontestables: Casi el 15% de la población activa ya ha perdido el empleo, acercándose al 40% la parte que espera perderlo en los próximos días.

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