Hasta el año que viene

Nadie puede ser acusado de prevención. Ni siquiera cuando la prevención pueda parecernos exageración.

La de la prevención es una idea flexible según quien la calcule. Y es posible que la suspensión por este año de las cofradías de Sevilla en la calle, termine siendo  -llegado el 5 de abril, Domingo de Ramos- una precaución nada proporcionada a los costes emocionales y económicos que va a causar, que está causando ya, desde el mismo momento de la decisión tomada en acuerdo conjunto por el arzobispo, el alcalde y el presidente del Consejo.

Pero es que hay un hecho indiscutible a día de hoy, 14 de marzo: es que todo el mundo puede llevar razón, que la suspensión sea necesaria o que se ha podido evitar. Sólo cabía quedarse en apostar todas las cartas  -todas, hasta la de las procesiones-  por las vidas de los ciudadanos. ¿Querría Dios otra cosa?

Ni el alcalde ha podido mantenerse en la ilusión y las ganas de liberar a los sevillanos del sacrificio de entregar su Semana Santa a la causa común de batallar todos juntos, sin fisuras, contra una pandemia mortal, inusitada e imprevista para el siglo XXI. Juan Espadas ha tenido que rendirse, en “la decisión más dura” de su cargo, ante la evidencia, que incorporaba en contra de sus esperanzas hasta la declaración nacional del Estado de Alarma. Se le ha venido encima una especie de acoso geográfico que ha invadido hasta su particular territorio sevillano, en el que  -él llevaba razón-  la incidencia del coronavirus no tenía la gravedad de otros lugares, ciudades o países.

Sevilla tendrá que dar otra vez su talla histórica de gran pueblo. Ha pasado desde los mejores presagios con el inolvidable y brillante Vía Crucis del Señor de Los Gitanos , a verse de un tirón, y como si hubiera cruzado a muchos días de antelación por una Semana Santa fantasma y extraña, en el mismo Sábado Santo, pisando de golpe y porrazo la Plaza de San Lorenzo, y como si al filo de la medianoche al entrar La Soledad y despedirse del último paso, se hubiera dicho ya, sin haber conocido 2020: “Hasta el año que viene”.

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