Gran ambiente previo a San Valentín en las calles de Sevilla 

El centro fue ayer sábado un hervidero de gente yendo y viniendo por sus calles, primero para disfrutar de un espléndido día de sol en el más reconocible cielo azul de Sevilla, eso que el compositor Maldonado dio en llamar “un tráiler de primavera”; y segundo, para culminar las compras y regalos de la festividad de San Valentín, en el día de los enamorados. 

San Valentín ha sido hasta el momento uno de los clavos ardiendo a los que agarrarse el comercio de Sevilla, del que van quedando restos últimos del naufragio ocasionado por la pandemia, desde luego, pero también y sobre todo  -ya es vox populi a estas alturas-  por la pésima gestión de unos gobiernos central y autonómicos para afrontar los contagios. 

A estas alturas nadie cree ya en el concepto de “actividades no esenciales”, porque millones de españoles le han dado la vuelta a esa idea equivocada, alegando que siempre es esencial y hasta constitucional el derecho a un trabajo digno, que es esencial mantener a una familia, que es esencial para pagar cada mes los recibos de necesidades básicas como agua, luz, gas, alimentación, colegios, vestido, alquiler, hipotecas, etc.

Las calles y plazas sevillanas mostraban ayer a una población desafiante con el peligro de los contagios, incluido el de las nuevas cepas provenientes de otros países, como Inglaterra. Con mascarillas y guardando las distancias de seguridad o respetando los aforos establecidos para entrar en las tiendas, Sevilla no quiso perderse la posibilidad de disfrute de un día más primaveral que invernal, llenando los veladores (como muestra la imagen tomada en la calle Regina ante la zona trasera de las Setas).

Los comercios defendían su depresión económica, algunos con reclamos desesperados para sobrevivir y no cerrar definitivamente. Era todo un símbolo de tan grave situación la zapatería que en plena calle Sierpes ofrecía la viva imagen representativa de todo el comercio sevillano en general, donde la cosa está de remate por la crisis que atraviesa.

Por este año, San Valentín pareciera haber bajado desde las nubes de sus cupidos para darle alas no sólo a los enamorados, sino a una ciudad que se esfuerza por volver a su naturaleza original antes de la pandemia. Sevilla tiene que ser en las dos cruces que tiene clavadas en el monte del olvido. 

Fotografías de Beatriz Galiano

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