Fracasa en Sevilla la manifestación en apoyo del rapero Hasel 

La convocatoria en apoyo y petición de la libertad del rapero Hasel apenas si ha congregado, aparte de los escasos convocantes, a una decena de personas. 

Con los dedos de una mano se podían contar las personas que hicieron acto de presencia en la manifestación convocada para pedir la libertad del rapero Hasel, condenado a prisión por un delito de enaltecimiento del terrorismo. 

En Sevilla nadie se ha tragado que lo que se reivindique sea la libertad de expresión. La ciudadanía  -queda de manifiesto en su nula respuesta-  ha dado la espalda a un condenado a prisión por cometer, según decisión judicial, un delito de enaltecimiento del terrorismo. 

Los escasos manifestantes se encaramaron en la escalinata central de las Setas, en la Plaza de la Encarnación, pero por más que quisieron hacerse ver en alto y gritar sus consignas valiéndose de megáfonos para difundir lo más en alta voz que pudieron, los cientos de personas que transitaban la zona disfrutando de la calle al comienzo del puente de Andalucía, pasaban olímpicamente de adherirse a la causa del rapero Hasel.

Había más policías que manifestantes, no sólo más policías sino numerosos  furgones que, en previsión de los resultados de la convocatoria, más que actuar vigilaban y observaban el desarrollo de una escuálida manifestación que sólo sentía el vacío y la indiferencia de la ciudadanía, que los miraba al paso pero seguía a sus cosas y paseos.

Quedaba patente que esto es Sevilla, no otra parte. Y era indudable que la ciudad volvía a ser, como en otras ocasiones tuvo que serlo, implacable con todo lo relacionado con el terrorismo. Como cuando próxima la Expo del 92 se descubrió la intención de hacer estallar con explosivos el garaje subterráneo que emplean generalmente los clientes de El Corte Inglés bajo la céntrica Plaza de la Concordia, muy cerca del Colegio de las Esclavas, del que en su día se temió una catástrofe si el atentado llega a perpetrarse y no se llega a ser descubierto a tiempo por las Fuerzas de Seguridad. O como cuando en su consulta fue asesinado por ETA el doctor Muñoz Cariñanos, y la ciudadanía y vecinos de la calle Jesús del Gran Poder (hasta la dueña de una corsetería) persiguieron valientemente a los etarras, facilitando su inmediata detención. O el caso del periodista Carlos Herrera, que se libró de un atentado dentro de un ascensor, pero que llegado el momento de su Pregón de la Semana Santa se atrevió a clamar contra los terroristas de ETA y pedirles que dejaran a Sevilla en paz. 

Todo lo que huela a terrorismo no va con Sevilla, no logra contar con la complicidad ni el encubrimiento de Sevilla. La trola y el pretexto de defender la libertad de expresión no cuela en una ciudad que ha dado sobradas y contundentes muestras de combatir el terrorismo y, por supuesto como en el caso de Hasel, rechazar de plano su enaltecimiento y cualquier clase de apología.




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