Évora le dibuja el funeral más bello a Magallanes en una noche inolvidable

Una noche inolvidable, un epitafio sonoro impreso sobre el atardecer infinito de Sanlúcar… Música de réquiem para la memoria de un soñador que trazó la aventura primera que circunnavegó el planeta y dotó a la Historia de un punto de apoyo que cambió para siempre las fantasías del ser humano…

Ante más de 3.000 asistentes, así fue el estreno de “Magallanes. Requiem, in memoriam”, la obra compuesta por el talento de José Miguel Évora para rendir más que homenaje oración al capitán inicial de aquella hazaña.

Évora, un sabio acunado por los sones lejanos de su estirpe sureña, atlántica, estrenó anoche, junto a las playas de donde partieron los héroes, la oración fúnebre que jamás le rindieron al capitán que concibió y dirigió la primera mitad de la epopeya y que en su testamento dejó encargadas treinta misas que nunca se rindieron por su alma.

Anoche, Évora, herido aún por la tristeza inexcusable de la pérdida más cercana, saldó la deuda testamentaria contraída con Magallanes. Las cuerdas y los vientos (como si de los aparejos de una nave se trataran), los cellos y los violines de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, trazando sobre la noche sanluqueña un sudario de velos mecidos por la brisa en las voces de la soprano Tania Lorenzo y en el cante viejo, atravesado y auténtico, de Manuel Moreno El Pele, cosidas ambas a las del coro Carlos V de la ciudad de Granada para elevar una capilla, un altar sobre la playa, en memoria del hombre trascendental que dejó su vida en algún lugar remoto entre infieles, su cuerpo olvidado en un punto ignoto de los mares del sur, ajeno a que su apuesta y su esfuerzo desembocarían en una de las mayores gestas concebidas por el hombre, pero permitiendo con ello completar el prodigio de aquel periplo germinal.

El genio sinfónico y a la vez flamenco de Évora incrustado en el alma del explorador para saldar nuestras deudas, así como nosotros saldamos las de nuestros deudores, rindiendo homenaje y oración, esquela y epitafio, memoria y belleza al capitán de lo inhóspito, al regidor de lo incierto, de lo insólito, de lo inesperado…

“Te llamarán traidor los traidores…”, desgranaba la voz de Carlos Herrera y martilleaba la voz de El Pele sobre las estrellas…

Stefan Zweig cerró su biografía mágica sobre Magallanes con una especie de lápida que nunca tuvo el luso-español:

“Pero tan torpe desdicha sólo puede quitarle la vida, no la Victoria; porque, estando ya coronada su empresa, después de un logro tan por encima de los demás, su destino individual es casi indiferente. Nadie sabe lo que hicieron aquellos míseros salvajes con el cuerpo Magallanes , a qué elemento dieron su parte mortal. Ningún testigo, ningún rastro de su tumba. Todo vestigio de aquel hombre que arrebató al océano infinito su último secreto desapareció en el misterio de lo desconocido”.

El réquiem por Magallanes de Évora debiera valer por las treinta misas nunca rendidas de su testamento a lo largo de 500 años.

 

 




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1 Comment

  1. ERC dice:

    Grandes!!!
    (es Manuel MORENO Maya ‘el Pele’)

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