Estación de Plaza de Armas, desesperación de los usuarios 
Ni sombra de lo que fue desde 1992 

La nueva normalidad ha dejado irreconocible a la Estación de Autobuses Plaza de Armas, ofreciendo un aspecto desértico a los escasos usuarios que le quedan, hartos de encontrarse con la escasez de autobuses visibles, las increíbles limitaciones de horarios de sus líneas, con servicios que se prestan prácticamente de hora en hora. 

Ya no presenta el dinámico funcionamiento de otros tiempos, antes de la pandemia, con la entrada y salida constante de autobuses llevando y trayendo viajeros al Aljarafe. Apenas tiene que ver con la Estación que fuera inaugurada el 31 de marzo de 1992, el gran año de la Exposición Universal, instalándose en una enorme superficie de 43 andenes que vino a sustituir a las modestas y contadas paradas junto a los arcos del viejo Mercado de Entradores, desde donde se salía destino a La Pañoleta, Camas, Coca de la Piñera, Tomares, Castilleja de la Cuesta, Gines, Espartinas, Villanueva del Ariscal o Sanlúcar La Mayor. 

Antes de la pandemia que ha debilitado notablemente el vigor de la actividad incesante de la Estación Plaza de Armas, se contabilizaban diariamente más de 1.500 viajes entre idas y vueltas, realizados por los conductores de las 20 empresas encargadas de distribuirse los recorridos desde Sevilla a muchos de sus pueblos (36 localidades coordinadas por el Consorcio de Transporte Metropolitano del Área de Sevilla ), e incluso a muchos onubenses, incluyendo sus playas, además de trayectos regionales, nacionales e internacionales. Los usuarios se contaban nada menos que por 17.000 diarios. Pero en la actualidad no queda en pie la mínima idea de un funcionamiento tan notable, organizado y puntual. 

Fue una Orden de la Consejería de Obras Públicas y Vivienda,  de 16 de abril de 2010, la que facultó al Consorcio de Transporte Metropolitano del Área de Sevilla para gestionar la Estación de Autobuses de Plaza de Armas, subrogándose en las competencias de la Junta de Andalucía. Sin embargo, la llegada de la pandemia, el estado de alarma y su consiguiente y largamente prorrogado confinamiento domiciliario, además de los sucesivos cierres perimetrales decretados por el Gobierno andaluz, han ido reduciendo las posibilidades del fin original de la popular Estación, dejándola abocada a incomodidades e inconvenientes que no contribuyen precisamente a priorizar el transporte público sobre el vehículo privado, como tanto fomentan las políticas verdes. 

En la actualidad, los pocos usuarios se encuentran desde hace muchos meses con un inmenso hangar desolado y casi vacío de autobuses, con los bancos libres sin apenas gente que espere emprender su viaje, y unos paneles de información que desmoralizan al encontrar anuncios de salidas de autobuses que se señalan por periodos de hora en hora. Incluso durante la inicial etapa de la pandemia tras el confinamiento domiciliario, no se podía pagar en metálico (ahora por fin sí), siendo el bono previamente adquirido en estancos el único modo admisible para acceder a los autobuses. De esta forma se causaba un gran perjuicio de pérdida de tiempo, además de una desagradable sorpresa, a los usuarios que habiendo esperado a veces una hora la salida de un autobús, descubrían que finalmente no podían viajar por ignorar la exigencia de un bono. Lamentable. Vergonzoso.  

La zona sótano de la Estación, donde aparcan los autobuses, no cuenta además con una vigilancia visible y presencial de personal de seguridad  para los viajeros, habiéndose dado hasta el caso de un cierto temor entre los presentes cuando no hace mucho algunas de las personas que aguardaban la salida de su autobús, contemplaron ante sus narices que un hombre corpulento y de color se arrodillaba en uno de los andenes próximos y alzaba las manos meditando y pronunciando una extraña oración, abandonando varias personas de inmediato la Estación tan pronto como se percataron de aquella actitud nada tranquilizadora para los tiempos de atentados que corren. 

Muchos quieren volver a reencontrarse con la Estación de siempre, la que llegó a punto de los fastos de 1992. Esperan que la supresión del estado de alarma el próximo domingo 9 de mayo rehabilite obligatoriamente y en cumplimiento de los acuerdos de cesión gran parte de la normalidad. A tenor de lo previsto por la Fiscalía General (que no actuará de oficio),  podría ser desde entonces denunciable judicialmente el funcionamiento bajo mínimos de la Estación Plaza de Armas. Al menos la Junta no tendrá el poder decisorio unilateral para dictar restricciones inmediatas sin la autorización de los magistrados, apoyadas en datos sanitarios. Parece mentira que con estas circunstancias en contra de los usuarios siga el empeño de los poderes públicos por criminalizar al vehículo privado y promover el uso de los transportes públicos. 

Fotografías de Beatriz Galiano

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