España pendiente de Inés Arrimadas, una brillante carrera política de muchos años hundida en quince días

Los últimos sondeos de estos días, los más recientes publicados por diversos medios, le auguran un próximo desastre electoral aún mayor que el padecido por el liderazgo de Albert Rivera, que tuvo que irse por la puerta de atrás de la dimisión. De los diez escaños que Ciudadanos posee actualmente en el Parlamento, Inés Arrimadas puede reducirlos a la mitad, si es que no hace empeorar aún más la situación de su partido, al que se supone que iba a rehabilitar de su descalabro. Pero el apoyo dado a Pedro Sánchez para que prorrogara por cuarta vez el estado de alarma parece que será imperdonable por parte de su militancia.

Su prestigio se ha venido abajo de una manera fulminante, la que Inés Arrimadas ha provocado  -con un grave error de cálculo e inexperiencia en reacciones de los españoles–  apoyando al Gobierno comunista de Pedro Sánchez en la última prórroga del estado de alarma. Para hacerlo llegó argumentando el interés general, pero los españoles no la han creído a estas alturas del totalitarismo ejercido por el Gobierno. Los españoles  -no hay más que leer las redes y los miles de mensajes mostrando una enorme e inesperada decepción con Arrimadas–  no se han tragado que ese sea el móvil sincero y cierto que haya justificado respaldar a un político patológicamente embustero y dictatorial, que ya incluso está burlando los compromisos adquiridos con Arrimadas a cambio de apoyarlo en la cuarta prórroga del estado de alarma. Sánchez, que acordó tenerla informada sobre sus planes y mantener un contacto semanal, ni siquiera le ha consultado que persigue una prórroga nada menos que de un mes.

En opinión de muchos y destacados observadores políticosInés Arrimadas ha elegido muy mal la oportunidad de cobrar relevancia  (desde su humilde papel al que la ciñen los escuálidos 10 escaños del Parlamento) precisamente pretendiendo un dúo político de salvación nacional con alguien como Sánchez, un dictador manifiesto que se cae por días a pedazos ante la opinión pública. También en las últimas encuestas de esta semana ha habido reparto para él, pues los resultados suman una fuga  -por ahora, sólo por ahora-  de más de 800.000 votos al PSOE.

Pero lo que todo el mundo está viendo de Inés Arrimadas, no sabe verlo ella misma, reincidente equivocada en la forma de reparar su protagonismo de otro tiempo. A pesar de lo que se está publicando, y por mucho que la informen de cuanto se comenta y lamenta a sus espaldas, persiste en una idea que en absoluto conecta con su electorado ni con la consideración y respeto que siempre ha recibido de la gente. Algunos en su partido, aunque pidiendo el anonimato, no entienden “esta política de avestruz que está llevando a cabo simpatizando con Sánchez, siendo su cómplice para mantener a los españoles confinados y sin derecho al ejercicio de sus libertades constitucionales. Es como si quisiera esconder la cabeza a la realidad, a la animadversión que está generando en su militancia, a la manía que se le está cogiendo. Mucha gente la siente ya como “inaguantable en una arrogancia incomprensible”.

Otros afirman que “no ve ya más allá de un guión que se ha trazado, pero una gran ficción que en nada tiene los pies en el suelo”.

Y a decir verdad ha hecho declaraciones de un asombroso espejismo, como afirmar que no hay partido en la oposición más útil que Ciudadanos. Hasta para gran parte de sus militantes,  Arrimadas cree unas cosas que provocan hilaridad, se ha hecho absolutista.

Si encima se mantiene inmóvil en lo que algunos califican de “autoengaños”, tiene los días contados, como los tuvo Rivera, especialista en tibiezas y ambigüedades como ahora Arrimadas, que se diría vive en un mundo políticamente iluso, el que le permite creerse que “el partido está renovado, fuerte”.

El primero que sabe que todo eso no es cierto ni de lejos es Pedro Sánchez. La ha dejado hablar, para después engañarla con la promesa de un plan B, que en ningún caso interesa a un dictador aferrado al estado de alarma para hacer y deshacer cómodamente lo que le venga en gana con la democracia española. No hay plan B, claro. Quiere sacarle ahora una prórroga de un mes.

El país está pendiente de la decisión de Arrimadas, porque esa decisión a favor de Sánchez puede lesionar aún más el interés general, por más que ella se haya hecho con la patente de su defensa. Pero si este protagonismo, este foco que ahora la alumbra momentáneamente no la sigue por una dirección opuesta a las trampas y coartadas de un Sánchez que la está utilizando a la vista de todos, Inés Arrimadas terminará asumiendo dolorosamente que su sitio no era el que creyóPor más que repita que se va a centrar en los españoles, los españoles no la creen si tal propósito pasa por apoyar más estados de alarma de dudosa constitucionalidad. En todo caso, la están despreciando en las redes como cooperadora política necesaria del secuestro de la democracia y la falta de libertades de esos españoles por los que tanto y publicitariamente aboga.

Inés Arrimadas debería saber con urgente y extraordinaria necesidad, como en los decretos, que todo lo que toca Sánchez acaba podrido y amenaza ruina. Desde luego estará informada  -cómo no habría de estarlo-  de que las encuestas le están avisando de la preparación de su factura electoral y su desprestigio popular. La gente sintetiza siempre en refranes: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. Aparte, queda una memoria indeleble para quien alegando defender los intereses de los españoles, el pueblo siente todo lo contrario.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *