Ensayos de costaleros

Los entrenamientos de las cuadrillas de costaleros han entrado en “colisión” con la circulación de vehículos. La práctica reciente de ensayar con las parihuelas a cualquier hora del día -incluso por las mañanas-, abandonando la costumbre seguida hasta ahora de hacerlo por las noches, avanzando incluso hasta el comienzo de las madrugadas, ha originado las quejas de los conductores, que sufren la sorpresa de tener que soportar el imprevisto de encontrarse de pronto con un paso que les dificulta o corta el recorrido por la vía pública.

El Ayuntamiento ha pedido a las cuadrillas de las hermandades que entrenen a partir de las 21 horas. Parece de momento no una norma imperativa de obligado cumplimiento, sino una forma cortés y solícita de intentar establecer una convivencia necesaria entre los derechos de unos y otros para usar las calles. Y dicho sea “de paso”, la reacción del Ayuntamiento resulta bastante generosa para las cofradías, si se tiene en cuenta que a las nueve de la noche siguen transitando miles de coches condicionados por los centros comerciales que aún no han cerrado sus puertas, o simplemente hay gente que acaba de salir de sus trabajos y desea llegar a su casa cuanto antes para descansar.

No cabe duda de que la lógica y el sentido común regularon durante años, sin necesidad de ordenanzas explícitas, una convivencia de movimientos que ahora requiere la intervención de la autoridad y la aclaración de medidas para no lesionar derechos, sobre todo los que priman en un Estado aconfesional, que debe proteger a la ciudadanía en general de los abusos de quienes profesan un credo determinado.

La Semana Santa de Sevilla, a la que reconocemos toda legitimidad e importancia en la vida de la ciudad ( y es tratada por Sevillainfo con la especial relevancia que merece), ha de corregir sin embargo los supuestos concretos de su hipertrofia,el aumento de tamaño que debiera tratar adecuadamente para recuperar su naturaleza auténtica, en la que cabe la prioridad cristiana y evangélica del respeto a los demás.

Se da ya por sentado que muchos quieren vivir la Semana Santa todo el año, extendiéndola a cualquier época, incluso en Navidad. Hay que atreverse a decirlo con claridad: tienen “mono” de la Semana Santa y necesitan calmarlo a costa de sacar pasos como sea. Algunos ensayos de costaleros se están llevando a cabo a plena luz del día, dificultando el tráfico ordinario de la ciudad que es, en tantos casos, el tráfico en el que están inmersos los que necesitan sus vehículos para trabajar y cumplir puntualmente con sus obligaciones laborales. La gente “de abajo”, el mundo del costal, ha de reconocer que se está equivocando, que está confundiendo entrenar con procesionar. Es tan básico como saber algo muy viejo: que cada cosa tiene su momento.

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