El viaje a ninguna parte: se hunde el turismo por culpa de los políticos 

Según los ciudadanos, los políticos, como casi siempre, no se enteran de la realidad. Tienen la vida resuelta  -sus sueldazos, sus dietas de alquiler y de todo tipo-  como para saber qué le pasa al resto de los mortales. Hay ya un “funcionariado político” férreo y blindado que despreocupa a los gobernantes, a sus ministros o a sus consejeros, altos cargos, etc.  sobre los calvarios y necesidades personales de la gente. Ahora también ignoran las razones fundamentales de la caída del turismo, muy próxima a su desaparición si los gobiernos siguen ciegos desde sus totalitarismos, como el de imponer públicamente las mascarillas. Tanto es así que el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) ha tenido que poner el grito en el cielo convocando urgentemente a los Jefes de Estado del Grupo de los 7, añadiendo además a España, Corea del Sur y Australia: les pide ponerse de acuerdo para salvar al turismo y, en gran medida por eso, a la economía mundial. 

España, cómo no, en las manos de un Gobierno sin rumbo, que de tener pilotos en vez de ministros  haría estrellarse a los aviones, ha salido la primera para ofrecerse a liderar la iniciativa del WTTC. España ilusa, una vez más, Manolita la primera, según la opinión pública.

La presidenta del WTTC, Gloria Guevara, ha hablado en representación de un sector que ya ha perdido ¡más de 120 millones de puestos de trabajo!, que ya son desempleados y, en expresión de la presidenta, “vidas afectadas” en aerolíneas, aeropuertos, hoteles, operadores turísticos y agencias de viajes.

Por medio de una carta firmada por los más cualificados representantes del turismo en todo el mundo, Guevara reclama la coordinación de los jefes de Estado de diez naciones de relieve. 

Pero según la ciudadanía, la gente de la calle que ya se está manifestando por redes en contra de ese documento presuntamente salvífico para el turismo, estima que las peticiones de la presidenta no lograrán su objetivo, porque una de sus exigencias  es el uso obligatorio de las mascarillas, que está movilizando en contra de llevarlas a miles de ciudadanos: “No queremos hacer viajes light. ¿A quién le cabe en la cabeza que vamos a viajar bajo mínimos, teniendo que soportar mascarillas, trayéndonos fotos de recuerdo con ellas puestas? Es como gastarnos el dinero en hacer viajes de segunda o tercera clase, sin disfrutar las ciudades al máximo de sus posibilidades, con restricciones todo el día y por todas partes. Nos quedamos en casa hasta que vuelva la vida normal. No estamos dispuestos a viajar en la “nueva normalidad”. No vamos a tirar nuestro dinero, no vamos a viajar soportando incomodidades y amenazados de pagar multas”. 

Otra de las medidas solicitadas por la presidenta del WTTC es que los viajeros se sometan a pruebas rápidas antes de partir, que garanticen gozar de buena salud. Pero son propuestas que combaten desde las redes: “No nos van a complicar la vida. Aplazaremos toda intención de viajar en plan vacaciones y por placer hasta que los gobiernos nos dejen en paz con sus normas dictatoriales, que pueden involucrarnos en un final angustioso para nuestros viajes, retenidos por ejemplo en un país, en cuarentena, sin poder salir de allí. De morirte. Lo tenemos claro: o viajar como siempre se viajó, o no viajamos, al menos mi familia y yo; pero sé que muchos, muchísimos, piensan lo mismo”.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha sido el primero en apuntarse, pero para los españoles en general Sánchez no es ninguna garantía de veracidad y cumplimiento de sus compromisos, una desconfianza de todos que se extiende a las ministras que ha designado para encabezar desde España los afanes urgentes y extremos del WTTC: la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, y a la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Arancha González. Papel mojado para los ciudadanos.




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